Apuñalaron más de 20 veces al policía retirado y su asesino limpió la sangre de la escena

El cuerpo de Ángel Miguel Quiroga fue hallado seis días después del homicidio. Las pruebas le indican a la fiscalía que Atilio Canciani regresó varias veces a la casa de la víctima para trapear el lugar y borrar cualquier rastro hemático. Aunque no dieron con el arma, el cuchillo lo tomó de una mesa que estaba junto a un asador que hay en la cochera de la vivienda, donde encontraron el cadáver.
26 de abril de 2026
Atilio Rodrigo Canciani durante la audiencia en la que fue imputado por "homicidio en ocasión de robo".

La mente humana puede ser tan calesdocópica como oscura. Tener un pensamiento que, de un instante a otro, conduce a una acción que cambia el curso de la historia de quien la lleva a cabo y a quien o a quienes afecta. Acción y reacción. Causa y consecuencia. La mañana del sábado 11, según la teoría fiscal y también la confesión del propio imputado, Atilio Rodrigo Canciani asesinó a puñaladas a Ángel Miguel Quiroga, un policía federal retirado que residía en el barrio 100 Viviendas de Villa Mercedes.

El acusado, también conocido como “panadero”, no mencionó el grado de violencia que descargó contra la víctima. El fiscal instructor Maximiliano Bazla Cassina, en la audiencia de formulación de cargos, tampoco fue específico. Solo dijo que lo mató con “múltiples” estocadas. Sin embargo, de parte de otra fuente este medio pudo saber que, en una catarata de movimientos sin freno, el vendedor de pan hundió un cuchillo más de 20 veces en el cuerpo del hombre de 66 años.

Las averiguaciones de la fiscalía y el personal del Departamento de Homicidios establecieron que Quiroga y su verdugo no eran desconocidos. Más allá de que el ahora imputado residía con su madre, en el barrio Aviador Origone, en el vecindario de la víctima todos lo conocían como “el panadero”, pues recorría parte de la ciudad con la venta ambulante del panificado.

Pero aparte de eso últimamente, en los primeros días de abril, había hablado con el exmiembro de la fuerza sobre alquilarle la parte trasera de su inmueble. Canciani buscaba dónde vivir y el otro hombre quería poner en renta esa parte de su domicilio. El dato fue confirmado por una prima de quien fue asesinado.

Gracias a tres cámaras de video que tiene la escuela, ubicada frente a la casa de Quiroga, por calle Rafael Cortez, casi esquina Chile, quedó establecido que alrededor de las 10 del sábado 11, el exefectivo salió de su domicilio y regresó al cabo de unos minutos. Había ido a comprar a un comercio y pagado con su tarjeta de débito. La única persona que ingresó a su vivienda después fue Canciani, también llamado por sus amigos “John Wayne” o “Bilardo”.

Según la teoría fiscal, el homicidio ocurrió entre las 12:04 y las 13:27, porque fue esa la franja horaria en la que “el panadero” ingresó y egresó de lo de Quiroga. De acuerdo con lo que relató el imputado, entró para hablar con el policía retirado sobre el alquiler que le interesaba, pero la fiscalía supone que fue por otro motivo: robarle.

El acusado afirmó que, una vez dentro, cuando estaba en la cochera, el otro hombre lo manoseó y luego se le abalanzó. Ante el ataque sexual, sostuvo, él solo trató de defenderse. Peleó y, en esos intentos por quitárselo de encima o detenerlo, avistó un cuchillo. El arma blanca estaba sobre una mesa, al fondo del garaje, al lado de un asador.

“Le produjo lesiones en la espalda y el cuello”, indicó el funcionario público. Las estocadas fueron tan violentas que le perforaron la tráquea. Le provocaron un shock hipovolémico, determinó la forense Alba Pereira. Ese shock no es más que una pérdida de sangre incontrolable que, en un determinado momento, genera un paro cardiorespiratorio, causando la muerte en apenas minutos.

Seguidamente, siempre de acuerdo con la hipótesis fiscal, se apoderó de unos 100 mil pesos, dinero que siempre llevaba consigo la víctima, su celular, un documento personal y una tarjeta de débito y escapó. Pero no se borró de la escena del crimen para siempre, sino que volvió varias veces después para limpiarla.

“Ese mismo día entró a las 17:48 y salió a las 19:20. El lunes (13 de abril) fue otra vez y el martes también ingresó a las 13:09 y salió a las 19:44”, detalló Bazla Cassina. Esas precisiones en los movimientos del imputado las arrojó las grabaciones de las tres cámaras de la escuela que apuntan a lo del policía retirado. La última vez fue el miércoles 15 y permaneció seis horas en el inmueble. Una cámara captó el rostro de Canciani un rato antes, cuando fue a comprar una caja de vino en un negocio situado a media cuadra de lo de Quiroga.

Regresó esas cuatro veces a Rafael Cortez 680 para asear y manipular pruebas. Calculan que apenas cometió el asesinato cubrió el cadáver con una frazada y una tela de arpillera, pensando que tal vez así frenaría la expansión constante de sangre. Luego usó escobillones y trapos de piso para borrar y trapear los rastros hemáticos esparcidos, sobre todo, en el suelo de la cochera.

Nada de eso valió para ocultar el líquido rojo. Los peritos diseminaron un reactivo químico, conocido por su nombre comercial BlueStar, que es capaz de poner en evidencia rastros de sangre, aunque hayan sido lavados. El producto revela, solo en la negritud de la falta de luces, la presencia de los restos sanguíneos en un color azul fluorescente y luminoso.

El cuchillo no fue hallado, tampoco el celular del exmiembro de la federal. No obstante, el homicida ni siquiera fue cauto con el aparato. El lunes 13, a las 15:23, Canciani respondió un mensaje que había llegado al celular de la víctima. Por su ortografía y manera de redactar estaba a la vista que quien contestó no había sido el expolicía, a quien nunca le faltaba una coma ni mucho menos tenía errores ortográficos, destacó el fiscal instructor. La última conexión en su aplicación de mensajería más utilizada fue el miércoles 15.

Cuando la médica forense lo revisó, el panadero tenía un sinfín de heridas que daban cuenta de que algo había sucedido. Tenía lesiones en la frente, escoriaciones en una mano, un codo y una rodilla, una contusión en la pierna derecha, un corte en el dedo índice de la mano derecha, además de que él mismo refirió padecer dolores en la espalda.

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