D.M. tiene cinco hijos, frutos de diferentes relaciones. Pero al momento de dar ese número preciso que, de la boca de cualquier padre saldría de manera natural, sin pensarlo, él se equivocó. Dijo cuatro. Recién transcurridos varios segundos se corrigió y le precisó a la jueza Daniela Estrada, presidenta del tribunal de Villa Mercedes que empezó a juzgarlo, que es padre de cinco. Pero eso es un dato menor a esta altura, ante todo si cualquiera ve por qué enfrenta un juicio que podría significarle muchos más años en la cárcel. Está acusado de violar a uno de esos hijos, cuando el chico tenía 14 años. El adolescente contó que todo sucedió dentro del auto del hombre y con un testigo delante de ellos. Un testigo, algo que rara vez o, mejor dicho, casi jamás se da en los delitos de agresiones sexuales. Pero no era cualquier persona quien vio con sus propios ojos las diferentes maneras en las que supuestamente P.M. fue abusado: fue su hermanita de cuatro años. Alguien que el acusado seguro no tuvo en cuenta como espectadora, pues qué puede entender tan inocente criatura de lo que ocurría frente a ella.
Apenas la jueza Estrada y las vocales Virna Eguinoa y Sandra Ehrlich iniciaron la primera audiencia preguntaron si la fiscalía y la defensa habían llegado a un acuerdo. Al parecer, sobrevoló la posibilidad de arribar a una negociación para evitar que la causa avanzara con la instancia del juicio. Pero esa charla no llegó a buen puerto y el hombre, que actualmente tiene 35 años, deberá afrontar el debate oral que podría conducirlo al penal por años si el tribunal lo declara culpable.
El primer día solo realizaron los alegatos de apertura, no declararon testigos ni ventilaron pruebas. El primero en tomar la palabra fue, por supuesto, el acusador. El fiscal Néstor Lucero fue concreto. Recordó someramente que, de acuerdo a su hipótesis, la violación sucedió la noche del 4 de febrero de 2022. Luego de una velada en su casa, el imputado se encargó de acercar en auto hasta su domicilio a una sobrina. Al coche subieron, además, la presunta víctima y la nena de cuatro años. P.M. estaba ubicado en el asiento del acompañante, a la par de su padre, y las otras dos niñas en el lado trasero del rodado.
El funcionario repasó que D.M. dejó a su sobrina en su vivienda y siguió viaje hasta un descampado. «Ahí estacionó. Empezó con tocamientos, luego le introdujo los dedos y lo obligó a que le realizara sexo oral», contó Lucero. Todo lo hizo mientras estaba su hija menor en el asiento de atrás.
El fiscal resaltó que P.M. hoy ya es un adulto y al momento de narrar todo lo que vivió no era un niño, sino un adolescente. «Su relato en Cámara Gesell fue casi una testimonial», de mayor de edad, refirió. Sus palabras coincidieron con lo denunciado por su madre el 14 de febrero de 2022 y también con lo que afirmaron los otros menores de edad, señaló.
Dijo que el testimonio del chico se mantuvo inalterable, natural. También destacó que los profesionales encargados de la Cámara Gesell lo notaron muy angustiado. Por todo eso, el funcionario público adelantó que quedará probado que el acusado fue el autor de un «abuso sexual calificado por ser cometido a un ascendiente».
Seguidamente, la defensora oficial, Rocío Mediavilla, no se guardó nada e intentó echar por tierra la anterior exposición. Aseguró que la acusación se basó en poco y nada, solamente en lo contado por el adolescente y en algunas declaraciones de familiares. Tergiversó la versión del representante del Ministerio Público Fiscal (MPF) al sostener que el abuso, siempre según la teoría del fiscal, sucedió en un auto en movimiento y con maniobras complejas, cuando Lucero fue claro al precisar que el hombre detuvo el coche en un baldío.
Entonces, apuntó sin medias tintas contra la investigación. “Nada de eso fue investigado. No hubo inspección, ni reconstrucción y una Cámara Gesell de ese menor que fue testigo directo del hecho”, indicó. Aunque mencionó que la Cámara Gesell tiene su valor como prueba, argumentó que la acusación no puede basarse solo en ella y mucho menos con una como la que llevaron adelante en este causa. Al respecto, adelantó que cuando exhiban la filmación de esa audiencia escucharán un relato “muy breve, que no dura más de veintiséis minutos, donde hay poco desarrollo, sin profundidad narrativa y sin una posterior evaluación de profesionales”.
La crítica hacia lo que ya exponía como una pobreza total en las averiguaciones de la fiscalía de instrucción no culminó ahí. Remarcó que ningún médico examinó al adolescente, tampoco lo sometieron a una evaluación psicológica integral y ni se molestaron en reconstruir el hecho.
Explicó que los derechos de su defendido fueron vulnerados, puesto que al momento de presentar las pruebas en la audiencia de control de acusación no le permitieron agregar una prueba que, a su entender, es reveladora. Pero anticipó que, a lo largo del juicio, dará a conocer una declaración «contundente» de una expareja de su asistido. Seguidamente, lanzó una frase un tanto ambigua, que pudo dejar sobrevolando dudas sobre su propio representado. «No decimos que sea imposible, sino que nunca fue comprobado”, manifestó.
Después hizo hincapié en un argumento que ya es como su marca registrada: una veredicto no puede basarse en meras interpretaciones. “Solo podemos llegar a una condena cuando en un proceso existe prueba suficiente, objetiva y seria. Nuestro sistema no condena por conjeturas, ni por sospechas, sino que exige una certeza”, fundamentó.
Para Mediavilla el «lo dejo a tu criterio» no debe tener ni espacio porque la acusación de un delito tan delicado, como el abuso sexual a un menor de edad, con una condena social pesada y duradera para toda la vida, debe respaldarse solo con evidencia científica. Cuando está clarísimo que el derecho es una ciencia social y la resolución dependerá lisa y llanamente de lo que consideren Estrada, Eguinoa y Ehrlich. A un margen de que traten de «abstraerse», como dicen algunos abogados, son personas y no robots, que analizan fría, calculada y binariamente como las primeras computadoras que vieron la luz. Las leyes están para ser interpretadas, repetía un profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
El derecho es una ciencia social, no una llamada ciencia dura, como la matemática o la física. El fallo de esta primera instancia estará, como siempre, en poder de tres sujetos diferentes, valga la redundancia, atravesados por la subjetividad que caracteriza a los seres humanos. Las leyes están en la mesa, con un Código Penal compuesto de varios artículos, incisos, situaciones atenuantes y agravantes a tener en cuenta, pero la decisión de inclinarse por uno o por otro su balanza personal la tomarán tres magistradas. Después, siempre el condenado podrá apelar.
Es casi como elegir una frase u otra de la Biblia. Están los que creen en la venganza, en el «ojo por ojo, diente por diente», del Viejo Testamento y otros, muy pocos, que toman el «perdonar 70 veces siete», del que habla el Nuevo Testamento. El lingüista sueco Ferdinand de Saussure fue mucho más claro con su inmortal lema: «el punto de vista crea el objeto». Lo dijo hace 120 años y todavía funciona.