Arrancó la campaña gruesa con el maíz como motor productivo y eje de transformación regional

Con las primeras 3.500 hectáreas implantadas bajo riego en el norte provincial, la provincia puso en marcha el nuevo ciclo agrícola. Aunque se proyecta una leve caída en la superficie respecto al año pasado, el cereal mantiene su rol estratégico.
27 de septiembre de 2025

La campaña gruesa 2025- 2026 ya está en marcha en San Luis. Con la implantación de las primeras 3.500 hectáreas de maíz, equivalentes al 1,1% de lo proyectado, comienza a desplegarse un ciclo que promete volver a poner al cereal en el centro de la escena agrícola provincial. Estas primeras siembras corresponden a variedades tempranas bajo riego, localizadas mayormente en el norte provincial.

Sin embargo, el grueso del maíz puntano continúa dependiendo de las variedades tardías, que representan el 80% de la superficie total y se implantan entre fines de noviembre y principios de diciembre.

De acuerdo con las primeras estimaciones de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la provincia sembraría este año 309.200 hectáreas, levemente por debajo de las 313.200 hectáreas de la campaña anterior. La caída proyectada de unas 4.000 hectáreas no cambia, sin embargo, una tendencia clara: el maíz se ha consolidado como el cultivo estratégico de San Luis.

En el reciente congreso de Maizar 2025, celebrado bajo el lema “Más maíz, más país”, el investigador del INTA San Luis Maximiliano Riglos ofreció una exposición que puso en perspectiva el fenómeno. Según explicó, el crecimiento del maíz en la provincia no solo ha ampliado la frontera agrícola, sino que además está reconfigurando la matriz productiva, los suelos y hasta la economía regional.

Recordó un ejercicio realizado en la Estación Experimental hace dos años: “Nos preguntamos qué nos identifica como INTA San Luis. La palabra que más resaltó fue ganadería, y ligada a ella, los suelos. Es una zona con suelos muy frágiles. La agricultura aparece recién en tercer lugar, pero hoy emerge con mucha fuerza en un territorio históricamente ganadero”.

El investigador recordó que hasta 2010 no existía un grupo de producción agrícola dentro del INTA San Luis. “Nuestro equipo surgió a la par del crecimiento de la agricultura en la provincia, especialmente el maíz”, puntualizó. Apoyándose en trabajos de la investigadora María Otegui (2021), Riglos describió cómo el maíz fue desplazando la frontera agrícola hacia regiones semiáridas, entre ellas San Luis. Entre 1990 y 2010, y luego entre 2010 y 2019, los departamentos del centro y oeste provincial registraron los mayores incrementos relativos en superficie sembrada.

“Los cambios más significativos se dieron justamente en zonas semiáridas, donde antes predominaban las pasturas”, indicó Riglos.

Tres regiones, tres modelos productivos

El especialista identificó tres grandes áreas productivas con dinámicas distintas. El corredor Quines–Candelaria: producción bajo riego, altas densidades y un amplio rango de fechas de siembra (de septiembre a diciembre). “Es maíz de potencial, orientado a maximizar rindes”, explicó.

El Valle del Conlara: suelos con alto contenido de limo y siembras a fines de diciembre. “Aquí buscamos estabilidad, no tanto potencialidad. Las densidades bajan a 40.000-50.000 plantas por hectárea”.

El centro y sur provincial: suelos arenosos y escasa capacidad de almacenaje de agua. “La ventana de siembra es muy acotada, porque las heladas tempranas obligan a sembrar entre fines de noviembre y el 5 de diciembre”, precisó.

La agricultura puntana no puede separarse del cuidado del suelo. Riglos presentó datos de un establecimiento cercano a Villa Mercedes que, desde 1999, monitorea la evolución de la materia orgánica. “Partieron de un valor de 1% y hoy están en 1,2. Puede parecer poco, pero en suelos frágiles es un avance enorme”, remarcó.

El mismo seguimiento mostró mejoras notables en fertilidad: en 1999, el 87% de los lotes tenía deficiencia de fósforo; hoy solo el 7%. También se registró un incremento en la disponibilidad de zinc y en la estructura del suelo. “La base de este cambio es la rotación maíz–soja, en partes iguales. Ese es el pilar de la sustentabilidad productiva”, sostuvo.

Industrias y nuevas oportunidades

El avance del maíz no solo se mide en hectáreas. A su alrededor han surgido industrias que le dan valor agregado y dinamizan la economía provincial. En Buena Esperanza funciona una planta de bioetanol; en otras localidades se instalaron criaderos de cerdos con biodigestores que generan energía a partir de los purines.

“La distancia al puerto, que antes era un problema, hoy se transforma en una oportunidad”, afirmó Riglos. Además, en departamentos lindantes con Mendoza se ensayan densidades ultrabajas, entre 15.000 y 20.000 plantas por hectárea, en suelos que hasta hace pocos años se destinaban exclusivamente a pasturas perennes.

De cara al futuro, Riglos subrayó que el desafío no es seguir expandiendo la frontera, sino mejorar el manejo. Ensayos de simulación muestran cómo la ubicación del período crítico del cultivo en la ventana óptima, según la fecha de siembra y la recarga hídrica, define gran parte del rendimiento.

“El agua, la fecha de siembra y el manejo siguen siendo las variables más influyentes”, aseguró. Y dejó una conclusión reveladora: “A nivel nacional, la soja sigue siendo el cultivo predominante. Pero en San Luis tenemos casi dos hectáreas de maíz por cada hectárea de soja. El maíz no solo crece: ya es el pilar de nuestra rotación y de la economía regional”.

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