L a Justicia de San Luis dispuso la prisión preventiva de Raúl Agustín “el Vaca” Bullones, el hombre de 29 años que asesinó a su pareja, Gabriela Centeno, y luego enterró el cuerpo en inmediaciones del barrio República, en el extremo oeste de la capital puntana.
Bullones y Centeno eran pareja desde hacía ocho años y habían llegado a San Luis en mayo de este año, luego de que “el Vaca” cumpliera una condena en Mendoza, por el delito de robo con armas.
El encarcelamiento provisorio de Bullones, por 120 días, fue solicitado por la Fiscalía de Género N° 1 de la ciudad de San Luis y dispuesto por la jueza de Garantía N° 2, Agustina Dopazo Samper.
Para resolver la medida, la magistrada tuvo en cuenta la gravedad del hecho investigado, los antecedentes y las condenas previas del imputado, su falta de domicilio en San Luis y los riesgos de fuga y de entorpecimiento de la investigación. También consideró que aún quedan evidencias por producir y testimonios de vecinos por recibir, por lo que entendió que el plazo solicitado resultaba razonable para avanzar en el esclarecimiento del caso.
En una audiencia, las fiscales Delia Bringas y Marisol Boschi presentaron una reconstrucción de las últimas semanas de la víctima, cuyo cuerpo apareció desmembrado en el terreno donde había estado la vivienda de la pareja, en el asentamiento La Patrona, contiguo al barrio República.
Según la teoría de la Fiscalía, Centeno quería dejar atrás la relación de violencia ejercida por Bullones y regresar a Mendoza; y por eso había pensado en vender un anillo para reunir el dinero necesario y marcharse. Sin embargo, el 10 de agosto de 2026 fue vista por última vez por los vecinos del asentamiento.
Dos meses después, un perro desenterró parte de una mano en el terreno donde había estado la vivienda de la pareja. A partir de ese hallazgo se localizó una fosa de aproximadamente 45 centímetros de profundidad, en la que estaban enterrados los restos de Centeno, envueltos en una manta y acompañados por una bolsa de plástico con partes del cuerpo.
La vivienda, que pertenecía al imputado, había sido incendiada por vecinos el 28 de septiembre, en el contexto de un conflicto. “Entonces, al producirse este incendio, queda al descubierto esta porción de terreno donde posteriormente un perro de la zona desentierra parte del cuerpo de Gabriela”, informó la fiscal.
Debido al avanzado estado de descomposición, no fue posible identificar a la víctima mediante sus huellas dactilares y la identificación se realizó a partir de tatuajes y marcas particulares, que permitieron a la madre y a la hermana de Gabriela, llegadas desde Mendoza, reconocer sus restos.
Testimonios clave
Bringas destacó que “fue fundamental el testimonio de los vecinos de la zona. Según sus dichos, Bullones y Centeno discutían todos los días, se escuchaban gritos de las peleas entre ellos”, narró la fiscal.
También fue relevante el testimonio de Claudia Herrera, pareja posterior de Bullones, quien ingresó a la vivienda y describió las condiciones del terreno. Según expuso la fiscal, la mujer observó ropa de Gabriela y advirtió que el piso estaba blando debajo de la mesa del comedor.
Los vecinos situaron la última aparición de Centeno el 10 de agosto. Según los testimonios, ese mismo día Bullones habría dicho que Gabriela lo había dejado y que se había ido en un vehículo de transporte para regresar a Mendoza. Pero hubo otros indicios que llamaron la atención de los investigadores: al día siguiente, el imputado le pidió prestada una pala a un vecino y la devolvió unas 24 horas después. De acuerdo con la exposición fiscal, desde entonces restringió el ingreso de otras personas a la vivienda, una conducta que contrastaba con las prácticas habituales entre los habitantes del asentamiento.
La Fiscalía también señaló que Bullones solicitó materiales para hacer un contrapiso y que pedía lavandina y cloro, productos que, según los testimonios, arrojaba sobre el piso de tierra.
Con toda la violencia
Bullones asesinó a su pareja mediante degollamiento, determinó la forense que hizo la autopsia, Marcela Gómez. La perito estimó que la muerte se había producido aproximadamente dos meses antes del hallazgo. También describió lesiones punzocortantes y hematomas en distintas partes del cuerpo, compatibles con golpes, además de la separación de la cabeza, el antebrazo izquierdo y una mano. Tres falanges de la mano derecha no habían sido localizadas.
