Acabaron con la vida de Fernando Báez Sosa hace poco más de seis años. El joven, hijo de inmigrantes paraguayos, quería ser abogado y estaba a punto de convertirse en un estudiante de derecho. Pero eso no sucedió.
La madrugada del 18 de enero de 2020 una patota integrada por Máximo Thomsen, Ciro Pertossi, Enzo Comelli, Matías Benicelli, Luciano Pertossi, Ayrton Violaz, Blas Cinalli y Lucas Pertossi, cortó de cuajo cualquier aspiración del muchacho. Terminó con sus sueños, con su juventud, su futuro, su vida y también, de alguna manera, con la de sus padres, Graciela Sosa y Silvino Báez.
Lo mataron a trompadas y patadas a la salida de un boliche de la localidad costera de Villa Gesell. Los ocho, conocidos también por ser jugadores de rugby, fueron condenados por el crimen sí. Cinco de ellos a prisión perpetua y los otros a 15 años de cárcel. Sus vidas ahora se desarrollan en el encierro del Servicio Penitenciario de La Plata, pero continúan. De hecho, cinco de ellos empezaron a estudiar carreras universitarias.
Como una ironía de los giros de la vida, muchos se inclinaron por cursar abogacía. Pero uno, Ciro Pertossi, se volcó por una disciplina completamente diferente y eligió para eso la Universidad Nacional de San Luis (UNSL). “Buenas a todos. Me llamo Ciro y tengo 25 años. Vivo en La Plata. Actualmente trabajo y soy estudiante de esta carrera, la cual elegí por su modalidad a distancia y su contenido.
Espero poder desarrollarla en tiempo y forma. Espero que les vaya bien. Saludos”, escribió en un foro estudiantil a modo de presentación.
Casi a la velocidad de la luz el mensaje se hizo viral. No dio su apellido y mucho menos aclaró que no está en la capital bonaerense por voluntad propia, tras las rejas, pero no hubo necesidad. Las personas que leyeron su escrito con tan solo ver el nombre de usuario (Ciro Pertossi) y su foto de perfil lo identificaron. Era uno de los rugbiers que mató al joven de 18 años, cuando en China ya había comenzado a gestarse el coronavirus que paralizaría al mundo días después.
Estudia “Análisis y gestión de datos”, bajo la modalidad a distancia, que le permite rendir las materias a través de un sistema de videollamadas.
Máximo Thomsen, Enzo Comelli, Blas Cinalli y Lucas Pertossi son los otros condenados que decidieron aprovechar el tiempo de encierro para estudiar y salir de la cárcel como profesionales. Pero ellos, al igual que muchos reclusos, optaron por el derecho y seleccionaron hacerlo en la Universidad Nacional de La Plata.
Se chupó los dedos para limpiarse la sangre de Báez Sosa
“Actuamos como si nada hubiera pasado”, declaró el alumno de la UNSL recientemente en una entrevista que dio para un medio televisivo, respecto a lo que hizo el grupo después del crimen. “Me arrepiento de no haber hecho nada para evitar que haya pasado lo que pasó”, agregó y sostuvo que jamás planearon acabar con la vida de Báez Sosa. Fue “una tragedia que se fue de las manos”, aseveró.
Esa declaración contrasta sobremanera con las pruebas que lo condujeron directo a prisión perpetua. Un video de una cámara de seguridad mostró cuando se chupó los dedos para hacer desaparecer la sangre de la víctima, en el momento que los policías lo interceptaron tras la paliza fatal. “Chicos, no se cuenta de esto a nadie”, dijo en un audio que envió al resto de los rugbiers en un grupo de WhatsApp. Se refería a que no debían decir ni una palabra sobre la golpiza fuera del exboliche Le Brique.
Durante el juicio lo acusaron de golpear a la víctima cuando yacía en el piso, suplicando que se apiadaran de él y dejaran de pegarle. Pertossi dijo que él solo quería darle “una patada” y que se detuvo cuando notó que el otro muchacho ya no se movía. Todo fue captado por cámaras de seguridad y por los celulares de algunos testigos.