El ocaso del peronismo de Rodríguez Saá y la ratificación de un cambio de época

Con una contundente victoria electoral, Claudio Poggi consolidó su poder en San Luis y relegó al peronismo a un lugar casi residual. La derrota de 2023 no fue un accidente: la sociedad volvió a confirmar en las urnas que el ciclo político del Partido Justicialista había terminado.
13 de mayo de 2025

Lo que ocurrió el pasado domingo 11 de mayo en San Luis no fue una elección más. Fue, en todo caso, la confirmación de que el cambio de época iniciado en 2023 no fue un arrebato emocional de las urnas, sino una decisión cultural, política y profunda de la sociedad puntana. El Frente Ahora San Luis, liderado por el gobernador Claudio Poggi, obtuvo una victoria arrolladora. Más de 20 puntos de diferencia sobre el Frente Justicialista. Se quedó con las cuatro bancas de senador provincial en juego — incluso en bastiones históricos del PJ como San Martín y Belgrano—, ganó 8 de las 9 intendencias, y obtuvo 12 de las 22 bancas de diputados provinciales.

Resultado: mayoría propia en ambas cámaras y un gobierno fortalecido para encarar reformas de fondo. El peronismo, en cambio, asistió al capítulo más crudo de su decadencia. Un partido que gobernó San Luis durante 40 años —con una impronta hegemónica, verticalista y muchas veces excluyente— hoy se reduce a una estructura residual. Residual por sus resultados, apenas el 26% de los votos. Residual por su armado, sostenido por un puñado de dirigentes resistidos y carentes de renovación. Residual también por su lectura política: no entendió el cambio que la sociedad ya había expresado en 2023, y que este domingo volvió a ratificar con total claridad.

Alberto Rodríguez Saá, otrora arquitecto de un poder casi absoluto en la provincia, se niega a aceptar que su ciclo terminó. No reconoció la derrota.

Como en ocasiones anteriores, responsabilizó a los candidatos, o a una sociedad que, según su mirada, no lo comprendió. Pero la realidad es otra: la imagen pública del exgobernador está deteriorada, su figura política cada vez más encapsulada en un círculo de dirigentes que priorizan la confrontación y el desgaste institucional antes que el diálogo o la autocrítica.

Incluso dentro del propio PJ, muchos comenzaron a tomar distancia. Algunos dirigentes se fueron cuando entendieron que el plan de Rodríguez Saá era obstaculizar la gestión de Poggi, incluso al costo de empujar la provincia al abismo institucional. Otros fueron directamente expulsados por pedir internas, por plantear diferencias o por intentar oxigenar una estructura cada vez más cerrada sobre sí misma.

Lo que está en juego no es sólo un resultado electoral. Es un cambio de paradigma. La sociedad puntana ya no acepta más el poder perpetuo, ni las estructuras autorreferenciales. Busca alternancia, escucha, gestión y futuro. Lo expresó con claridad en 2023. Y lo ratificó sin titubeos este 11 de mayo.

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