Marta Bossa de Rotte era muy querida en el barrio Belgrano de Villa Mercedes. No hay nadie que se haya enterado de su asesinato la noche del miércoles que no ha repetido la siguiente frase: «Qué buena persona, Martita». La conocían porque, al fondo de su domicilio, había armado su propia mercería. Allí trabajaba y se ganaba la vida haciendo tareas de costura, entre otros trabajos. Conocerla también significaba estar al tanto de que arrastraba un infierno, uno que debía sobrellevar porque lo padecía la persona que, seguramente más amaba en este mundo, su hijo: Fabricio Rotte. Ella le dio la vida y él se la quitó a puñaladas.
Cuando los policías del Departamento de Homicidios, a cargo del comisario Sebastián Tula y el subjefe, el subcomisario Luis Alaniz, junto con algunos patrulleros del Comando Radioeléctrico llegaron a Ivanowsky 120, entre calles Belgrano y Las Heras, el interior de la vivienda era una escena digna del clásico del terror «Psicosis» de Alfred Hitchcock. El cadáver de una mujer, que luego confirmaron tenía 69 y el 21 de mayo cumpliría 70, estaba tendido en el piso, informaron los voceros policiales sin especificar mucho más.
En el mismo lugar estaba su hijo de 45 años, hasta el momento el principal sospechoso de su homicidio. No solo estaba fuera de sí, sino que estaba herido a la altura del abdomen. Se había clavado él también un arma blanca. De hecho, los primeros en arribar al domicilio, alertados por un llamado al 911, fueron los paramédicos del Sempro. La médica a cargo constató la muerte de Bossa de Rotte y pidió urgente el traslado del sospechoso al policlínico regional. Según le confió una fuente en exclusivo a esta periodista, el presunto autor del matricidio no dijo ni una palabra.
Apenas fue ingresado al policlínico regional «Juan Domingo Perón» los profesionales decidieron operarlo debido a la gravedad de la lesión. Durante la madrugada fue intervenido quirúrgicamente. Ya cerca de las 6 de la mañana de este jueves la cirugía había finalizado y Rotte fue llevado a terapia intensiva. «Su estado es delicado y reservado», le reveló otro informante a esta cronista.
Como suele suceder, pese a estar luchando por su vida, la sala de cuidados intensivos donde permanece está custodiada por personal policial.
En la escena del crimen, por orden del fiscal instructor 1, Maximiliano Bazla, y su adjunta Cecilia Framini, secuestraron las dos armas blancas que hallaron. Incautaron un cuchillo de cocina, marca Tramontina, y un puñal de fabricación casera, con el que los investigadores suponen fue asesinada la víctima. Su cuerpo, a simple vista, presentaba no menos de cinco puñaladas y también signos de defensa.
Le hundió con tanta fuerza el arma en la cabeza que le produjo «el hundimiento del cráneo», detalló otra fuente. Ambos elementos, el cuchillo y el puñal, tenían rastros de sangre y cabellos, precisó.
Además de esas primeras diligencias de secuestro de evidencia, los policías entrevistaron a algunos familiares de Rotte: los hermanos, el padre y una prima hermana de Marta. De los interrogatorios surgió que Fabricio vivía solo con su madre y algo que ya circulaba entre los vecinos, es decir, que quien está en terapia intensiva es un esquizofrénico paranoico. Ese trastorno mental lo desarrolló entre los 18 y los 20 años. Se caracteriza porque el paciente experimenta delirios y alucinaciones.
El personal del Departamento de Homicidios terminó de trabajar en el interior del domicilio alrededor de las 3:30. No obstante, el fiscal instructor ya solicitó al hospital de Villa Mercedes y todos los centros médicos pertinentes la elevación de un informe, si existiese, que confirme que efectivamente quien mató a la jubilada y se autolesionó padece esquizofrenia paranoica.
La mañana de este jueves los efectivos regresarían al barrio Belgrano, ubicado en jurisdicción de Comisaría 9°, para hablar también con algunos vecinos, en definitiva con más personas que hayan conocido a madre e hijo y puedan a su vez aportar algún dato sobre si oyeron o vieron algo que pudiera vaticinar el matricidio.