Un ente nacional ayudará a cuidar la “escuelita de Sarmiento”

2 de julio de 2024

El área de Monumentos, Lugares y Bienes Históricos asesorará a la Municipalidad de San Francisco sobre cómo resguardar el rancho donde el sanjuanino dio clases por primera vez.

“Algunos rastros han debido quedar en San Francisco del Monte de nuestra residencia allí”, escribía Domingo Faustino Sarmiento en 1850, en “Recuerdos de provincia”, cuando evocaba su vida adolescente en la localidad puntana donde fundó su primera escuela, el acto iniciático de la misión de educador que lo llevó a ser considerado “el padre del aula”. En efecto, algunos rastros quedan: allí está el rancho de barro y techo de paja donde a principios del siglo XIX, con solo 15 años, empezó a enseñar. Y para preservarlos mejor, la Comisión Nacional de Monumentos, Lugares y Bienes Históricos va a asesorar a la Municipalidad de San Francisco.

Días atrás la presidenta de la comisión nacional, Mónica Capano, se reunió con el intendente de la localidad, Sandro Flores. Luego, el jefe comunal difundió a través de sus redes sociales el pedido de asesoramiento: “Buscamos el conocimiento experto de la Comisión para presentar un proyecto bien fundamentado que permita la puesta en valor de este invaluable patrimonio histórico”, dijo.

En el municipio analizan la incorporación de nuevos servicios “que no solo mantendrán el edificio en óptimas condiciones, sino que también mejorarán la experiencia de los visitantes” y enriquecerán su conocimiento sobre la historia de Sarmiento y el pueblo, a 110 kilómetros al norte de la ciudad de San Luis.

Sarmiento, nacido en 1811, llegó a San Francisco en 1826, acompañando a su tío, el presbítero José de Oro, desterrado a tierras puntanas por problemas políticos en San Juan. “Después de la batalla de las Leñas en que los suyos fueron vencidos, don José de Oro emigró a San Luis, y fui yo a poco a reunírmele abandonando la carrera de ingeniero que había participado”, recordaba el prócer, que llegaría a ser presidente de la Nación.

Y en primera persona relata el comienzo de su obra educativa: “Fundamos una escuela, a que asistían dos niñitos Camargos de edad de veinte y dos y de veinte y tres años, y a otro discípulo fue preciso sacarlo de la escuela porque se había obstinado en casarse con una muchacha lindísima y blanca, a quien yo enseñaba el deletreo”. También demuestra, sin titubeos, que ya entonces tenía esa personalidad belicosa por la que sería tan conocido: “El maestro era yo, el menor de todos pues tenía quince años; pero hacían dos por lo menos a que era hombre, por la formación del carácter y ay! del domador de aquellos, que hubiese osado salirse de los términos de discípulo a maestro, a pretesto de que tenía unos puños como perro de presa!” En “Recuerdos de provincia” expresa otras memorias invaluables: “La capilla estaba sola en medio del campo como acontece en las campañas de Córdova y San Luis. Yo tracé, pues, que tenía unos tres meses de injeniero, el plano de una villa, cuya plaza hicimos triangular para darnos buena maña con la escasa tela; delineose una calle en cuyo costado trabajó un señor Maximiliano Gatica, si no fue olvido”. “Demolimos -sigue- el frente de la Iglesia que había pulverizado un rayo, y construimos un primer piso de una torre, y coro, compuesto de pilares robustos de algarrobos coronado de un garabato natural encontrado en los bosques que describía tres curbas, la del centro más elevada que las otras, en la cual tallé yo en grandes letras de molde, esta inscripción: San Francisco del Monte de Oro 1826”.

“¡Por qué rara combinación de circunstancias mi primer paso en la vida era levantar una escuela, y trazar una población”, manifestaba el educador en sus “Recuerdos…”. San Francisco ostenta el orgullo de haber sido el lugar donde empezó su misión y conserva esos rastros, que la Comisión Nacional de Monumentos, Lugares y Bienes Históricos ayudará a resguardar para la posteridad.

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