La mañana de este martes en los Tribunales de Villa Mercedes, finalmente, luego de casi cinco meses del accidente fatal, imputaron al camionero que atropelló, mató y abandonó en la autopista de las Serranías Puntanas a Laura Oviedo, una joven que estaba paraba en una banquina de la ruta. Los fiscales expusieron que fue «negligente e imprudente» y quedó demostrado que el siniestro no fue producto del estado de la autopista y tampoco de la iluminación, que eran óptimas. Aun así le formularon cargos, pero no pidieron para él la prisión preventiva.
Lo imputaron por «Homicidio culposo agravado por darse a la fuga». El accidente fue el sábado 19 de octubre pasado, alrededor de las 20, en el kilómetro 709, a la altura del paraje Liborio Luna.
Esa noche Laura, de 19 años, viajaba con su madre Valeria Mercau. Habían partido de Villa Mercedes con destino a San Luis, a la casa de la abuela de la víctima para festejar el domingo el Día de la Madre. En un momento del viaje, Valeria paró en la banquina para que su hija, quien iba de acompañante, se bajara y pudiera acomodar un bolso que le estorbaba. En eso que la chica estaba de pie, en la banquina, fue embestida por el Mercedes Benz que conducía el imputado.
El fiscal instructor Maximiliano Bazla señaló que, tras el impacto, el camionero no frenó, sino que siguió su trayecto. Indicó que de la declaración de la mamá de la víctima y la pericia accidentológica, en la que evaluaron el recorrido camión y la velocidad, resultó que no hubo rastros de frenadas o intención de esquivar.
La fiscal Cecilia Framini describió que, tras embestir a la joven, el conductor «avanzó 5000 metros aproximadamente y retornó por la autopista volviendo a pasar por el lugar del accidente, luego esperó en una estación de servicio por unas horas y continuó su viaje hasta que llegó al lugar donde entregó el camión, evitando controles policiales».
Pascual Celdrán, el abogado del camionero, por su lado, le pidió al juez Matías Farinazzo Tenpestini que no contemplara el agravante en esta etapa del proceso, ya que su defendido «no tenía conocimiento de que había tenido un siniestro con una persona hasta que se lo informó su jefe y se puso a disposición de la justicia». Relató que su cliente regresó, para ver lo que había sucedido, esperó unas horas allí, pero no vio nada extraño. No obstante sí reconoció que evitó los controles porque así se lo había recomendado su superior «para que no le secuestraran el camión por la óptica rota».








