Batman, Superman, Spiderman o cualquiera de los otros superhéroes de los cómics no existen. Solo están en las invaluables páginas de las revistas en las que fueron dibujados y en los sucesivos y casi infinitos filmes que hicieron sobre ellos. Pero los bomberos voluntarios, en general, nos vuelven a la realidad y demuestran, con sus desinteresados actos de rescate, que los superhéroes existen. Son de carne y hueso, como todos. Los bomberos de «El Fortín» de Villa Mercedes son la prueba viviente de eso. No necesitaron ni capas, ni sofisticadas armas jamás inventadas, solo sus manos y conocimiento para actuar. Con rápidas maniobras de primeros auxilios, le salvaron la vida a un hombre de 66 años, que estaba a segundos de morir ahogado, y a duras penas llegó hasta el cuartel de los rescatistas.
Fernando Contrera está bien, sano y salvo, recuperándose en la Clínica del Aconcagua. No viviría este martes y los días que vendrán si no fuera por el personal de «El Fortín».
La razón por la que el hombre sigue vivo en el planeta Tierra fue obra del suboficial mayor Raúl Fenocchio, el jefe de guardia Emiliano Leguizamón, el bombero Iván Villegas y el aspirante Mario Casas.
Contreras arribó al cuartel en auto, su hijo lo llevó cuando vio que se ahogaba y no podía respirar. Eran cerca de las 15.
Tenía obstruidas las vías respiratorias y había perdido sus signos vitales. Cuando los bomberos de guardia lo vieron, lo retiraron del vehículo. Seguidamente, lo tendieron sobre una superficie plana y firme y comenzaron a realizarle maniobras de Reanimación Cardiopulmonar (RCP). También le dieron ventilación con una bolsa-válvula-mascarilla (Ambú).
Luego de diez minutos de las repetidas técnicas de primeros auxilios y asistencia continua, Contreras, quien había sido llevado casi muerto al cuartel, volvió en sí, sus signos vitales se activaron y evitó el paro cardiorrespiratorio. Bueno, los cuatro héroes de la vida real lo protegieron de ese infarto mortal.
«Salvar la vida de una persona». ¿Cómo colocan eso en un currículo vitae? No hace falta. Lo que hacen cada día vale mucho más que otras «experiencias laborales».