El gobernador de San Luis Claudio Poggi graficó con una impactante metáfora la situación económica de la provincia: “Me entregaron un Fiat 600 modelo 76, sin cubiertas, fundido, que le habían robado la rueda de auxilio, con la chapa oxidada y con mal olor”.
La comparación no es casual ni caprichosa. Según el análisis del presupuesto y la evolución de las cuentas públicas en los últimos años, la provincia pasó de ser un modelo de orden fiscal a enfrentar una crisis de financiamiento que la obligó a tomar medidas de austeridad para corregir el rumbo.
El paso de una administración financieramente ordenada como fue la de Claudio Poggi (2011- 2015) a un esquema deficitario como el de Alberto Rodríguez Saá (2015-2023) transformó el modelo de San Luis.
Lo que alguna vez fue un ejemplo de gestión eficiente terminó con un estado sobredimensionado, dependiente de la coparticipación y sin margen para el desarrollo.
Poggi dejó claro en su discurso en la Asamblea Legislativa su visión en relación al sector público y al sector privado. Dijo que hay que tener “un sector público tan grande como sea necesario y un sector privado tan grande como sea posible”. Y también marcó la posición del Estado que “va a subsidiar al empleo, no al desempleo”.
El desafío del gobierno actual es reconstruir la provincia, con un enfoque en la reducción del gasto y la recuperación de recursos propios.
La herencia de la 4×4
El gobernador Claudio Poggi dejó la administración en 2015 con una provincia financieramente saneada y con un modelo de gestión que permitía sostener el desarrollo y la infraestructura sin comprometer las cuentas públicas. En ese momento:
• Los salarios estatales representaban sólo un tercio del presupuesto.
• Los planes sociales no superaban el 3% del gasto.
• Más de la mitad del presupuesto se destinaba a obras públicas e inversión.
• La coparticipación federal representaba el 70% de los ingresos, pero los salarios estatales se pagaban con recursos propios, lo que dejaba margen para el desarrollo.
Además, Poggi dejó un importante excedente financiero gracias a un juicio ganado contra el Estado nacional, lo que incrementó la coparticipación en un 15% y aportó un extra equivalente a un tercio del presupuesto anual. Con estos recursos, San Luis tenía capacidad para continuar con su histórico modelo de infraestructura y progreso.
La provincia tenía pleno empleo y una de las tasas de pobreza más bajas del país. Así era la “4×4” que dejó la gestión saliente. El deterioro financiero: de la solvencia al déficit Entre 2015 y 2023, las cuentas públicas cambiaron radicalmente. El despilfarro, la corrupción y el clientelismo político se tradujeron en un aumento desmedido del gasto público sin el respaldo de ingresos genuinos. El déficit fiscal creció año tras año hasta alcanzar en 2023 la cifra récord de $93.000 millones, según una auditoría realizada por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y ratificada por la Legislatura provincial.
Los principales factores de este deterioro fueron:
• Expansión de la planta estatal y los planes sociales, lo que incrementó los gastos corrientes.
• Caída del sector privado, reduciendo los ingresos tributarios propios de la provincia.
• Dependencia total de la coparticipación, que pasó del 70% al 76% del total de recursos disponibles. En contraste con 2015, cuando la Provincia podía financiar obras con recursos de coparticipación, hoy toda la coparticipación se destina a gastos corrientes y aún así resulta insuficiente.
El Fiat 600 y la austeridad.
Para 2024, el nuevo gobierno implementó un programa de ajuste que buscó equilibrar las cuentas y reorientar el gasto. Según la administración provincial, el estado financiero de San Luis es frágil y vulnerable ante cualquier crisis nacional que afecte la coparticipación. Por eso, el foco está en reducir el gasto improductivo y volver a generar capacidad de inversión.
El presupuesto 2025 refleja esta nueva realidad:
• El 65% del gasto se destina a salarios estatales.
• Solo el 19% del presupuesto es para inversión pública, cuando en 2015 superaba el 50%.
• El sector privado se achicó, lo que redujo los recursos propios de la provincia. El Gobernador Poggi afirma que el ajuste ya está hecho, y que la provincia ha pasado de un Fiat 600 fundido a uno recauchutado, pero advierte que aún queda mucho por hacer para recuperar la estabilidad financiera de San Luis.
El desafío de San Luis es mantener el rumbo para asegurar el desarrollo.