No era la primera vez. Florencia Magalí Barroso ya había tratado de apuñalar a su expareja y padre de su hija de cuatro años. Mostró de qué era capaz en septiembre pasado. Pese a las señales de la amenaza constante y la clara intención de tomar un arma blanca para atacarlo, el joven se rehusó a denunciarla. En diciembre la mujer le hizo ver que lo que le había advertido no fueron palabras al aire. Se presentó en la casa de él tres veces el mismo día, en Justo Daract. Quería que le devolviera a su nena. Lo insultó, le rompió lo que pudo de la vivienda y la última vez ya fue directamente con un cuchillo de mesa en mano. Se lo clavó en el pecho. Y así herido, con la hoja del arma todavía dentro, se fue a pie hasta el hospital.
Ni siquiera en ese punto tomó fuerza en él la idea de denunciar a la agresora, pero no hizo falta, la fiscal instructora de Villa Mercedes Cecilia Framini actuó sin necesidad de denuncias. Al día siguiente el juez de Garantías Matías Farinazzo Tempestini liberó a la agresora y le impuso una prohibición de acercamiento hacia la víctima. Medida que violó apenas le permitieron marcharse de la comisaría. Otra vez se dirigió hasta lo de su ex para amenazarlo.
Esa última vez la mujer ya no pudo zafar de la cárcel. Había sumado otro delito. Al «homicidio agravado por ser una persona con la que ha mantenido una relación de pareja en grado de tentativa» le anexaron «desobediencia a una orden judicial». El 11 de diciembre, ya sin más vueltas, el juez hizo lugar al pedido de prisión preventiva planteado por la fiscalía. Le dictó tres meses de encarcelamiento en el Servicio Penitenciario de San Luis.
El plazo de 90 días de encierro ya se cumplió. Por eso ayer (martes) Framini solicitó la extensión de la medida por un mes más. El magistrado le concedió la prolongación y este miércoles, en una audiencia de control de acusación, la causa fue elevada a juicio. La fiscal requirió que, en el caso de ser condenada, la sentencien a 15 años de cárcel. El expediente fue girado al Colegio de Jueces para que en el transcurso del año conformen un tribunal y fijen fecha para el debate oral.
La causa salió a la luz recién este miércoles, tras la audiencia en la que pasó de la etapa de instrucción a la de juicio. A su vez, trascendieron algunos detalles de los hechos. El 9 de diciembre en cuestión la imputada fue tres veces hasta lo de su ex, en calle Pringles al 592. Allí vive el joven junto a su madre y su nena de cuatro años. En realidad, la guarda de la chiquita no está en manos del damnificado, sino de su mamá.
La primera vez de ese martes, Barroso insultó de varias maneras a su ex y hasta atacó a patadas la puerta de su domicilio. Llegó la Policía y se la llevó. A poco de ser retirada por los efectivos, regresó a lo del hombre e hizo lo mismo que la primera ocasión. Otra vez intervinieron los efectivos y se la llevaron. Al rato, nuevamente volvió a ir a lo del joven, alrededor de las cinco de la madrugada, esa vez con un cuchillo de mesa, marca Carol.
«Se metió en la casa, le rompió las ventanas y, como el chico vive con su madre, lo trató de sacar», le explicó la fiscal a Todo Un País. Logró llevarlo hasta el patio delantero del domicilio. Ahí lo apuñaló en el costado izquierdo del pecho. El cuchillo quedó incrustado en su cuerpo. Como sintió que así como estaba podía ir al Hospital de Justo Daract por su cuenta, la víctima caminó hasta el centro médico.
Por fortuna, el arma blanca no tocó ningún órgano vital. Los médicos lo atendieron, le quitaron el cuchillo y le permitieron volver a su domicilio. No hubo necesidad de internación.
Se negó a denunciar la agresión, pero no hizo falta, su madre ya le había informado a la Policía lo sucedido y su deseo de que interviniese la Justicia.
El miércoles 10 de diciembre el juez hizo lugar a su imputación por intento de homicidio, pero no la envió al penal. Consideró que bastaba con imponerle una prohibición de acercamiento para que no se arrimara a su expareja. Pero no funcionó. A las cinco de la tarde fue liberada y al cabo de una hora ya estaba en lo de la víctima. Fue con otras personas. Otra vez insultó al hombre y le advirtió que le rompería todo si no le restituía a su hija.
En las sucesivas audiencias, en un intento por convencer al magistrado de dejar sin efecto la causa, la defensa oficial de la imputada argumentó que el damnificado jamás denunció el hecho. Pero desde su lugar de fiscal, Framini sostuvo que, aunque el joven padre no haya querido denunciar el ataque, el delito se configuró como uno de acción pública, pues la mujer trató de apuñalarlo en septiembre y lo hizo, en efecto, tres meses después. Todo lo cual habilitó a la fiscalía para que actuara de oficio.