En medio de la marcha que realizaron el sábado para exigir justicia por el asesinato, los padres de Lautaro Rodrigo Britos hablaron sobre el trato que supuestamente Luna Agüero tenía con su hijo. Y con sus palabras hundieron aún más a la mujer que, desde el jueves, está en el penal de San Luis imputada por matar, prendiéndole fuego, a su expareja y padre de sus hijos. Relataron que a manos de la mujer el joven no tenía paz y que todo empeoró cuando el vínculo amoroso se rompió. Refirieron que ella lo acosaba, lo seguía en su moto, le decía que le permitiría ver a sus nenes y luego se los negaba y que una vez la acusada, la madre ella y una hermana lo atacaron y él terminó con cortes de cuchillo en el rostro y parte del cuerpo.
En total contraste con lo que había asegurado Diego González, el abogado de la imputada, Josefina Sarotti y Andrés Britos, los padres de la víctima, afirmaron que su hijo estaba separado de la madre de sus hijos. Ella, en cambio, hasta que estuvo detenida en una comisaría de Villa Mercedes, le remarcó a su defensor que Lautaro era su pareja y que esperaba que se recuperara pronto de las quemaduras porque ansiaba «retomar la relación».
Josefina y Andrés manifestaron que hacía dos semanas que estaban separados, cuando la mujer atacó mortalmente al hombre de 22 años, la noche del 30 de julio. El padre dijo que la relación con ella ya «no daba para más» porque su hijo se «la pasaba renegando». «Ella no llevaba los chicos al jardín (de infantes) ni aunque se lo pusieran al lado de la casa», expresó.
Josefina relató que, una vez que el noviazgo llegó a su fin, solo un domingo Lautaro pudo ver a su nena de tres años y a su bebe de un año. El resto de los días la imputada y su familia le cerraron las puertas. «Le decían ‘vení a buscarlos dentro de una hora’ y después, cuando él estaba por ir, lo llamaban para decirle ‘no, no te los vamos a prestar porque no te mereces a tus hijos'», detalló la mujer.
Contó que la acusada lo acechaba. «Cuando él estaba trabajando ella pasaba con su moto, aceleraba y le gritaba cosas», precisó. Aseguró que una vez fue testigo de cómo Luna y su familia atacaron a su hijo. «La última vez que fui a buscarlo a la casa (de la suegra del joven) estaban golpeándolo todos; la mamá de Luna y la hija de ella. Cuando pudo salir de ese montón de mujeres, tenía cortado el cuello, la cara y el brazo con un cuchillo», narró. Recordó que le sugirió denunciar a su pareja de inmediato y él le contestó: “No, ma, ya se le va a pasar”.
Relató que la noche de la agresión, la víctima le dijo que iría hasta la estación de servicio YPF del barrio La Ribera.
—Voy a comprar cigarrillos, ma —le avisó.
—No, voy yo —contestó Josefina.
—No, vos estás muy cansada. Voy yo en la bici de Gonzalo —insistió él.
En el camino, se detuvo y entró a la casa de la manzana 7258, donde vivía una amiga. «Ella (la acusada) no sé cómo hacía, pero le intervenía el celular a mi hijo y así supo que él estaba ahí», reconstruyó Josefina. Dijo que vio a Luna pasar por el frente de su vivienda y dirigirse al domicilio donde estaba Lautaro. «Yo sé que era loca y que estaba mal, pero hasta hoy no la entiendo… Destruyó a sus hijos, que ahora tienen a la mamá presa y al papá muerto», expresó.
