A fines de noviembre pasado intentó asesinar a Jessica, su propia hermana. La sorprendió en la cama, cuando ella estaba sumida en el sueño. Usó los vidrios rotos de una botella a modo de cuchillo o puñal y la atacó con ellos cuanto pudo. La tomó del cuello con sus manos y presionó hasta que sus dedos se hundieron en su piel. «Te voy a matar», le decía, como si hiciera falta aclarar sus intenciones. No lo consiguió. Dejó inconsciente a la mujer, pero no le quitó la vida. Por esa agresión Marcelo Leonel Salinas, en su momento, estuvo preso un par de meses. No fue porque la fiscal instructora 5 de Villa Mercedes, Gisella Milstein, no solicitara el máximo de tiempo de prisión preventiva, sino porque una jueza de Garantías acortó ese plazo a la mitad. No obstante este lunes, el hombre comenzó a ser juzgado y lo que estará en juego en el debate oral será precisamente su libertad, no ya por un puñado de meses, sino por algunos años.
En los alegatos de apertura el fiscal de juicio Néstor Lutens le remarcó al tribunal, compuesto por las juezas Cintia Martín, Daniela Estrada y Sandra Ehrlich, que el ataque fue «feroz» y adelantó que mantendrá la acusación por «homicidio doblemente calificado por ensañamiento y alevosía en grado de tentativa».
Repasó que el acusado casi mata a su hermana el 23 de noviembre. De acuerdo con lo que la víctima de 35 años les relató a los investigadores, ella y su familia, incluido el imputado, habían almorzado ese domingo en el Parque Costanera Río Quinto, comúnmente llamado «Lago». Habían tomado alcohol, pero nada exagerado.
Durante la tarde, ella volvió a su casa de calles Italia y Paul Harris. Entró y, sin escalas, se dirigió hasta su dormitorio, que tiene al fondo de su vivienda. Se acostó. Pero, alrededor de las 19:20, el dolor y el instinto de supervivencia la despertaron. Alguien la ahorcaba con sus manos y no era otro que su hermano.
Él le pegó trompadas y rompió una botella, que estaba al lado de la cama. La apuñaló y cortó con el vidrio en distintas partes del cuerpo.
En un momento, la mujer consiguió escapar y el joven de 26 años se detuvo. En el piso resaltaba el color rojo brillante de la sangre, esparcida por un lado y otro. Tanta sangre perdió Jessica que sus fuerzas se evaporaron y se desmayó.
El agresor se quitó su remera y escapó. Huyó por las calles desaforado, con el torso desnudo y manchado con los restos hemáticos. Algunos vecinos entraron a ayudar a la víctima, otros llamaron a la Policía y uno salió detrás del agresor. Lo persiguió en una moto hasta que, en un veloz recorrido, los patrulleros de la División Respuesta Inmediata Motorizada (DRIM) detuvieron al imputado cerca de la estación de servicio Casale.
La defensora Eliana Pradel, a su turno, le anunció al tribunal que demostrará que no hay pruebas suficientes para hablar de un intento de asesinato, sino de algunas «lesiones leves». A su entender, la vida de la mujer nunca estuvo en peligro.
Además, señaló que no hay elementos tampoco para acreditar cómo ocurrió el ataque. No obstante, aseveró que su defendido jamás ingresó a la vivienda con un arma y que, en todo caso, él sufrió «un estallido violento» propio de su estado de salud mental sin tratamiento.









