A Anna Asvestas la persigue la desgracia o directamente ella la porta. El sábado no hallaba otra explicación para lo que le sucedió: por segunda vez en un lapso de casi tres meses se incendió el lugar donde vivía. Las llamas se apoderaron de su departamento del barrio 960 Viviendas de Villa Mercedes, en mayo. Del humilde domicilio solo logró rescatar dos colchones de una plaza. Claudio Morillo, un amigo que también reside en el mismo vecindario, le permitió quedarse en su casa. Pero hace dos días, al mediodía, volvió a ocurrir. El dueño se había ido, Anna también y, en el departamento, en teoría, solo quedó el gato de Claudio. A los pocos minutos, algo pasó y dio origen a un fuego que cobró tanta vida que, en cuestión de segundos, inundó la vivienda de humo. Las flamas eran tan potentes que reventaron los vidrios del balcón, por donde salieron furiosas las lenguas de fuego, que más se acrecentaron cuando tomaron contacto con la leve brisa que corría afuera.

Anna estaba preocupada. Claudio furioso. El hombre se agarraba la cabeza con las dos manos, mientras veía las flamas salir del balcón de su departamento, ubicado en el último piso del monoblock 49.
––Qué cag… No te podés ir un minuto y mirá lo que pasa––se lamentaba Claudio en medio del grupo de vecinos que se había reunido a ver el siniestro. Buscó con la mirada a Anna y, apenas la vio, se le acercó.
––Se ca… prendido fuego todo ¿o vos prendiste fuego?––le reclamó el hombre.
––No, no, yo no estaba––le aseguró la mujer.
––Yo tampoco. Seguro dejaste la puerta abierta, el pucho prendido ¿El gato?––le preguntó él.
––No, no, nada prendido. Vos sabes que el pucho no. El gato quedó ahí, tirado––respondió.
––Tirado…. A la m…. todo––exclamó molesto el damnificado.
Con un tupper, dentro de una bolsa de nylon roja, que sostenía con sus brazos, como si fuera lo único que le quedara en la vida, la mujer de 35 años le contó a Todo un País que no tiene ni la más mínima idea de por qué se incendió lo de su amigo, el departamento K, ubicado justo frente a la escuela N°43 “Dr. Tomás Jofré. “Yo salí a buscar la comida al comedor y cuando volví ya estaba prendido fuego. Yo no dejé prendido nada, porque no utilizo fuego y al cigarrillo lo dejo en el cenicero”, afirmó. Dijo que el siniestro tampoco se pudo originar por el gas, porque el lugar no tiene ese servicio.
Anna expresó que no sabe qué hará. Por lo pronto, regresará a su casa, el departamento D del monoblock 41, del que tuvo que partir el 22 de mayo porque quedó inhabitable. “Ahora me voy para allá, con los dos colchones de una plaza que me quedaron”, anticipaba la mujer muy poco convencida.

“No sé qué voy a hacer, no tengo ni idea”, manifestó y apeló a la generosidad de la comunidad. Dijo que no tiene teléfono, ni cómo ser contactada, pero que quien quiera hacerle donaciones puede acercarse a la pollería del centro comercial del barrio y hablar con su dueña. “Necesito ayuda urgente. Lo que tengan, una mesita, una silla, alguien que me venga a conectar la luz, clandestinamente, aunque sea. No tengo gas, no tengo nada”, pidió.
Las paredes de su departamento quedaron teñidas de negro. Hace casi tres meses, cuando se quemó, tampoco lograron establecer qué fue lo que provocó las llamas.
Aquella vez el incidente sucedió durante la noche. Los primeros en notarlo fueron unos efectivos de la División de Rápida Intervención Motorizada (DRIM), cuando patrullaban el barrio. Alguien se les acercó y les avisó que un departamento de la planta baja del monoblock 41 se quemaba. A los pocos minutos, arribaron los policías que tienen jurisdicción en esa zona, los de la Comisaría 10°.
El personal policial procedió a evacuar, de inmediato, el edificio. Era un incendio de grandes proporciones. Pero los bomberos voluntarios de “El Fortín” lograron sofocar las llamas rápido, ventilar el lugar y evitar que la quemazón fuera todavía peor.

Informaron, después, que no hubo heridos, pero recomendaron no volver a habitar el sitio hasta que los peritos de los bomberos de la Policía descartaran “riesgos estructurales y permitieran establecer la causa del fuego”. Según Anna, unos chicos le prendieron fuego al departamento “por maldad”.