Durante años, cientos de madres abandonaron el consultorio de Pediatría del Hospital de La Toma después de escuchar la misma recomendación. La Dra. Nora Isabel Allende la repetía con la convicción de quien no estaba dando un simple consejo, sino transmitiendo una forma de cuidar la vida desde el primer día: «Teta ayer, teta hoy, teta mañana… teta siempre», este miércoles, esa frase volvió a escucharse dentro del hospital. No salió de la voz de la pediatra. La pronunció su hijo, Boris Ledesma, en medio de un acto cargado de recuerdos y emociones. Bastó ese instante para que muchos de los presentes sonrieran, otros se secaran discretamente una lágrima y todos sintieran que, de alguna manera, Nora seguía allí, quizá porque nunca se fue del todo.
Su nombre quedó grabado esta vez sobre una elegante placa de mármol que identifica al nuevo «Espacio Amigo de la Lactancia», inaugurado en el Hospital «Dr. Osvaldo Ledesma». Debajo de la imagen de una madre amamantando a su hijo puede leerse una frase sencilla, pero profundamente significativa: «Gracias por dejar un legado que perdura».
Pocas veces una inscripción logra resumir con tanta precisión la historia de una persona. Porque el homenaje realizado esta semana en La Toma no nació de la nostalgia. Nació de los hechos. Mientras la institución recibía la recertificación como «Centro Amigo de la Lactancia», renovando un compromiso asumido hace más de dos décadas, decidió que ese nuevo espacio llevara el nombre de una de las médicas que hizo posible el comienzo de esa historia.

Mucho antes de la certificación
A principios de la década del 2000, cuando UNICEF impulsaba en el país la estrategia de «Hospitales Amigos de la Madre y el Niño», hablar de promoción de la lactancia materna significaba mucho más que colocar afiches o repartir folletos. Implicaba revisar prácticas médicas, capacitar equipos completos, acompañar a las madres desde el embarazo y comprender que la prevención también podía comenzar con un gesto tan natural como amamantar. Aquel desafío encontró en el Hospital de La Toma un grupo de profesionales dispuesto a cambiar la manera de trabajar. Entre ellos estaba Nora Allende.
Quienes compartieron aquellos años con ella la recuerdan caminando por Pediatría con la misma serenidad con la que hablaba frente a una cámara en el documental que reconstruye parte de su trayectoria. Nunca buscó protagonismo. Prefería explicar antes que imponer. Enseñar antes que ordenar. Convencer desde el ejemplo.
Las imágenes de ese registro la muestran haciendo exactamente aquello que quienes la conocieron siguen recordando, dialogando con madres primerizas, atendiendo niños, participando de actividades comunitarias y defendiendo una idea que entonces parecía sencilla, pero que requería una enorme perseverancia: que la lactancia materna era una de las herramientas más poderosas para mejorar la salud de los recién nacidos. Esa convicción terminó transformando al hospital.
En el año 2004 el establecimiento obtuvo la certificación como «Hospital Amigo de la Madre y el Niño», convirtiéndose en el primero de toda la provincia de San Luis en alcanzar ese reconocimiento. Veintidós años después, la historia volvió a cruzarse con el presente. La recertificación obtenida ahora como «Centro Amigo de la Lactancia» demuestra que aquella semilla no sólo germinó, sino que logró atravesar el tiempo, los cambios de gestión y las nuevas generaciones de profesionales.

Un homenaje construido entre todos
El director del Hospital «Dr. Osvaldo Ledesma» eligió que la ceremonia no fuera solamente una celebración del presente. Antes de hablar de la nueva certificación, recordó a quienes hicieron posible la primera. Leyó un mensaje enviado por la exdirectora Susana Mitestainer, quien definió a Nora Allende como «una verdadera pionera en la promoción, protección y apoyo de la lactancia materna» y sostuvo que su compromiso abrió un camino cuyos valores «siguen guiando el trabajo de los equipos de salud».
Después fue nombrando, uno por uno, a quienes integraron aquel equipo interdisciplinario que trabajó para alcanzar la certificación de 2004. Fue un gesto sencillo, pero también una declaración de principios. Porque ningún legado pertenece exclusivamente a una persona, necesita de muchas otras para crecer y mantenerse vivo.
«No solamente quiero tener presente a la doctora Nora, sino agradecer a cada integrante de ese equipo», expresó. En ese reconocimiento colectivo quedó reflejada una de las mayores fortalezas del hospital: entender que los logros institucionales nunca son individuales.
El momento más emotivo de la ceremonia llegó poco después, su hijo, Boris Ledesma eligió contar cómo era crecer en una casa donde la medicina ocupaba cada rincón de la vida cotidiana.»Decir medicina en mi hogar era cotidiano», comenzó. Recordó las guardias interminables, las cenas que debían esperar porque todavía quedaban pacientes por atender y los inviernos en que las salas de Pediatría estaban repletas de niños enfermos.
«Crecí en un hogar sin horarios. No se cenaba en familia si todavía había pacientes esperando», evocó. Pero el recuerdo más poderoso llegó cuando comparó aquella realidad con la del presente, «Mi madre y su equipo lograron que hoy las salas de niños estén semivacías.» No hablaba de una disminución del trabajo médico, hablaba del triunfo silencioso de la prevención. De una medicina que aspiraba a que hubiera menos niños enfermos y más familias acompañadas. Fue, probablemente, la mejor explicación de todo lo que significó aquella primera certificación, y también la mejor manera de comprender por qué, veintidós años después, el Hospital de La Toma decidió escribir el nombre de Nora Allende sobre la puerta de un espacio destinado precisamente a seguir promoviendo aquello por lo que ella trabajó durante toda su vida.
La frase con la que Boris Ledesma cerró su intervención quedó suspendida unos segundos en el aire: «Teta ayer, teta hoy, teta mañana… teta siempre», muchos de los presentes sonrieron, otros bajaron la mirada para contener la emoción. No era una ocurrencia ni una anécdota familiar. Era una síntesis perfecta de la mujer que estaban homenajeando. Quienes la conocieron sabían que esa convicción acompañó a Nora Allende durante toda su carrera y que la repetía con la misma naturalidad con la que recibía a una madre primeriza o se inclinaba para hablar con un niño a su altura. Ese recuerdo abrió paso a otra dimensión de la historia.
La ministra de Salud de San Luis, Teresa Nigra, eligió mirar el recorrido del hospital más que el acto en sí. Recordó que fue precisamente el Hospital La Toma la primera institución de la provincia en obtener la certificación como «Hospital Amigo de la Madre y el Niño» y destacó que, más de dos décadas después, ese trabajo no sólo había perdurado, sino que seguía marcando el camino para los demás establecimientos. «Hace ya 22 años que recibieron la primera certificación y hoy vuelven a ser ejemplo para los demás centros de salud de la provincia.»
La frase pasó casi desapercibida entre los aplausos, pero encerraba la verdadera dimensión de lo ocurrido. Las certificaciones pueden entregarse en un acto pero los legados necesitan años para construirse y el Hospital «Dr. Osvaldo Ledesma» acababa de demostrar que aquella decisión tomada en 2004 no había sido una experiencia aislada ni un objetivo de gestión. Había terminado convirtiéndose en parte de la identidad de la institución.
Por eso la recertificación adquirió un significado especial, no reconoce solamente el cumplimiento de un protocolo, reconoce la continuidad de una manera de cuidar. La enseñanza que nunca terminó.

La enseñanza que nunca terminó
Si hubo un testimonio que logró explicar mejor que cualquier discurso qué significa dejar un legado, fue el de la Dra. Silvia Rivarola. No apeló a grandes definiciones, contó una escena. Recordó que durante la pandemia la comunidad apenas pudo despedir a Nora Allende. Las restricciones sanitarias hicieron que aquel adiós se limitara a un aplauso frente al hospital, una despedida breve para alguien que había acompañado durante décadas a tantas familias de La Toma.
Rivarola confesó que, mientras preparaba sus palabras para el homenaje, tratando de encontrar la manera de expresar todo lo que había significado trabajar junto a ella, la respuesta apareció de manera inesperada, atendido en Saladillo a una mujer que acababa de ser mamá. Mientras le enseñaba cómo iniciar la lactancia, cómo sostener al bebé y cómo acompañar ese primer vínculo, comprendió que estaba repitiendo exactamente lo que había aprendido años atrás. «En ese momento me di cuenta de que, sin saberlo, estaba haciendo lo que Nora me había enseñado.»
No hizo falta agregar nada más, porque en esas palabras estaba contenido el verdadero sentido del homenaje. Las enseñanzas más profundas son aquellas que dejan de sentirse como enseñanzas para transformarse en una forma natural de actuar. Eso era, precisamente, lo que había conseguido Nora Allende, seguir presente en el trabajo cotidiano de quienes alguna vez compartieron un consultorio con ella.

Mucho más que una placa
Después llegó el descubrimiento oficial de la placa que identifica al nuevo «Espacio Amigo de la Lactancia», llegaron las fotografías y los abrazos. La placa es una pieza de mármol de delicados tonos verdes, presidida por la imagen de una madre amamantando a su hijo y debajo del nombre de la pediatra aparece una frase sencilla: «Gracias por dejar un legado que perdura.» No parece una inscripción elegida para una ceremonia, parece la conclusión de toda una vida.
Al terminar el acto, autoridades, trabajadores del hospital, antiguos compañeros de Nora Allende, familiares y vecinos compartieron un momento de camaradería. Se mezclaron recuerdos, anécdotas y abrazos entre quienes, de una u otra manera, habían sido parte de aquella historia iniciada más de dos décadas atrás.
Sin embargo, la sensación era que el homenaje había comenzado mucho antes del descubrimiento de la placa. Había empezado, en realidad, hacía veintidós años, cuando un grupo de profesionales decidió que promover la lactancia materna no sería una campaña pasajera, sino una política de salud sostenida en el tiempo. Una historia que sigue escribiéndose
Hay hospitales que son recordados por sus edificios, otros por sus profesionales o por la tecnología que incorporan. El Hospital «Dr. Osvaldo Ledesma» de La Toma también puede contar una historia diferente: la de una comunidad sanitaria que entendió que prevenir, acompañar y educar podía cambiar la vida de miles de familias. Esa historia comenzó mucho antes de la recertificación celebrada esta semana, y seguramente continuará mucho después.

Los homenajes auténticos no permanecen por el material con el que están construidos, no importa si están grabados en mármol, en bronce o en piedra, permanecen porque alguien decide continuar la obra de quienes estuvieron antes.
Desde ahora, cada madre que cruce la puerta del «Espacio Amigo de la Lactancia» verá el nombre de la Dra. Nora Isabel Allende. Algunas conocerán su historia, otras quizá no, pero todas encontrarán allí profesionales que siguen enseñando con la misma convicción que ella transmitió durante años, que cuidar la vida empieza mucho antes de curar una enfermedad. Empieza cuando una madre recibe apoyo, cuando un bebé encuentra su primer alimento y cuando un equipo de salud entiende que los gestos cotidianos también pueden cambiar el futuro.
Tal vez por eso el verdadero homenaje no sea la placa inaugurada esta semana ni la recertificación obtenida por el hospital. El verdadero homenaje ocurre todos los días, en silencio, cada vez que una madre encuentra allí el acompañamiento que necesita y un profesional, casi sin advertirlo, transmite a la siguiente generación aquello que alguna vez impulsó Nora Allende. Porque entonces, aunque hayan pasado los años, ella sigue presente haciendo de la concientización sobre la importancia de la lactancia materna, un legado que perdura.

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