Las ceremonias del pueblo nación huarpe Pynkanta comienzan hoy y se extienden hasta el domingo 25, con la llegada del nuevo sol. Cualquiera puede sumarse.
Apartir de hoy, con la despedida del último sol del año viejo, el pueblo nación huarpe Pynkanta, que agrupa a comunidades de San Luis, San Juan y Mendoza, comenzará la celebración por la llegada del año nuevo para esa cultura originaria del noroeste puntano. Las ceremonias culminarán el domingo 25 de agosto, cuando, por casualidad, se celebra el día de la fundación de San Luis. En esta celebración “se vivenciarán la identidad y las vivencias de cada círculo vividos durante este año, equilibrando caminos para llegar sin cargas, limpios, equilibrados, para despedir la luna y el sol viejos y recibir la luna y el sol nuevos”, le explicó a Todo un país el omta -autoridad tradicional de Pynkanta y guía espiritual del consejo de ancianos- Roque Miguel Gil.
En esta ocasión, las ceremonias tendrán un aditamento importante:
“Este año también tendrá lugar la restitución de restos de ancestros, entre los que está un bebé, que estaban en poder de un museo de Buenos Aires y fueron entregados a la organización”, agregó el líder huarpe. Los depositarán en un sitio sagrado. “Será a nuestra manera indígena”, agregó.
“En este caso se liberarán un bebe colibrí y su familia. Creemos que nuestros hermanos y hermanas pasan a otra vida en forma de animal, naturaleza o monte”, explicó el omta.
El epicentro de las actividades será El Junquillal, la zona palustre de Lagunas de Guanacache, en la región donde confluyen los límites de las tres provincias cuyanas.
Los organizadores han distribuido los eventos de la celebración a lo largo de las jornadas, hasta llegar al domingo, en cinco caminos. En el primer camino harán un taller para el armado de un refugio, “tuta”, con junquillo, orientado hacia el este; y cestería.
En el segundo, harán talleres de trabajo con jarilla y fórmulas ancestrales.
En el tercero, el camino del colibrí, del autoconocimiento -caminata, movimiento, danza- y una ceremonia de refugio y limpieza.
Para el cuarto, prevén el camino del caracol, protección familiar y canto, y limpieza al último punto cardinal.
El quinto camino será el de las estrellas. Habrá una ceremonia de contemplación del Río de Estrellas; el lucero del alba, el atardecer y el cierre con un fogón. Luego comenzará la vigilia para recibir a la primera luna -el sábado a las siete de la tarde- y su reencuentro con el primer sol, a las ocho de la mañana del domingo. En la cultura huarpe, el fin de un año y el comienzo de otro está definido “a través de las lunas y los soles”, dijo Gil.
La convivencia, como la llaman, concluirá el 25, con la salida del nuevo sol. “Experimentaremos los cuatro caminos de los tres meses solar-lunar del año, es decir, los cuatro círculos. Y compartiremos lo aprendido en la última luna-sol, el sentir ante quienes asistan, y en particular, al Gran Espíritu, a la Naturaleza, Animales y Monte”.
Las ceremonias incluyen ritos contra las malas energías, contra el mal uso de los elementos, contra el cáncer y los tumores; por la fertilidad, para eliminar la impotencia y colaborar en la energización y el vigor.
Roque Gil valora que esta festividad ha perdurado desde tiempos ancestrales y que la sigan manteniendo. Desde que él asumió la autoridad de la comunidad, la celebración está abierta a cualquier persona que quiera participar, sin importar que no pertenezca a la cultura huarpe.
