Con Adorni en tiempo de descuento, la oposición se ilusiona

13 de abril de 2026
El propio Jefe de Gabinete de Ministros, Manuel Adorni, sumó descrédito a la imagen del gobierno.

Jaime Rosemberg – Especial para Todo Un País

“ Se tiene que ir, aunque no lo dejen. Cada día que pasa es peor”. La frase sale de boca de un ex funcionario del gobierno de Javier Milei, preocupado –como todos dentro y fuera de la Casa Rosadapor la onda expansiva que la “bomba” Adorni va dejando a su paso, con esquirlas que día a día siguen afectando la imagen –y el futuro- de los libertarios en el poder.

Un mes atrás, la foto del jefe de gabinete y su mujer, Bettina Angeletti, compungidos en el hall dónde se halla la tumba del rebe de Lubavitch en Nueva York, inició la debacle personal y política del jefe de gabinete, quien de principal gestor del Gobierno y promesa electoral para ganar la ciudad de Buenos Aires en 2027 pasó a ser un lastre del que nadie se quiere hacer cargo. Nadie, excepto Javier y Karina Milei, que siguen con la decisión de no entregárselo a la oposición, aunque el argumento de que todo se trataba de “operaciones de prensa” fue perdiendo fuerza hasta disolverse.

La cuenta regresiva hacia la despedida parece haber comenzado. “Los jueces saben que todos están mirando hacia allí. No pueden hacer otra cosa”, reflexionan en el Gobierno, atentos a la inusual celeridad que el juez federal Ariel Lijo y el fiscal Gerardo Pollicita le están imprimiendo a la investigación del patrimonio de Adorni y su mujer, difícil de explicar bajo cualquier punto de vista.

El viaje a Punta del Este en jet privado, el departamento en el barrio porteño de Caballito y la casa en el country Indio Cuá, en las afueras de Buenos Aires, conforman un cúmulo de dudas y sospechas de enriquecimiento ilícito que la escribana Nechevenko, a cargo de las operaciones inmobiliarias de Adorni y convertida en una celebridad antes y después de sus declaraciones en los tribunales de Comodoro Py, no ayudó a despejar. “¿Y si aparecen 500 lucas verdes en su caja de seguridad? Game over” anticipa otro amigo de los hermanos en el poder nacional, convencido de que, a pesar de la resistencia de los Milei, Adorni debería dar un paso al costado, antes que Lijo y Pollicita, que ordenaron en las últimas horas investigar los movimientos financieros de la pareja, lleguen a algún lugar aún más comprometido. ¿Hay reemplazos? No por ahora. “Si hubiera alguien, ya lo hubiesen reemplazado”, definen, lapidarios, cerca del binomio del poder nacional.

Las encuestas y sondeos digitales son igualmente concluyentes: ni las a c u s a c i o n e s contra periodistas “infiltrados” por el Kremlin, ni la aprobación de la ley de Glaciares ni el (ya) lejano y millonario acuerdo por YPF hacen mella en la estrategia para incluir temas en la agenda pública que diluyan el escándalo en torno al jefe de gabinete. Los ministros del gabinete lucen incómodos en sus fotos junto a Adorni, como las que se sacaron esta semana Carlos Presti (Defensa) o Mario Lugones (Salud), y ni hablar de la tropa digital que encabeza Santiago Caputo, reticente a seguir defendiendo a un “hombre de Karina”, una creación política de El Jefe, que ahora deberá barajar y dar de nuevo en la política porteña.

El Waterloo de Adorni deja en el centro de la cancha de la ciudad a Patricia Bullrich, ex ministra y hoy jefa de los senadores libertarios. Pero la desconfianza de Karina Milei por su pasado de saltos políticos hacen inviable una postulación, salvo que la necesidad, a la hora de las definiciones, convierta esa opción en la única posible. El jefe de gobierno Jorge Macri, que ya anunció su intención de ir por la reelección, se frota las manos ante el nuevo escenario, si bien un lento mejoramiento en la gestión macrista, y el por ahora frío apoyo de su primo Mauricio Macri, no alcanzan para ubicarlo en situación de paridad con la “marca” Milei en la ciudad. El “renacimiento” de Macri, entusiasmado con pelear el voto de los desencantados con Milei, sirve de base para que distintos actores del macrismo se animen a plantarle bandera a los libertarios.

Un ejemplo: el ex funcionario nacional libertario Sergio Iacovino ya plantea abiertamente, desde Pro, la necesidad de competir contra Diego Valenzuela, intendente “violeta” del populoso municipio bonaerense de Tres de Febrero en 2027. Y no es, por cierto, el único caso.

Las desventuras de Adorni también ilusionan al kirchnerismo. El gobernador bonaerense Axel Kicillof continuó esta semana con su mezcla de gestión y campaña, con actos públicos y encuentros privados. La foto con los ex macristas Emilio Monzó y Nicolás Massot hizo mucho ruido político, aunque cerca de estos últimos aclaran que “somos cosas diferentes” y descartan por el momento sumar fuerzas. Para Kicillof, el enemigo principal sigue estando adentro: con Sergio Massa mirando el panorama (en junio saldría a jugar fuerte, dicen a su lado), los leales a la ex presidenta Cristina Kirchner prometen darle batalla. La candidatura a gobernador bonaerense pasa a ser central en un eventual acuerdo, y si bien Kicillof parece tener sus candidatos (el ministro de Infraestructura, Gabriel Katopodis, o el intendente de La Plata, Julio Alak), Cristina apuesta a la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, quien podría quedarse con esa postulación si la ex presidenta aceptara que Kicillof fuese el mejor candidato posible para enfrentar a los Milei en 2027.

Ajeno a estos menesteres, el Presidente sigue con “su” agenda geopolítica. En una semana, si la guerra en Medio Oriente no se lo impide, partirá hacia Israel para celebrar el aniversario número 78 del Estado hebreo, al que también ha sido invitado Donald Trump. La anunciada mudanza de la embajada argentina, de Tel Aviv a Jerusalén, podría postergarse esta vez, atentos al clima de tensión constante en la región. Pero el alineamiento con Trump y el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu no se toca, y rige una política exterior que pone a la Argentina (para bien o para mal) en el centro de las discusiones que hoy atraviesan al poder mundial.

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