Villa Mercedes fue sede de una jornada técnica que convocó a productores, asesores y profesionales del sector agropecuario con el objetivo de actualizar criterios sanitarios y aportar herramientas concretas para el manejo de maíz y soja, dos importantes pilares del esquema productivo de San Luis.
La actividad, organizada por el Grupo Depetris y auspiciada por Syngenta, se consolidó como un espacio de transferencia tecnológica orientado a mejorar la eficiencia productiva, aunque el eje central del encuentro giró en torno a un concepto que atravesó toda la jornada, focalizar el manejo sanitario en las enfermedades que realmente generan pérdidas económicas, tal como enfatizó el ingeniero agrónomo Claudio Oddino, de la catedra terapéutica Vegetal de la Universidad Nacional de Rio Cuarto.
El encuentro dejó en claro que el escenario sanitario de los cultivos extensivos atraviesa un proceso de transformación profunda. Lejos de los esquemas tradicionales basados en el control generalizado, los especialistas coincidieron en que el desafío actual pasa por priorizar diagnósticos precisos, monitoreo permanente y decisiones oportunas que permitan optimizar la inversión tecnológica.
Durante la apertura, Adrián Piramonti, integrante del Grupo Depetris y coordinador de la zona de desarrollo, remarcó el rol de la empresa dentro del sistema productivo provincial y su compromiso con la incorporación de herramientas innovadoras.
El referente subrayó que el crecimiento del potencial productivo provincial obliga a fortalecer la adopción tecnológica, especialmente en un contexto donde la integración entre agricultura y ganadería se consolida como uno de los rasgos distintivos del modelo productivo puntano.
“En esta región existe una ecuación clave entre maíz y ganadería. Necesitamos producir más maíz por hectárea y de mejor calidad para sostener sistemas ganaderos cada vez más eficientes. El desafío es brindar herramientas nuevas, no repetir recetas, y anticiparnos a los cambios que ya están ocurriendo en otras regiones productivas”, afirmó.
Piramonti también destacó que la mejora en los precios ganaderos abre una oportunidad para intensificar la producción y avanzar hacia sistemas más sustentables. En ese marco, remarcó que el uso estratégico de fungicidas en maíz presenta aún un importante margen de adopción en la provincia.
Uno de los ejes más destacados del encuentro estuvo a cargo de Oddino, quien propuso replantear los criterios tradicionales de manejo sanitario bajo un enfoque práctico basado en la priorización de enfermedades clave.
El especialista explicó que uno de los errores más frecuentes en la toma de decisiones es intentar controlar un amplio espectro de patologías sin distinguir cuáles son las que realmente impactan en el rendimiento.
“Hoy el desafío no es saber todas las enfermedades, sino reconocer cuáles generan pérdidas económicas y concentrar allí las estrategias de manejo”, sostuvo.
En maíz, Oddino identificó tres enfermedades que concentran actualmente el mayor impacto productivo: roya, tizón y podredumbre de tallo causada por Fusarium. Según explicó, estas patologías deben constituir el eje central del monitoreo sanitario.
Durante su exposición, el especialista profundizó en la dinámica epidemiológica de la roya y el tizón, señalando que presentan comportamientos diferentes frente al momento de aplicación de fungicidas.
Mientras la roya suele reducir su actividad luego del estadio reproductivo inicial, el tizón puede mantener su avance, lo que en determinados escenarios justifica aplicaciones más tardías.
Sin embargo, advirtió que el problema que mayor preocupación genera a futuro es la podredumbre de tallo por Fusarium, una enfermedad compleja que muchas veces pasa desapercibida durante el ciclo del cultivo.
El profesional explicó que este patógeno afecta directamente el llenado de la espiga, puede provocar la presencia de micotoxinas en el grano y mantiene una estrecha relación con el manejo de enfermedades foliares.
“La pérdida de área foliar obliga a la planta a movilizar reservas desde el tallo, lo que favorece el avance del hongo. Por eso el manejo sanitario debe ser integral y no limitarse solo al control visual de síntomas”, remarcó.
En soja, Oddino planteó un análisis similar, señalando que, aunque existen numerosas enfermedades descriptas, actualmente tres explican la mayor parte de las pérdidas productivas, la Cercospora kikuchi, Phomopsis y Colletotrichum, todas vinculadas a enfermedades de tallo.
El especialista indicó que las tradicionales manchas foliares, como mancha marrón o mancha ojo de rana, han perdido peso relativo en términos de impacto económico, lo que obliga a revisar los esquemas clásicos de control.
En ese contexto, advirtió que el momento tradicional de aplicación de fungicidas en un determinado estadío puede resultar tardío frente a las enfermedades que predominan en la actualidad, por lo que recomendó evaluar aplicaciones más tempranas en función del monitoreo y del potencial productivo de cada lote.
“Las decisiones deben basarse en información del lote y no en calendarios fijos. El monitoreo es la herramienta más importante para lograr eficiencia”, enfatizó.
Cambios en los sistemas productivos
Otro aspecto abordado durante la jornada fue el impacto que están generando los cambios en los sistemas agrícolas sobre el panorama sanitario. Entre los factores mencionados se destacaron la expansión del monocultivo de maíz, que favorece la acumulación de patógenos como Fusarium; la incorporación de cultivos de servicio, que podría facilitar la presencia de vectores; y la agricultura de precisión, que tiende a reducir el número de hojas por planta y vuelve más sensible el manejo del área foliar.
También se planteó la necesidad de contar con evaluaciones actualizadas de híbridos bajo condiciones epidémicas reales, un punto considerado clave para anticipar riesgos sanitarios en campañas futuras.
La jornada sumó además un bloque técnico sobre el impacto del estrés abiótico en los cultivos, presentado por Ignacio Erreguerena, quien señaló que este factor constituye una de las principales causas de pérdida de rendimiento en la agricultura moderna.
El especialista explicó que, mientras plagas y enfermedades pueden provocar pérdidas de entre el 10% y el 30% en maíz y alrededor del 15% en enfermedades de fin de ciclo, el estrés abiótico puede reducir el potencial productivo entre un 20% y un 40% en Argentina, y hasta un 70% a nivel global.
Dentro de este concepto se incluyen sequías, excesos hídricos, temperaturas extremas, heladas, daños mecánicos y fitotoxicidad por herbicidas, todos eventos que alteran el metabolismo vegetal.
En ese marco, se presentó un bioestimulante formulado con aminoácidos provenientes de extractos de algas y fermentos vegetales, orientado a activar mecanismos fisiológicos que permiten mejorar la tolerancia al estrés.
Ensayos realizados en más de 80 experiencias durante dos campañas mostraron respuestas promedio de 450 kilos por hectárea, con niveles de efectividad cercanos al 75% de los casos evaluados, con resultados particularmente destacados en maíz.
Escenario comercial
La jornada también incluyó un análisis del contexto comercial de la campaña gruesa. Jaime Palomas, gerente de acopio del Grupo Depetris, describió un escenario caracterizado por buenos volúmenes productivos, aunque con desafíos logísticos y cierta estabilidad o leve tendencia bajista en los precios internacionales.
Para el maíz, estimó una producción nacional de entre 54 y 57 millones de toneladas, lo que garantizaría disponibilidad de mercadería, aunque con posibles tensiones logísticas durante la cosecha. En ese contexto, recomendó analizar ventas anticipadas parciales para cubrir necesidades financieras.
En soja, señaló un escenario más ajustado, con valores que evidencian una tendencia descendente respecto de meses anteriores y mayores exigencias comerciales por parte de los exportadores. Asimismo, destacó la creciente relevancia de la certificación de soja sustentable como requisito para acceder a determinados mercados.
Como conclusión, la jornada dejó un mensaje transversal. El éxito productivo en los sistemas agrícolas actuales depende cada vez más del conocimiento aplicado y de la capacidad de anticiparse a los problemas sanitarios.