Travesía bajo cero: Buceo bajo hielo en el Salto del Tigre

Un equipo de buzos nadó en las aguas heladas de la cascada ubicada a mil metros de altura en los Comechingones. Documentaron la expedición y destacaron que la actividad puede convertirse en otro atractivo turístico para la región.
6 de julio de 2025

Un equipo de cinco buzos realizó una expedición al Salto del Tigre, una cascada ubicada a más de mil metros de altura en la zona de Merlo, para realizar una inmersión bajo el hielo. “Creo que es la primera vez que se hace algo así, y probablemente la única”, cuenta Juan Dorado, quien además de formar parte del equipo, es documentalista y filmó toda la experiencia.

“Salimos el miércoles a la mañana desde Merlo. Cargamos los equipos de buceo —que son bastante pesados— en los caballos, y bajamos caminando con las mochilas. La idea era acortar los tiempos porque en invierno hay pocas horas de luz y mucho frío”, explica Juan, integrante junto a Sebastián Ruff de Ruff Diving, una escuela de buceo con sede en Buenos Aires que desde hace dos años tiene una operadora activa en el dique Piscu Yaco, en Cortaderas.

“La expedición se empezó a planear en verano. Algunos buzos tuvieron que hacer el curso específico de buceo bajo hielo. También organizamos traslados, hospedaje, caballos… todo eso lleva tiempo.” En total participaron cinco buzos y un guía de montaña. Fue una travesía exigente. Juan lo resume así: “En el agua entran de a dos, atados a un cabo de guía. Afuera hay un buzo sosteniendo la cuerda y otros dos en alerta por si hay una emergencia. El frío puede afectar los equipos, incluso se nos congelaron algunos y hubo que salir de urgencia”.

No se trata solo de una actividad riesgosa en un entorno remoto: el factor tiempo fue clave. Aunque la planificación comenzó meses atrás, “uno depende pura y exclusivamente de lo que sucede con el clima”, dice Juan. La ola polar del fin de semana anterior congeló el Salto del Tigre y eso dejó apenas una ventana de días para concretar la inmersión. A esto se sumaron temperaturas extremas y la dificultad de acceso: la olla de agua tenía una capa de hielo de 10 centímetros de espesor.

“La primera idea fue hacer un rapel táctico desde arriba, con el buzo ya equipado. Bajamos una pared de 30 metros con el equipo puesto. Es rarísimo ver un buzo con equipo completo haciendo rapel. Creo que es la primera vez que se hace algo así, y probablemente la única”, cuenta entre risas. Pero el descenso no fue sencillo: “La pared estaba congelada. El hielo era tan duro que el buzo iba golpeando con los pies y no se rompía. Con el peso del equipo, es muy difícil agarrarse a la pared.”

La expedición fue apenas el inicio de un proyecto más amplio. “Soy documentalista, fotógrafo y buzo. Se me juntan todas las pasiones”, cuenta Juan, quien tomó registro de la experiencia para un mediometraje documental de entre 20 y 30 minutos. “La idea del documental es mostrar esta actividad única: el buceo bajo hielo. No es algo común en Argentina, y mucho menos en San Luis.”

Durante los próximos meses se filmarán entrevistas adicionales. “Vamos a estar hablando con el presidente de la Federación Argentina de Actividades Subacuáticas, con Santiago Trobo, secretario de Turismo de Merlo, con Juan Álvarez Pinto, ministro de Turismo y Cultura de San Luis y, por supuesto, con los miembros del equipo de la expedición”, explica.

Difundir esta práctica poco conocida es uno de los objetivos principales. “¿Por qué no a nivel internacional?”, se pregunta Juan. “Merlo ya es capital del turismo aventura, y esto suma una herramienta más. ¿Quién se imaginaría que en la Sierras de los Comechingones se puede bucear bajo hielo?” El documental se proyectará primero en Merlo y luego en Buenos Aires. También planean subirlo a YouTube y posiblemente a Cine.ar, además de presentarlo en un festival internacional de cine de aventura.

¿Y por qué bucear en la montaña?

La pregunta resulta inevitable. Juan sonríe: sabe que el buceo se asocia generalmente con climas cálidos y fauna marina. Pero el buceo bajo hielo tiene otros fines. “Medimos profundidad exacta por primera vez”, destaca. Hasta entonces, sólo se habían estimado las profundidades. Además de los datos técnicos, hubo momentos insólitos bajo el agua. “El fondo es de cuarzo, blanco, muy limpio. Algunos buzos reportaron una sensación extraña: corrientes cálidas en el fondo, cuando lo normal sería que esté más frío.” También se dieron fenómenos inexplicables: “Llevamos equipos para filmar bajo el agua y algunas tomas que se estaban grabando simplemente no quedaron registradas. Lo mismo pasó con las computadoras de buceo”, relata. “Es creer o reventar”, cierra.

En paralelo, hubo situaciones críticas. “Dos buzos tuvieron que salir de emergencia porque se congelaron los reguladores. El aire no salía, o salía demasiado rápido y se vaciaban los tanques. Hubo que usar agua caliente para descongelar los equipos”.

Aunque los equipos contaban con tratamiento especial para buceo bajo hielo, la exposición prolongada y el frío extremo provocaron fallas: “El agua estaba a uno o dos grados, pero afuera la temperatura era bajo cero. Lo mojado se congela enseguida.”

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