Hace dos meses y medio los familiares de Maximiliano Nicolás Chávez escucharon lo que tanto esperaban oír, desde que el joven fue asesinado en diciembre de 2024. Es decir que Brisa Gianella Brizuela, la pareja de Maxi y padre del hijo que tenían en común, fue condenada a prisión perpetua por matarlo de una certera puñalada en el corazón. No ocurrió en un intento de defensa como sostuvo durante el juicio, al tiempo que tachó a la víctima de vago, «transa», drogadicto, golpeador, padre «abandónico» con un supuesto hijo no reconocido y hasta violador con un palo de escoba. No, el tribunal que la juzgó resolvió que lo asesinó deliberadamente y que, luego, buscó por todos los medios destruir y/o ocultar las pruebas.
En esa última tarea no habría estado sola, sino que del debate oral surgió un espeso manto de sospechas que recae sobre su madre, María Pilar Maldonado, quien la habría ayudado activamente en esa misión de deshacerse de la evidencia. Por eso los jueces ordenaron que se abra una investigación contra la mujer. El encargado de llevar adelante esas averiguaciones es otra vez el fiscal instructor 4 de Villa Mercedes, Leandro Estrada. Para la familia de la víctima eso es un gran alivio, porque nadie conoce mejor la causa que Estrada. El único problema es que el tiempo corre y la investigación hacia la madre de la mujer condenada pareciera estar en «stand by».
En su veredicto del 24 de febrero pasado, los jueces Virna Eguinoa, Daniela Estrada y Mauro D’Agata Henríquez, ordenaron enviar una copia del expediente a la Procuración General de la Provincia para que después remita la causa a la fiscalía instructora en turno e investigue la posible participación criminal de Maldonado, por ejemplo, en la contaminación de la escena del crimen y en la destrucción de los elementos probatorios.
El 3 de marzo la Procuración General designó nuevamente Estrada, le confirmó una fuente a Todo Un País. No obstante, según confió otro informante, el funcionario público no avanza con la tarea de investigar a la mujer porque aún no fue notificado sobre su designación.
Mientras tanto el reloj no se detiene, conforme avanza crece la angustia de la familia del joven asesinado. Temen que el paso del tiempo favorezca a la madre de Brisa Brizuela, diluya la causa en su contra y haga más lejana la posibilidad de que, al igual que su hija, la sentencien a prisión perpetua. Ya sucedió algo que, si no hubiera sido que ya declaró, podría perjudicar la investigación: falleció un testigo que la complicaba.
En abril, por cuestiones vinculadas a problemas cardíacos, murió un vecino de apellido Maturano. El testigo vivía junto a la casa de Maldonado, donde asesinaron a Chávez, en la manzana 7015, en el sector UOCRA del barrio La Ribera. Durante el juicio, el hombre había declarado lo que ya contado en la fiscalía de instrucción, es decir que la tarde del crimen oyó ruidos en lo de su vecina, el grito de «¡el Maxi se abrió!» y corrió a ayudar.
En eso que estaba en el domicilio, con la víctima todavía agonizando, relató que Maldonado le extendió un brazo y le entregó un cuchillo Tramontina sin cabo. Sin saber por qué, quizás por un acto reflejo, Maturano recibió el elemento cortante. “Cuando me lo pasa, ella se va y yo lo pongo afuera sobre una parecita de ladrillos. Después ella lo agarró y se lo guardó en un bolsillo”, precisó cuando los fiscales Ernesto Lutens y Leandro Estrada lo interrogaron en el debate oral.
Y ese no fue el peor testimonio contra la sospechosa. También declaró otro vecino que aseguró que la madre de la ahora condenada llamó a su puerta, le mostró un cuchillo y le pidió encarecidamente que lo escondiera.
La familia Chávez está consciente de que, después de todo lo que fue ventilado durante el juicio, que no hay mucho por investigar porque las pruebas están sobre la mesa. Está todo para citar a Maldonado e imputarla por su papel en el momento posterior al homicidio. Creen que en eso no hay tiempo que perder, pues ya antes del debate oral la madre de Brisa Brizuela había puesto su casa a la venta y el miedo a que trate de esfumarse de la ciudad está.