Desde Buena Esperanza, Tigonbu abrió el camino a China en el negocio de la carne Wagyu

El grupo familiar produjo animales de unos 800 kilos en su establecimiento Huelucán, en el sur de San Luis, y concretó un primer envío aéreo al mercado asiático. Con el foco en la genética y el marmoleo, ahora busca ampliar la escala comercial del proyecto.
26 de octubre de 2026
La imponente estructura productiva del establecimiento próximo a Buena Esperanza, también integra bioetanol, biogás, generación de energía eléctrica y térmica.

Desde Buena Esperanza, en el sur de San Luis, el Grupo Tigonbu comenzó a abrirse camino en el negocio de la carne Wagyu. La empresa familiar, propietaria del establecimiento Huelucán, concretó una primera exportación a China y ya avanza hacia embarques en contenedores, después de una experiencia inicial que involucró la faena de ocho animales en Córdoba.

La apuesta combina semen argentino de Wagyu, raza de origen japonés reconocida por el marmoleo de su carne, con vientres Angus del propio rodeo. Los novillos alcanzaron alrededor de 800 kilos y los resultados obtenidos alentaron la continuidad del proyecto.

La carne Wagyu se distingue por su marmoleo, la grasa intramuscular que forma finas vetas y le aporta una terneza excepcional, gran jugosidad y un sabor intenso y delicado. Esa grasa se funde con facilidad durante la cocción y genera una textura suave y delicada al paladar.

“Detrás de cada corte hay trabajo de campo, genética, alimentación, manejo y personas que acompañan el proceso”, expresó Gastón González a Todo Un País, quien está al frente del grupo. El empresario destacó el desarrollo de su Wagyu argentino y el orgullo que genera dentro de la firma mostrar la calidad de los cortes producidos.

El proyecto tiene como base a Huelucán, ubicado sobre la Ruta Nacional 148 y conocido también por ser sede de la Prueba Pastoril “Test del Río Quinto”, de Angus Centro, donde este año se evaluaron 71 toros de 15 cabañas de la región.

La primera operación permitió completar el recorrido desde la producción en el campo puntano hasta la llegada de la carne al mercado asiático. Los ocho animales fueron faenados en Córdoba y que la mercadería se transportó por avión.

El siguiente objetivo es aumentar el volumen. “Estamos esperando hacer una embarcación con contenedores”, señaló González, al explicar el paso que la familia busca concretar después de evaluar los resultados del envío inicial.

Para el empresario, la dimensión del mercado chino ofrece posibilidades para ampliar progresivamente las ventas de una carne diferenciada. Por ahora, la experiencia constituye un primer antecedente comercial sobre el cual la empresa pretende construir una operación de mayor escala.

La incursión en Wagyu se apoya en una trayectoria de más de medio siglo vinculada con la ganadería y el mejoramiento genético. La empresa fue fundada por Nelson Roberto González, continuada por su hijo Nelson Alberto y actualmente conducida por Gastón, quien representa a la tercera generación. Un hito que la familia recuerda se remonta a 1970, cuando incorporó su primer toro Angus Colorado.

Desde entonces, la selección de animales adaptados a la región y la inversión en genética formaron parte de sus decisiones productivas. “Siempre apostamos a eso, siempre invertimos en tecnología, en genética”, resumió Gastón.

En ese recorrido, la producción de animales más pesados abrió otra posibilidad. Según explicó, vender hacienda con bajos pesos limitaba el aprovechamiento de la inversión genética. La terminación para exportación permitió extender el ciclo y buscar una mayor expresión de esos atributos.

Mientras la hacienda convencional del grupo terminada en un importante feedlot destinada a ese mercado sale con unos 500 kilos, los Wagyu alcanzan alrededor de 800. Para estos últimos, la empresa realizó una recría más prolongada y luego utilizó una alimentación esencialmente similar a la del resto de sus animales.

Uno de los resultados que más entusiasmo generó fue el marmoleo, es decir, la presencia de grasa intramuscular que distingue a esta carne.

Producción y energía

El Wagyu se incorpora a un esquema que combina agricultura, producción forrajera, ganadería y terminación intensiva. Huelucán cuenta con unas 4.000 hectáreas destinadas a cultivos como maíz y soja, además de pasturas y alfalfa para el verano y avena y centeno durante el invierno.

La imponente estructura productiva del grupo, que se ve desde la ruta pasando Buena Esperanza, también integra bioetanol, biogás, generación de energía eléctrica y térmica y aprovechamiento de subproductos agrícolas. Esa articulación aporta la base sobre la cual se desarrolla la nueva línea de carne.

La vinculación con Angus Centro suma, además, una instancia de observación y aprendizaje. Recibir reproductores de distintas cabañas permite analizar tendencias de selección y utilizar esa información para ajustar decisiones dentro del propio rodeo.

Con el Wagyu, Tigonbu busca avanzar en la cadena de valor y comercializar un producto cuya diferenciación comienza en la genética y se construye durante todo el proceso de crianza y terminación. El primer envío a China abrió esa puerta; el próximo desafío será sostener la calidad y reunir el volumen necesario para ampliar los embarques desde el sur puntano.

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