V. conocía el carácter agresivo de quien fue su pareja durante 14 años y con quien tuvo a sus dos hijos, una nena de nueve años y un chiquito de cuatro. Hace cuatro años que se separó definitivamente de él, pero él no lo hizo de ella. Según explicó, Victoria Robledo, quien junto a Ana López representan a la mujer, su clienta sufrió sistemáticamente violencia de parte de quien era hasta hace unos días el subdirector de Evaluación de Impacto Ambiental y Ordenamiento Territorial de la Secretaría de Ambiente de la Provincia. Pero los ataques escalaron con el tiempo. De acuerdo a lo que les comentó la víctima, el hombre llegó hasta entrar a su casa, destrozar su estudio jurídico, volteando la cámara de seguridad para que no filmara lo que hacía y hasta la amenazó con dispararse un tiro en la cabeza para que la culparan a ella de su muerte.
Muchas de esas agresiones V. las denunció y en la Justicia iniciaron expedientes que allí quedaron. Pero ella nunca llegó al punto límite de tener que llamar a la Policía, justo en el momento que su expareja la golpeaba. Lo hizo el lunes, cerca de las 21, porque temió que ese día podría ser el último de su vida. Los efectivos del Comando Radioeléctrico actuaron rápido, arribaron al domicilio, aprehendieron al hombre cuando le pegaba a la madre de sus hijos y se lo llevaron a la Comisaría 1°, la del centro de la capital puntana. A las dos horas ya estaba de vuelta en las calles.
Apenas trascendió el hecho, quien fue subdirector Evaluación de Impacto Ambiental y Ordenamiento Territorial el Gobierno de la Provincia lo dejó sin trabajo. La causa, sin embargo, no recayó en el área de la Justicia donde debía, es decir en la Fiscalía de Instrucción de Género N°1, a cargo de María Delia Bringas, señaló Robledo, sino en el Juzgado de Familia de turno en virtud de que lo trataron como violencia familiar. Como no vieron movimientos judiciales, las abogadas de V. se presentaron en dicho juzgado para que, al menos, le impusieran una restricción de acercamiento del exfuncionario.
La mujer tiene el ojo derecho tan hinchado y morado de moretones que ni siquiera puede maquilárselo, además de otros golpes, dijo una de sus letradas. Llora todo el tiempo y cuando sale a la calle tiene que hacerlo con gafas de sol oscuras. Pero lo peor de todo es tratar de cumplir con su trabajo.
Desde que lo liberaron el hombre va y viene «como pancho por su casa», graficó Robledo. «Merodeaba la casa de esta chica, va al gimnasio, hasta se llevó a su hija de la escuela a las doce cuando sale a las cinco de la tarde y la madre no supo hasta las ocho de la noche dónde estaba su nena», comentó.
La jueza Viviana Oste, a cargo del Juzgado de Familia, Niñez, Adolescencia y Violencia Nº 2, le impuso al exfuncionario recién el jueves, por pedido de la querella, una restricción de acercamiento. Pero la distancia mínima que debe respetar para no arrimarse es de 100 metros, por el plazo de seis meses. «Nosotros ya solicitamos la ampliación de esa medida porque nos parece ilógico una simple restricción de acercamiento por cien metros», manifestó.
Robledo dijo que anteayer (jueves) Bringas llamó a su clienta para que declare. Amén de que en el pasado ya ha contado lo que ha sufrido con su expareja 14 veces. Por todos esos casos hay expedientes abiertos que no han prosperado, dijo.
Respecto a la última paliza, los traumatismos de la víctima fueron constatados por el médico judicial y por otro profesional del Hospital del Sur. «Han confirmado las lesiones y del Departamento de Delitos Complejos ya hicieron todas las extracciones necesarias (a dispositivos electrónicos)», comentó.
La abogada destacó que, en todo esto, lo más grave fue el accionar de la fiscal de Género, pues debió actuar ella y no derivar el hecho al Juzgado de Familia. «La Policía lo encontró al hombre en situación fraganti delictiva, se lo llevaron esposado porque golpeaba a su expareja y la fiscal la única maravillosa idea que tuvo fue liberarlo a las dos horas sin ninguna medida que proteja a la víctima», remarcó. De esa manera Bringas «vuelve a poner a la víctima en un grave riesgo», sin un botón antipánico para ella, ni una tobillera electrónica para el ahora exdirectivo.
Contó que el personal de la Comisaría 1° se comunicó de inmediato con la representante del Ministerio Público Fiscal (MPF) y la anotició sobre la agresión. Del otro lado del teléfono, al cabo de dos horas, los efectivos recibieron la orden de dejarlo libre por «las circunstancias del caso». «¿Cuáles son esas circunstancias? No lo sabemos porque recién mañana (viernes) nos van a dejar ver el expediente», se quejó la letrada. Explicó que lo que debió haber ocurrido es que Bringas pusiera en conocimiento al juez de Garantías de turno para que a las 24 horas la funcionaria, en una audiencia, formulara cargos por violencia de género.
Robledo relató que el lunes el hombre golpeó a V. en su casa, quien tiene su estudio jurídico al lado de su domicilio. «Él se molesta, le pega la cabeza contra una puerta, le deja el ojo morado, tiene golpes en su ojo derecho, un tajo en la frente y moretones en la frente», detalló.
Desde la Justicia al exsubdirector solo le aplicaron una prohibición de acercamiento que, en la formalidad, es un escrito que el agresor puede violar sin problema si no está controlado. «Ella tiene ese papelito. Él la ha querido matar. Un papelito no lo va a frenar mucho», señaló.
«En octubre él se metió por el portón de su casa. La semana pasada le rompió los cables de la computadora, la impresora de su estudio y con una escoba dio vuelta las cámaras y se las destrozó», reveló. También mencionó que una vez la amenazó con pegarse un tiro en la cabeza. «Tengo miedo de que se meta al estudio, prenda fuego, se mate él y me acuse de que yo lo maté», le confió V. a sus abogadas.
Robledo y López ya anticiparon que no se quedarán con una simple medida perimetral, sino que reunirán todas las pruebas necesarias y las presentarán para ver si así pueden llegar a una audiencia de imputación contra el hombre.