Buffel Grass, la carta ganadora para sostener la ganadería en el árido de San Luis

Esta pastura megatérmica, adaptada al semiárido, se consolida como complemento clave del pastizal natural, aportando estabilidad forrajera, mayor productividad y previsibilidad a los sistemas ganaderos del Departamento Ayacucho.
28 de diciembre de 2025

En el noroeste de la provincia de San Luis, y en particular en el Departamento Ayacucho, la ganadería se desarrolla desde hace décadas bajo condiciones ambientales extremas. Suelos de baja fertilidad, altas temperaturas estivales, prolongados períodos de sequía y precipitaciones escasas, que difícilmente superan los 500 milímetros anuales, conforman un escenario que pone a prueba, año tras año, la viabilidad de los sistemas productivos. En este contexto, la pregunta que atraviesa generaciones de productores es siempre la misma, cómo sostener la actividad ganadera y garantizar alimento suficiente y de calidad para el rodeo en un ambiente tan restrictivo.

El pastizal natural, base histórica de la alimentación del ganado en el norte puntano, ofrece una respuesta limitada. Si bien cumple un rol ecológico y productivo fundamental, su aporte forrajero suele ser de baja a moderada calidad, con contenidos de proteína cruda que oscilan entre el 5 y el 7 por ciento y niveles de digestibilidad que se reducen drásticamente durante los períodos secos. Esta combinación de baja oferta y marcada estacionalidad obliga a buscar alternativas que permitan amortiguar los efectos de la variabilidad climática y mejorar la estabilidad de los sistemas.

En ese escenario adverso, una gramínea de origen africano comenzó a ganar protagonismo y a consolidarse como una aliada estratégica para la ganadería del semiárido, el Buffel Grass (Cenchrus ciliaris L.). Se trata de una especie forrajera megatérmica, especialmente adaptada a climas cálidos y a suelos de baja fertilidad, cuya principal fortaleza es la resiliencia. Tolera sequías prolongadas, resiste altas temperaturas, rebrota rápidamente tras las lluvias y puede llegar a producir hasta tres veces más forraje que el pastizal natural.

“Buffel Grass: aliado estratégico para la ganadería en el árido puntano” es el título de un reciente documento técnico que circuló entre productores y técnicos de la región y que resume el potencial de esta pastura en los ambientes más restrictivos de San Luis. En diálogo con Todo Un Pais, el técnico del INTA Quines Héctor Andrada, quien viene realizando una intensa tarea de extensión y acompañamiento a productores del norte provincial, explicó que el Buffel representa una herramienta clave para dar previsibilidad a los sistemas ganaderos.

“Estamos hablando de una pastura que puede llegar a producir entre 2.500 y 3.000 kilos de materia seca por hectárea al año, en zonas donde el pasto natural apenas alcanza para sostener una carga muy baja”, señaló Andrada. Pero, más allá del volumen, el especialista destacó un aspecto central: la estabilidad. “Su mayor ventaja es que asegura disponibilidad de forraje en contextos de alta variabilidad climática. Cuando el pastizal natural se agota, el Buffel mantiene su estructura y brinda un piso productivo muy valioso”.

Una experiencia concreta que despertó gran interés en la región fue la impulsada por la Sociedad Rural del Norte de San Luis, que llevó adelante la implantación de cuatro módulos demostrativos de 10 hectáreas cada uno, ubicados en distintos puntos del Departamento Ayacucho. Los resultados no tardaron en llamar la atención. Las pasturas implantadas no solo mejoraron de manera significativa la oferta forrajera, sino que también demostraron su capacidad para complementar al pastizal natural en áreas degradadas.

“Los productores que lo probaron vieron rápidamente que el Buffel no viene a reemplazar al pastizal natural, sino a reforzarlo. Es un complemento que aporta volumen y calidad, sobre todo en los períodos críticos”, remarcó Andrada. Esta visión integradora resulta clave para evitar errores de manejo y preservar el equilibrio ambiental, uno de los puntos que más enfatizan los técnicos del INTA.

En la Argentina, además, existe un respaldo estratégico a partir del desarrollo de cultivares propios. El INTA logró avanzar en materiales como Lucero y Orión, especialmente adaptados a las condiciones locales del semiárido, con la ventaja adicional de garantizar seguridad genética y disponibilidad nacional de semillas, reduciendo la dependencia de materiales importados.

La implantación del Buffel Grass no es improvisada y requiere técnicas específicas de siembra y manejo. Entre las principales recomendaciones técnicas se destacan el rolado selectivo con cajón sembrador al inicio de la temporada de lluvias, generalmente entre noviembre y diciembre, la siembra superficial cubriendo la semilla con una fina capa de suelo y el cerramiento perimetral durante el primer ciclo para evitar el ingreso de animales. La evaluación de la implantación se realiza al año siguiente y se considera exitosa cuando se logra un mínimo de 8 a 10 plantas por metro cuadrado.

El manejo posterior es igualmente determinante. El pastoreo rotativo, con descansos oportunos, resulta fundamental para asegurar la persistencia de la pastura y su capacidad de recuperación. Bajo este esquema, la producción puede estabilizarse en torno a los 3.000 kilos de materia seca por hectárea, transformando lotes marginales y degradados en recursos estratégicos para el sistema ganadero.

El mensaje de Andrada es claro y prudente: “Se recomienda implantar esta pastura en áreas degradadas, luego de una correcta evaluación de impacto; en áreas donde el pastizal natural está presente en buenas condiciones no es aconsejable”. El enfoque apunta a sumar herramientas sin desplazar al recurso natural, integrando ambas ofertas forrajeras en un esquema equilibrado y sostenible.

En síntesis, el Buffel Grass se consolida como un complemento clave del pastizal natural. Tal como se destaca en el documento técnico, el éxito de su implantación radica en múltiples factores: la correcta selección del cultivar y del lote, la calidad de la semilla, la técnica de siembra, la oportunidad de las lluvias y, sobre todo, un manejo responsable que lo integre armónicamente con el pastizal natural. La evaluación al año de siembra resulta un paso decisivo para definir si la pastura se aprovecha con pastoreo o se deja semillar, una decisión que impacta directamente en la productividad futura.

En tiempos en que la ganadería puntana busca mayor resiliencia frente al cambio climático y a la creciente variabilidad de las precipitaciones, el Buffel Grass se posiciona como un socio indispensable. Capaz de aportar estabilidad, mejorar la productividad y brindar previsibilidad, esta pastura emerge como una de las cartas ganadoras para asegurar el futuro de los emprendimientos ganaderos en el corazón árido de San Luis.

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