El 30 de diciembre de 2004 una bengala prendida durante el show de Callejeros en el boliche República de Cromañón provocó una tragedia sin precedentes.
El 30 de diciembre, a menos de dos minutos de que haya arrancado el show, un fanático prendió una bengala, algo común en los conciertos, y generó que la media sombra, la cual estaba prohibida al tratarse de una tela de plástico inflamable, comience a prenderse fuego de manera instantánea.
El horror se apoderó del sitio. Había más de 4.500 personas en un espacio habilitado para tan solo 1.031 debido a que estaba catalogado como local de baile clase C. Pese a que el fuego se extinguió solo, el humo negro y denso se expandió por todo el boliche y miles de fanáticos, entre niños y adultos, solo esperaban salir a la calle.
Adentro, el miedo, la desesperación y los gritos eran cada vez más. Muchos de los que lograron salir volvieron a entrar para rescatar a sus amigos, familiares o tan solo ayudar. Un porcentaje de esas personas murieron.
Sin embargo, hay una imagen que a muchos les cuesta olvidar. Los Bomberos, después de estar 10 minutos tratando de abrir una de las puertas de emergencias bloqueadas por los organizadores, lograron destrabar uno de los accesos y los cuerpos de decenas de personas se derrumbaron. Una imagen clara de la corrupción y del abandono.
Días eternos, un Año Nuevo que no fue y una ciudad amparada por la masacre. Las autoridades confirmaron que 194 personas murieron, la mayoría producto de inhalación de monóxido de carbono y ácido de hidrógeno, mientras que otras 1.432 resultaron heridas.