Cárcel para un expolicía que acumulaba ocho causas por violencia de género

Luego de ir varias veces a la casa de su exesposa, a quien no podía acercarse porque tenía vigente una restricción, la amenazó con que “si no era de él, no sería de nadie”. Después siguió a una de las hijas de la mujer cuando la adolescente iba camino a la escuela. Finalmente, se resistió al arresto y huyó durante una persecución en la que realizó maniobras peligrosas.
13 de septiembre de 2026
El defensor oficial 1 de San Luis, Carlos Salazar, junto Diego Jesús Irazoque, en la audiencia que determinaron su prisión preventiva.

Perdió su trabajo como miembro de la fuerza policial. Cumplió un mes entero de prisión domiciliaria. Acumuló, en lo que va del año, al menos, ocho causas penales por presuntamente agredir no solo a su exesposa y madre de sus hijos, sino también a otra mujer con la que mantuvo una corta relación. Diego Jesús Irazoque pasó por todo eso y, todos modos, no escarmentó. Dado que, según la fiscalía, a un par de días de completar el encierro en su vivienda lo primero que hizo fue dirigirse hasta lo de su ex, innumerable cantidad de veces en una noche y amenazarla con que si no era de su propiedad no sería de nadie. Luego persiguió en moto a una de sus hijas y trató de huir de la Policía en una persecución en la que hizo de todo, maniobras bruscas y conducir a contramano del tráfico. Por ese último derrotero de delitos, el juez de Garantías de San Luis, Juan Manuel Montiveros Chada, lo envió al penal por todo un trimestre.

Las fiscales Delia Bringas y Marisol Boschi, en verdad, habían requerido 120 días de encarcelamiento. El defensor oficial 1, Carlos Salazar, aunque no se opuso a la medida de coerción más severa planteó que cuatro meses era excesivo y pidió que fueran 45 días.

A la hora de decidir, el magistrado consideró extremo el plazo solicitado por el Ministerio Público Fiscal (MPF) y demasiado leve el sugerido por la defensa, por lo que se inclinó por un punto medio de 90 días. Aparte del alojamiento en el Servicio Penitenciario de San Luis, Irazoque sumó imputaciones que engrosaron aún más sus problemas judiciales: “incumplimiento de una orden judicial en reiteradas oportunidades”, “resistencia a la autoridad” y “amenazas”.

El expolicía pasó a estar del otro lado de la ley, de manera formal, después de desobedecer una y otra vez las órdenes judiciales que le impedían aproximarse a su expareja. El 6 de agosto la justicia trató de ponerle un punto final y le dictó 30 días de prisión domiciliaria. Ya, por ese entonces, el proceso judicial en su contra acumulaba ocho expedientes por delitos vinculados a violencia de género.

Esta semana, 48 horas después de recuperar su libertad, sin miras de alejarse de los conflictos, violó nuevamente la medida perimetral hacia la madre de sus hijos, expusieron las fiscales.

La noche del lunes enrumbó en dirección al domicilio de su ex. Merodeó, como un felino, el lugar y, cuando vio que la actual pareja de ella se marchó, se las ingenió para entrar en la casa, relató el MPF, en base a la denuncia. Cuando ya estaba en el interior del inmueble nada le importó y amenazó de muerte a la mujer. Ante los ojos de sus hijas, le remarcó que, si no le pertenecía a él, no le pertenecería a nadie.

Dicho eso, se retiró, pero tan solo por un momento. Al día siguiente regresó varias veces a la vivienda, tocó el timbre, golpeó las rejas y la puerta, en otro desesperado intento por hablar con quien fue alguna vez su compañera de vida.

Cada vez que lo hizo, la víctima llamó al 911. Y, aunque los patrulleros concurrieron cada vez que la denunciante pidió ayuda, Irazoque consiguió borrarse de la escena antes de que sus excompañeros pudieran verlo.

La constante presencia policial tampoco representó un freno para él. Según denunció la damnificada, ante sus ojos, el hombre empezó a seguir a una de sus hijas, cuando la adolescente se dirigía en moto a la escuela. La chica no iba sola, sino a bordo de un servicio de transporte de aplicación.

La mujer insistió más que nunca en sus llamados a la Policía y esa última vez los patrulleros, que también se conducían en motocicletas, lograron ubicar e interceptar al imputado. Su excamarada no se las fácil y se resistió hasta el final. Finalmente, tras 15 minutos de persecución en las calles, lo detuvieron.

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