Era la mañana del domingo al suroeste de Villa Mercedes, entre los barrio San Antonio y 50 Viviendas. «¿Quién lo iba a notar?», habrá pensado, quizás no se le cruzó por la cabeza que un policía notaría de qué especie era la planta que sobresalía de su mochila, mientras se paseaba por la ciudad. O, simplemente, no le importó. Pero sí, para su mala fortuna, los patrulleros de la División de Respuesta Inmediata Motorizada (DRIM) se dieron cuenta y supieron a la distancia qué era lo que llevaba sobre su espalda el hombre. Solo tenían que acercarse, ver la forma de las hojas y sentir el inconfundible hedor de la planta, para darle intervención a sus pares de Lucha Contra el Narcotráfico y el motociclista, si todas las sospechas de los policías se confirmaban, iba derecho a tener que rendir cuenta ante la Justicia Federal, a cargo del juez Juan Carlos Nacul. Era, sin dudas, una tupida planta de marihuana.
Era apenas un ramillete, informaron los voceros de Relaciones Policiales. Pero qué ramillete. Tenía el tamaño y la altura de una planta de la especia cannabis sativa con todas las letras. El personal policial se puso en contacto con el fiscal federal. El funcionario dispuso el secuestro de la marihuana. El hombre de 33 años que tenía la droga, en cambio, no perdió lo más importante: la libertad. Lo demoraron un rato y, al finalizar el procedimiento con dos testigos, ya pudo volver a su domicilio o donde fuese que se dirigía.
Los efectivos detectaron al motociclista muy campante alrededor de las 9, por calle Peñaloza, entre Riobamba y Junín. Cuando vio al personal que patrullaba Villa Mercedes en motos intentó desaparecer de su vista y aceleró. Pero era tarde, ya lo habían captado y el tratar de esfumarse solo lo hizo más sospechoso.
De todos modos, lo interceptaron y lo requisaron. No pasó el palpado propio de la revisación. El cierre roto de su mochila lo dejó al descubierto, con los ramilletes de la planta de marihuana que sobresalían en la parte superior del bolso.