Conocer el campo para prevenir pérdidas por plantas tóxicas en San Luis

Especialistas del INTA advirtieron que la falta de forraje, el sobrepastoreo y los cambios ambientales pueden favorecer las intoxicaciones. En dos capacitaciones junto con UATRE y RENATRE, abordaron las especies presentes en la provincia, los signos clínicos y las herramientas para detectar riesgos.
25 de octubre de 2026
El palque es identificado como una de las especies más frecuentes y peligrosas de la región.

La presencia de plantas tóxicas en los campos de San Luis representa un riesgo para la ganadería, pero su existencia no implica necesariamente que se produzcan intoxicaciones. La disponibilidad de alimento, las condiciones ambientales, el estado de los animales y las decisiones de manejo intervienen en la aparición de cuadros que pueden provocar lesiones graves, muertes y pérdidas económicas.

Con ese enfoque se desarrollaron dos capacitaciones organizadas por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), junto con la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE) y el Registro Nacional de Trabajadores Rurales y Empleadores (RENATRE), en las Agencias de Extensión Rural de Villa Mercedes y San Luis.

Las actividades reunieron a productores, trabajadores rurales y técnicos. Estuvieron a cargo del ingeniero en Recursos Naturales Daniel Arroyo y el médico veterinario Agustín Carosio, quienes abordaron el reconocimiento de especies, su distribución provincial, los principales signos clínicos y los hallazgos de necropsia que permiten orientar el diagnóstico.

Durante las jornadas se explicó que una planta tóxica es aquella que, consumida en cantidad suficiente y bajo determinadas condiciones, puede provocar alteraciones funcionales, lesiones o incluso la muerte.

Los especialistas señalaron que entre las situaciones de mayor riesgo se encuentran las sequías prolongadas, las heladas, la escasez forrajera, los traslados extensos, el ingreso de hacienda a ambientes desconocidos y el sobrepastoreo.

“En líneas generales, los animales tratan de evitar el consumo de plantas tóxicas, pero muchas veces los cuadros de intoxicación aparecen por problemas de manejo”, explicó Carosio.

Las altas cargas animales y la falta de alimento pueden llevar a los rodeos a consumir especies que normalmente rechazarían. Por eso, ajustar la carga a la oferta forrajera y evitar períodos prolongados sin alimentación son medidas que también forman parte de la prevención sanitaria.

Los capacitadores recomendaron revisar los potreros antes del ingreso de hacienda, identificar y monitorear las especies peligrosas y controlar la calidad de rollos y reservas. También remarcaron la necesidad de reforzar la vigilancia después de lluvias, heladas o cambios bruscos en las condiciones ambientales, cuando algunas plantas pueden incrementar su riesgo toxicológico.

Las que requieren atención

Entre las plantas presentes en San Luis asociadas con daño hepático agudo se analizaron el palque o duraznillo negro (Cestrum parqui), el sunchillo (Pascalia glauca) y el abrojo grande (Xanthium strumarium).

El palque fue destacado como una de las especies más frecuentes y peligrosas de la región. Sus hojas conservan la toxicidad incluso después de secas, una característica que aumenta el riesgo de consumo accidental y obliga a prestar atención al material vegetal disponible.

En los cuadros de daño hepático agudo, los animales pueden aparecer muertos sin signos previos evidentes o presentar manifestaciones nerviosas derivadas del severo compromiso del hígado.

También se abordaron especies vinculadas con fotosensibilización, como la bandera española (Lantana camara) y la morenita (Bassia scoparia). Estos cuadros pueden provocar lesiones cutáneas graves, inflamación de párpados, lagrimeo y rechazo a la luz solar.

A su vez, se describieron plantas asociadas con daños renales, digestivos y sanguíneos, entre ellas amaranto, verdolaga, quinoa, mío-mío y distintas especies de sorgo.

La diversidad de órganos y sistemas afectados explica por qué las intoxicaciones vegetales pueden manifestarse de diferentes maneras y requieren una evaluación profesional.

Uno de los aspectos destacados fue la dificultad del diagnóstico. Muchos signos clínicos son inespecíficos y pueden confundirse con enfermedades infecciosas o metabólicas. Por esa razón, los expositores señalaron que resulta fundamental reunir los antecedentes de manejo, observar el lote, analizar los hallazgos de necropsia y realizar los estudios complementarios que correspondan.

La identificación de una planta sospechosa aporta información, pero debe interpretarse junto con el resto de las evidencias. Los movimientos recientes de hacienda, la disponibilidad de alimento y los cambios ambientales también ayudan a reconstruir lo sucedido.

“Cuando encontramos animales muertos de forma repentina, una de las primeras medidas debería ser revisar el potrero, identificar posibles plantas tóxicas y retirar la hacienda del lugar”, recomendó Carosio. El retiro del rodeo busca reducir la exposición mientras se investiga el caso. La observación temprana y la consulta veterinaria permiten orientar las decisiones frente a una sospecha.

Reconocer y registrar

Durante las capacitaciones también se presentaron herramientas digitales para colaborar con la identificación de especies. Arroyo mencionó Google Lens, PlantNet y Flora Argentina como recursos de consulta preliminar, apoyados en fotografías de hojas, flores, frutos y otras estructuras características.

Estas herramientas pueden facilitar un primer reconocimiento y aportar material para consultar con especialistas. Su utilidad depende, entre otros aspectos, de contar con imágenes que permitan observar los rasgos de la planta.

El ingeniero recomendó además desarrollar registros fotográficos y herbarios personales. Disponer de ese material ayuda a conservar información sobre las especies presentes en cada establecimiento y facilita futuras consultas de productores y técnicos.

Los capacitadores coincidieron en que la prevención es la principal estrategia frente a las intoxicaciones por plantas. Reconocer las especies peligrosas, recorrer los potreros y sostener una oferta alimentaria adecuada permite reducir situaciones de exposición.

La participación de trabajadores rurales, productores y técnicos resulta importante porque combina la observación cotidiana de la hacienda con las decisiones sobre pastoreo, alimentación y carga animal.

Las jornadas realizadas en San Luis y Villa Mercedes buscaron fortalecer esa capacidad de detección y respuesta. El mensaje central fue incorporar el reconocimiento de plantas al manejo habitual del campo, conocer qué especies crecen en los lotes y en qué condiciones pueden ser consumidas ayuda a preservar la salud animal y la productividad ganadera.

No te pierdas...