Bullrich y Malvinas, salvavidas para un Gobierno en problemas

26 de abril de 2026
Patricia Bullrich

Jaime Rosemberg – Especial para Todo Un País

Con los periodistas acreditados en la Casa Rosada sin poder ingresar por orden de los leales a Karina Milei, Manuel Adorni sufriendo los embates judiciales por presunto enriquecimiento ilícito y el presidente Javier Milei recibiendo en su despacho al magnate tecnológico Peter Thiel, Patricia Bullrich cruzó horas atrás el río de la Plata y protagonizó un discreto viaje con proyección internacional.

En Montevideo, la ex ministra de Seguridad y hoy jefa del bloque de senadores libertarios se reunió con la cúpula del Partido Nacional, derrotado en las últimas elecciones por el actual presidente progresista, Yamandú Orsi. Más allá de las razones protocolares –intercambio de visiones con partidos afinesBullrich opinó sobre los problemas de seguridad que vive el país vecino y hasta se animó a encender la polémica al criticar el consumo de marihuana en Uruguay. Semejante despliegue responde, afirman quienes conocen bien a “Pato”, a un plan de futuro, en modo “dirigente nacional con aspiraciones”.

Algunos, en el Gobierno pero también en la oposición, ven a Bullrich como el plan B del oficialismo, en un momento en el que la imagen presidencial y de gestión vienen en caída libre. Nunca abandonó, aseguran, su sueño presidencial, a pesar de que la derrota en la primera vuelta presidencial de 2023 (quedó fuera del ballotage) la obligó a recalcular y darle su apoyo a Milei.

“Va a terminar siendo ella, es la única que se sostiene en este contexto”, apunta un dirigente kirchnerista con base en la ciudad de Buenos Aires y proyección política nacional. Mientras los propios dirigentes libertarios reconocen, por lo bajo, que la reelección de Milei “no está asegurada” (una especulación de tono negativo que hace seis meses no existía), Bullrich parece haber arreglado cuentas con el núcleo duro del karinismo, a quien sus hombres y mujeres de confianza acusaban hasta hace poco de “stalinistas”, por torpedearle el camino a la jefatura de gobierno porteño.

Karina Milei y Pilar Ramírez, legisladora porteña su principal espada porteña, encendieron sus alarmas cuando entendieron que la debacle política del jefe de gabinete Adorni comprometía, en primer lugar, sus chances de gobernar la ciudad. “Fueron corriendo a buscarla a Pato”, describe un funcionario porteño que compartió listas y el proyecto Pro junto a la ex ministra de Seguridad de Mauricio Macri. Astuta, y utilizando toda la experiencia acumulada en medio siglo de actividad política, Bullrich se prestó para la foto, pero hace rato que no defiende a Adorni, ni comparte las redobladas críticas que Milei viene haciendo al periodismo en su conjunto, ni elogia las decisiones del ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, quien volvió de Estados Unidos con tibias promesas de apoyo y fondos del BID y el Banco Mundial, lejos de aquel mega salvataje del FMI que le permitió a Milei ganar las elecciones legislativas de octubre.

Este miércoles, y mientras Bullrich hace su juego, Adorni enfrentará la catarata de preguntas de los diputados, mientras el juez federal Ariel Lijo y el fiscal Gerardo Pollicita siguen avanzando en la causa que investiga la compra de propiedades y los viajes al Exterior, en base a fondos difíciles de justificar. Tuvo, con todo, un alivio, ya que el también juez federal Daniel Rafecas afirmó que no hubo delito en la participación de su esposa, Bettina Angeletti, en la comitiva presidencial que viajó en el Arg01 a Nueva York a principios de marzo, ya que –argumentó el juez- no ocasionó ningún gasto adicional al Estado. La Oficina Anticorrupción también dio una mano, al postergar el plazo para la presentación de su declaración jurada, vital para conocer el origen de los fondos utilizados y su justificación de esos gastos. Dos pequeños caramelos agridulces en medio del aceite de ricino que el jefe de gabinete debe tomar cada día, mientras sus pares de gabinete siguen con la cuenta regresiva hacia su salida del Gobierno.

Los hermanos Milei siguen sosteniendo a Adorni, convencidos de que no entregarán a una pieza clave de la administración a la oposición ni al periodismo, a los que acusa de confabular en su contra, con el objetivo de hacer fracasar su proyecto político.

Empeñado en su pelea sin escalas ni matices contra la prensa, el Presidente avaló el jueves la quita de credenciales y huella dactilar a los acreditados en Balcarce 50, amparado en la grabación ilegal llevada a cabo por un cronista del canal TN dentro del edificio gubernamental. Varios de sus propios funcionarios, y también gobernadores aliados, llamaron a varios periodistas para transmitirles fuera de micrófono su apoyo, en un intento por desligarse de una medida extrema que reconoce algún antecedente en el inicio del gobierno del Proceso, en marzo de 1976, cuando los hombres y mujeres de prensa no pudieron ingresar a Balcarce 50 por algunos días.

Justo en medio de una cena con los acreditados en la Casa Blanca, el presidente Donald Trump debió ser evacuado por la amenaza concreta de un atentado en su contra. Casi en la madrugada del domingo, el Gobierno salió a repudiar el hecho y lo adjudicó a la “retórica violenta de la izquierda que promueve en todo el mundo estos ataques”.

Una nueva toma de posición, siempre cerca del presidente norteamericano, que parece haber realizado un nuevo guiño al sugerir- según información filtrada no confirmada- que Estados Unidos podría retirar su histórico apoyo a Gran Bretaña en el conflicto con Argentina por las islas Malvinas.

“Somos neutrales en ese punto”, reiteró horas antes de conocida la noticia y desde Buenos Aires, el subsecretario de Estado para Seguridad Internacional y Control de Armamento, Thomas DiNanno, aunque el rumor que corrió horas después hizo efecto: alertó sin dobles lecturas a Londres, que salió a reafirmar su soberanía sobre las islas del Atlántico Sur y generó euforia en una Casa Rosada dónde no sobran las buenas noticias.

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