Cuando Enriqueta iba a misa, Germán la acompañaba hasta la puerta de la iglesia, pero jamás hubiera entrado. Ella pertenecía a una familia católica tradicional de San Luis. Él era alemán, científico, marxista y, según reconstruyeron las investigadoras, ateo. Se habían casado en 1872, en una sociedad que difícilmente aceptaba semejantes diferencias. Sin embargo, aquella pareja compartía algo más importante que sus creencias religiosas: una profunda convicción acerca del valor de la educación y una disposición poco común a enfrentarse con el poder.
La escena formó parte de la charla que María Martha Garro, doctora en Educación e investigadora de la Universidad Nacional de San Luis, y su hija Milagros Figueroa Garro, guionista y realizadora audiovisual, ofrecieron el viernes 23 de octubre en el Centro Cultural José La Vía.
El encuentro, correspondiente al ciclo La ciudad de San Luis en diálogo: identidad, historia y cultura, permitió conocer una investigación que recupera documentos, fotografías y episodios poco difundidos de dos protagonistas del siglo XIX puntano.
Enriqueta Lucio Lucero había sido directora de la Escuela Graduada de Niñas y Normal de Mujeres, antecesora de la actual Paula Domínguez de Bazán. Durante años reclamó al gobierno provincial materiales de estudio, mobiliario, mejores condiciones para enseñar y el pago de salarios atrasados. Sus pedidos quedaron registrados en numerosas cartas que hoy constituyen una parte fundamental de su legado documental.
En noviembre de 1881, después de ocho meses sin cobrar, decidió ir más lejos. Junto con otras ocho maestras dirigió una carta al gobernador Zoilo Concha, con copia a Domingo Faustino Sarmiento, entonces superintendente general de Educación. Denunciaron las irregularidades salariales y resolvieron suspender las actividades escolares hasta obtener una respuesta.
Aquel episodio es reconocido como la primera huelga docente de la Argentina. La respuesta del gobierno provincial llegó pocos días después: las nueve mujeres fueron destituidas. El periódico El Oasis dedicó varias publicaciones a desacreditarlas, mientras Sarmiento difundió el conflicto en El Monitor de la Educación Común y cuestionó las irregularidades en el pago de los salarios docentes.
Pero la investigación de Garro recupera otra dimensión de aquella disputa. Durante mucho tiempo, algunos historiadores atribuyeron la iniciativa de la protesta a Germán Avé-Lallemant, como si una mujer no hubiera podido tomar esa decisión.
Las investigadoras reconocen que no es posible reconstruir todas las conversaciones que precedieron a la carta. Sin embargo, hay hechos que no ofrecen dudas: Enriqueta la firmó, encabezó el reclamo y sufrió las consecuencias. Su trayectoria como directora terminó con aquella destitución.
La historia de Avé-Lallemant también estuvo atravesada por enfrentamientos con las autoridades. Llegado desde Alemania durante la segunda mitad del siglo XIX, desarrolló una extensa actividad como científico, agrimensor, investigador, periodista y educador. Estudió los recursos naturales de San Luis, realizó trabajos topográficos, investigó la flora y la fauna y participó en la enseñanza del Colegio Nacional.
Sus ideas marxistas y su defensa de una educación científica lo enfrentaron con sectores conservadores. Cuestionó las condiciones laborales de los peones rurales, denunció irregularidades en la administración educativa y sostuvo la necesidad de extender la enseñanza a los trabajadores. Junto con Enriqueta participó también en experiencias de educación nocturna destinadas a obreros.
La charla permitió encontrar, detrás de esas trayectorias públicas, una relación construida entre diferencias, afinidades y decisiones compartidas. Avé-Lallemant acompañaba las prácticas religiosas de Enriqueta sin participar de ellas. Ella sostenía su actividad en instituciones de beneficencia, mientras ambos defendían una educación que pudiera alcanzar a sectores sociales históricamente excluidos.
La investigación también enfrenta una dificultad: los documentos y las imágenes que faltan. Mientras él dejó numerosas publicaciones científicas y políticas, de Enriqueta se conservan principalmente cartas vinculadas con su trabajo y sus reclamos. Durante años, hasta circuló una fotografía equivocada que se le atribuía.
La búsqueda permitió recuperar un retrato auténtico que había aparecido en Buenos Aires, utilizado como soporte detrás de una pintura. La imagen, deteriorada, pudo ser restaurada y recientemente fue incorporada a la galería de directores de la escuela Paula Domínguez de Bazán. Allí, generaciones de estudiantes habían pasado sin conocer el verdadero rostro de una de sus antiguas directoras.
Esa recuperación forma parte de un proyecto documental que madre e hija comenzaron a desarrollar bajo el título El magisterio doméstico sublevado. Aunque las dificultades presupuestarias impidieron concluirlo, la investigación continúa y la intención de llevar esta historia al cine permanece vigente.
El encuentro dejó flotando una pregunta sobre la manera en que se construye la memoria colectiva.
San Luis se reconoce como cuna de maestras y maestros, pero durante mucho tiempo privilegió de Enriqueta Lucio Lucero su dedicación a la enseñanza, su formación y sus virtudes personales, mientras relegaba una decisión que había desafiado a las autoridades de su tiempo.
Porque la historia siempre es más compleja de lo que aparenta: la provincia que reivindica su tradición educativa fue también el escenario de la primera huelga docente del país.
La verdadera cara de Enriqueta
Durante años, la imagen que circulaba como retrato de Enriqueta Lucio Lucero era, en realidad, de una sobrina. La confusión se había instalado incluso en publicaciones digitales, mientras la verdadera fotografía de una de las protagonistas de la primera huelga docente argentina permanecía desaparecida.
La búsqueda de María Martha Garro y Milagros Figueroa Garro permitió encontrarla en Buenos Aires, en un lugar inesperado: detrás de una pintura, utilizada como parte del soporte del cuadro. El retrato estaba deteriorado y fue necesario trabajar en su recuperación.
Durante la charla en el Centro Cultural José La Vía, ambas investigadoras destacaron la importancia de aquel hallazgo y la colaboración recibida para preservar la imagen. También recordaron las dificultades que supone investigar a personajes del siglo XIX en una provincia que entonces contaba con escasos registros fotográficos.