Casi a fines de agosto, Nahuel Fernando Ojeda parecía estar entre la espada y la pared. Está con prisión preventiva desde mediados de mayo por golpear de diferentes maneras a su ahora expareja. Le marcó el cuerpo con unas 20 lesiones y la torturó por más de 12 horas, hasta que ella logró escapar. Lo que había enrabiado al hombre para darle semejante paliza, la cual llevó adelante en tramos, porque tuvo tiempo de sobra para hacerlo, fue el simple hecho de que la mujer había asistido a una fiesta. El 25 de agosto la Fiscalía pidió para él, por esa maratónica serie de agresiones de género, que sea condenado a cuatro años y seis meses de prisión. Esta semana, cuando estaba a punto de ser juzgado, luego de un diálogo entre el fiscal y la defensa, con el consentimiento de la misma víctima, el acusado pidió si puede ser sometido a un juicio abreviado.
La propuesta consistió en que el hombre admitiría que cometió tremenda golpiza a cambio de ser penado a tres años de prisión en suspenso. La palabra “prisión” en ese concepto está de más, en realidad, significa que si el tribunal acepta lo que le plantea Ojeda, quien ya reconoció ser un violento, quedará libre, porque su condena con cumplimiento efectivo en la cárcel estará suspendida y no irá preso.

El joven de 25 años se puso de pie ante la jueza Virna Eguinoa, quien conforma el tribunal unipersonal, reconoció su responsabilidad en los delitos de “lesiones leves agravadas por el vínculo y por mediar contexto de violencia de género”, “privación ilegítima de la libertad” y “daños, en concurso real”. La próxima semana seguramente la magistrada comunicará si hará lugar o no a ese pedido de juicio abreviado. Si le da admisibilidad, Ojeda será sentenciado a la pena que negoció.
No solo eso. Eguinoa también deberá definir si revoca el encarcelamiento preventivo que cumple el hombre en el Penal de San Luis. Esto último fue un requerimiento que le hicieron los abogados del acusado Pascual Celdrán y Romina Ustares.
El acuerdo entre el fiscal de juicio, Néstor Lucero, y los defensores presentada a la jueza no solo implica los tres años de prisión en suspenso, sino también que Ojeda se comprometa a seguir ciertas pautas de conducta, que de complicado no tienen nada. Entre esas condiciones estaría mantenerse alejado de la víctima, no solo físicamente sino también a través de todo tipo de medios, someterse a un tratamiento psicológico y psiquiátrico y realizar cursos en la Secretaria de la Mujer.
Empezó con una fiesta y terminó en un infierno
Ojeda llegó hasta esta instancia de juicio, con prisión preventiva, porque, de acuerdo con la investigación de la fiscal instructora Nayla Cabrera Muñoz, sometió a la mujer a una tortura casi sin freno de más de 12 horas. En audiencias anteriores, la representante del Ministerio Público Fiscal (MPF) repasó que todo comenzó el 10 de mayo y terminó al día siguiente, porque la víctima consiguió escapar.
La joven había ido a un cumpleaños en el barrio La Ribera. En eso que estaba en la reunión le mandó un video a quien era su novio, el actual acusado, en el que él captó la presencia de un hombre al fondo. Esa sola imagen con una persona del sexo masculino detrás sacó de quicio a Ojeda. Se subió su vehículo y manejó hasta La Ribera, se dirigió a la casa del cumpleaños. Tomó a su pareja y, a la fuerza, se la llevó hasta su departamento, situado en un complejo de calle Suipacha.
Arrojó a su novia al suelo, la lanzó con fuerza contra la pared, golpeándola, y, aún en el piso, siguió pegándole mientras le tapaba la boca para que nadie pudiera oír sus gritos y pedidos de ayuda. Cuando la joven se fue al dormitorio, el hombre volvió a tirarla con mucha fuerza contra un placar. La amenazó y le cubrió la cabeza con una almohada.
Pero hubo un pequeño intervalo en el que ella logró escapar. Corrió hasta la parte exterior del departamento. Sin embargo, el futuro condenado la alcanzó y la encerró en el domicilio.
El solo hecho de que la mujer haya tratado de huir de sus manos, lo enervó todavía más. Ojeda la agredió y buscó intimidarla con un cuchillo. La torturó por más de 12 horas. Fue hasta que la ella, aún no sabe cómo, le hizo creer que iría hasta su casa porque le hacía falta y, más tarde, regresaría.
Increíblemente, el joven se lo permitió. Apenas llegó a su vivienda, la madre de la víctima notó los golpes en su hija. Después, ambas denunciaron Ojeda.