La dueña del geriátrico del horror fue llamada «el ángel de la guarda» de un camionero hace tres años

29 de enero de 2025

Hoy es noticia nacional por ser la propietaria de un geriátrico de Justo Daract, donde hace unos días rescataron a ocho ancianos, desnutridos, golpeados y enfermos. El fiscal de Villa Mercedes que la investiga dijo que está a un paso de imputarla por un combo de delitos, desde amenazas hasta abandono de persona. La comunidad daractense ya no la quiere ahí. Es más, el lunes marcharon por las calles para pedir que la encarcelen cuanto antes a ella y a su hija, por estar al frente de un asilo donde maltrataban a los abuelos, al punto de atarlos a las camas.

Pero hace tres años la misma persona fue noticia en medios locales y nacionales por un gesto totalmente opuesto y que resulta hasta incomprensible en vista de todo lo que se ventiló esta semana sobre el geriátrico del «horror».  Según reportaron esos portales de noticias, la mujer, de unos 60 años, tuvo el desinteresado gesto de viajar a otra provincia, exclusivamente para encontrar y darle trabajo a un camionero que solo contaba con lo que «tenía puesto». Un afamado canal de Buenos Aires hasta la llamó «el ángel de la guarda» de ese hombre, un total desconocido para ella.

Huberto, ahora de 65 años, junto a su «salvadora», cuando ella viajó a buscarlo a Huinca Renancó.

La mujer (a quien este medio por ahora no identificará con su nombre porque aún no fue imputada formalmente por la Justicia) estuvo apenas 24 horas demorada en la Comisaría 18°, junto a su hija de 25 años. Las arrestaron el viernes pasado luego de allanar el asilo que tenían en avenida Hipólito Yrigoyen 839. El fiscal José Olguín confirmó que encontraron allí a ocho ancianos en estado de total abandono y maltrato. «Agua y pan», les suplicaron los abuelos apenas vieron a los policías entrar a las habitaciones, donde dormían hacinados y prácticamente sin ventilación.

De hecho, tras el allanamiento y las aprehensiones de las mujeres, no dejaron de circular audios, en los que se escuchaba la voz de la sospechosa ordenándole a su última empleada que «le hiciera el favor» de golpear y atar a la cama a un anciano porque ya la tenía cansada. A la par de esa prueba, también salieron a la luz un par de fotos de las víctimas, de más de 80 años, amarradas a sus camas.

Pero en febrero de 2022 miles de argentinos conocieron a la ahora denunciada a través de la historia de Huberto Rodríguez, un camionero de Misiones que decidió recorrer el país a pie en busca de trabajo. Partió de su provincia a finales de enero de ese año, solo con una bolsa, en la que llevaba sus documentos, el carnet de conducir y el certificado de vacunación contra el coronavirus.

Al principio no le fue bien. Huberto, por ese entonces de 63 años, pasó varios días sin comer y también sin dormir, porque no conseguía donde quedarse. Después de 16 días, con los pies hinchados y llenos de ampollas de tanto caminar, se topó con un camionero que lo llevó hasta la localidad cordobesa de Huinca Renancó.

Una vez allí, Walter, un vecino que se conmovió con su historia la dio a conocer a través de las redes sociales. Así arrancó una cadena de favores, que lo llevó hasta La Pampa. Una familia de la zona se acercó a la estación de servicio donde estaba el misionero y lo llevó hasta la localidad pampeana de Realicó.

«Pensé ‘no puedo dejarlo tirado’ y lo fui a buscar»

La historia del hombre, que ya circulaba por las redes sociales, llegó hasta los oídos de la propietaria del geriátrico de Justo Daract. La mujer, que también se identificó como una camionera de alma, se contactó con la familia que había ayudado a Huberto y le pidió que lo acercaran de vuelta a Huinca Renancó, porque ella iría hasta ahí, a buscarlo.

Febrero de 2022. Huberto junto a la dueña del geriátrico y dos de las personas que lo ayudaron.

Así, de la nada, según le relató a los medios, la dueña del asilo salió de su casa y motivada simplemente por «el deseo de ayudar» y con el corazón tocado recorrió casi 200 kilómetros.

Se encontraron en una estación de servicio. El misionero había pasado ahí la noche y, gracias a un policía y a una empleada, había desayunado.

Un conocido medio de noticias de Buenos Aires describió que a Huberto «le brillaron los ojos» cuando vio a la mujer de Justo Daract, porque presentía que ella «se iba a transformar en el ángel de la guarda que le haría recuperar la dignidad que da un trabajo». Se conmovió tanto con el sacrificio del hombre que, no sólo le dio empleo, sino también un lugar donde vivir.

«¿Cómo no iba a ayudarlo? Yo soy camionera y mi marido también lo era. Cuando me enteré, pensé ‘no puedo dejar tirado a un camionero en la ruta’, y salí a buscarlo», expresó la ahora denunciada por el geriátrico de los maltratos.

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