Para recorrerlo hay que dejar el vehículo en lugares asignados por la Municipalidad. Embarazadas y otras personas con movilidad reducida tienen excepción.
Quienes quieran visitar La Carolina, uno de los pueblos más bonitos del mundo según la Organización Mundial del Turismo, deben tener en cuenta que hasta fin de mes la localidad será toda una peatonal. Hasta el 28 de julio, entre las diez de la mañana y las seis de la tarde, los visitantes deberán dejar sus vehículos en lugares asignados y recorrer la población a pie.
En la comuna aplican esta modalidad en la temporada de verano, en julio, en Semana Santa y los fines de semana largos, informó la secretaria de Turismo de La Carolina, Roxana Lucero Zavala. “Quienes nos visiten dispondrán de estacionamiento asignado, para recorrer nuestro pueblo a pie y disfrutar de la belleza y tranquilidad de nuestras calles y paisajes”, señaló.
Explicó que “se adoptó esta medida porque nuestro pueblo es muy pequeño, de calles angostas, solo tiene mil trescientos metros por dos cuadras de ancho, y en auto se lo recorre en apenas diez minutos”.
Pero, sobre todo, dijo, con esta disposición se preserva el lugar, ya que no se alteran la vida y la tranquilidad de la población con el deambular del tránsito vehicular y la contaminación que produce.
“A su vez, el visitante vive La Carolina de otra manera, lo disfruta más y su permanencia es mayor”. ¿Esta medida es un impedimento para que el pueblo sea visitado por discapacitados, personas con capacidad reducida o embarazadas? No, porque las embarazadas y otras personas con capacidad reducida tienen permitido el acceso en vehículo. Solo deben pasar por la oficina de informes turísticos a retirar la autorización, informó la Municipalidad.
Y quienes tienen una reserva de hospedaje en el pueblo, al ingresar a la localidad deben informarlo y podrán ingresar hasta el domicilio del prestador, donde podrán dejar el vehículo.
El estacionamiento asignado por el municipio cuesta dos mil pesos, para todo el tiempo que el visitante desee estar en el pueblo. Ese canon garantiza un cuidador, servicio de baños y guardería para bicicletas y motos en el polideportivo municipal. Los lugares donde se puede dejar los vehículos son la plaza, el predio del Museo de la Poesía, calles en frente y alrededores de la oficina de informes y los alrededores del polideportivo.
La peatonalización es un proyecto autosustentable. “Con lo que recaudamos les pagamos el trabajo y su comida diaria a diez chicos que están designados para esta labor, además se le da un aporte a alguna ONG del pueblo; y estamos mejorando cartelería y colocando bancos y cestos de residuos”, dijo Lucero Zavala.
Entre los mejores del mundo
Ubicada a 82 kilómetros al norte de la ciudad de San Luis, en el departamento Coronel Pringles, La Carolina nació gracias a la “fiebre del oro” que se desató al descubrirse allí, en tiempos de la colonia, una mina de ese metal precioso. El Marqués de Sobremonte, gobernador intendente de Córdoba, fundó el pueblo y le puso ese nombre en homenaje al rey de España Carlos III.
La localidad ostenta otro orgullo: allí nació el filósofo y poeta Juan Crisóstomo Lafinur (1797-1824) y por eso está allí el Museo de la Poesía.
Quien llega hasta allí también puede visitar la gruta de Inti Huasi -a veinte kilómetros de la localidad-, donde se hallan los rastros más antiguos del hombre primitivo conocidos hasta ahora en la provincia.
En 2023 La Carolina fue finalista del concurso “Best Tourism Villages” (Mejores Pueblos Turísticos del mundo), realizado por la Organización Mundial del Turismo (OMT). “La OMT reconoce los pueblos rurales que se erigen como los mejores ejemplos de cómo aprovechar el poder del turismo para ofrecer oportunidades y salvaguardar sus comunidades, tradiciones locales y patrimonio. La Carolina fue reconocida porque el turismo preserva la cultura y las tradiciones, celebra la diversidad, genera oportunidades y protege la biodiversidad”, dijo la secretaria de Turismo.
La decisión de peatonalizarlo en la época de mayor afluencia de visitantes va a tono con ese perfil.
