La historia de Miguel Arce, de Vicario a Concejal de Villa Mercedes

5 de diciembre de 2023

Integró la lista de concejales de Cambia San Luis. Fue tercero en la orden de sucesión en la conducción de la Iglesia de San Luis. Ahora comienza una nueva etapa de su vida.

¿Cómo esta Miguel Arce a minutos de convertirse en concejal?

Digamos, que estamos casi estrenando este título, y esta responsabilidad que me dio la comunidad.

¿Sacerdote de que barrios?

Estuve en las 960, el barrio San José, después también fueron 13 años como capellán de la V Brigada Aérea Villa Reynolds, el barrio privado Los Caldenes, toda esa zona. Y unos tres años, simultáneamente atendí la Iglesia de la Paz, en la calle Moreno, entre Brasil y Bélgica. Sin olvidar que fui cura durante 10 años de Fraga.

¿Llegó a ocupar los primeros cargos en la iglesia?

Sí, llegué digamos a ser el número tres, podría decir, en la línea jerárquica de la diócesis de San Luis. Está el Obispo, y después venía el vicario general que, en realidad estaba en ese momento circunscrito más a lo que era la ciudad de San Luis y gran San Luis. Y, después, el resto que es Villa Mercedes y el Sur, toda esta zona. Se llama la vicaría en la cual resulté electo para ser el vicario episcopal, representante del obispo para toda esta zona.

¿Dónde nació?

Yo nací en San Luis, hace 51 años, en el Barrio Sargento Cabral. Muchos no lo conocen porque, bueno, está al lado del barrio Rawson, que era un barrio bravo. Entonces, todos me cargaban y me decían, vos sos del barrio Rawson. A una cuadra del cementerio del Rosario. Un cementerio que en San Luis se le decía el Cementerio de los Pobres. No el que está en el centro, sino el que está pasando la avenida.

¿Cómo fue tu infancia?

La infancia mía ahí fue un poco entre el cementerio, porque jugábamos al fútbol a la noche, al lado, en una calle, que tenía el paredón del cementerio, era una pared bajita y caía la pelota. El que tiraba la pelota, debía ir a buscarla, a la noche, jugábamos a los penales, había que pegarle bien para que no se levante, si no terminabas entre las tumbas.

¿Trabajaste cuando eras chico?

Vendíamos agua en la época del Día de las Ánimas, que se decía. O el Día del Padre, el Día de la Madre, que iba mucha gente. Entonces nosotros hacíamos como de aguateros de la gente. Las piletitas con agua estaban lejos. O sea, para muchas personas mayores. Entonces íbamos con el baldecito o con la botella y buscábamos el agua. Estábamos en la puerta del cementerio. Y decíamos, ¿doñita quiere agua para las flores? Bueno, sí, venga, mi hijo. Entonces iba y la acompañaba. Le ibas llevando agua para poner en el florero.

¿A quién recordas además de los amigos y tu familia de aquellos tiempos?

La hermana Paulina, una monjita que nos ha criado a todos, jugábamos todo el día al fútbol, y estábamos ahí, en la iglesia.

¿Y a la escuela?

Fui a la escuela Misiones, que está al frente del Club Victoria, toda la primaria, después la secundaria en la Escuela Industrial de San Luis. Realmente fueron seis años muy lindos, muchas aventuras deportivas.

¿Cómo llega el llamado de Dios?

Yo a los cinco años colaboraba con la hermana Paulina, que hacía mucha actividad social, ayudaban mucho. La actividad de la hermana Paulina en esa zona es como si estuviéramos hablando que esta religiosa atendía una gran barriada. Y mi mamá era una de las que participaba con otras mujeres de ese grupo. Entonces, bueno, mi mamá a veces los sábados iba a ayudar, y me dejaba ahí con los otros niños en el catecismo. Yo era chico, cinco años. Entonces un día la hermana se le dio por preguntarme el catecismo, yo no sabía leer todavía, tenía cinco años. Y bueno, empezó a preguntar y resulta que sabía bastante el catecismo. Entonces fue y lo hablaba a Monseñor Laise en ese momento, pidiendo un permiso especial para ver si yo podía hacer la comunión a los cinco años. Y bueno, sí, me lo dio y a los cinco años. realice la comunión, hay fotos que tengo, que se ve que me andaba grande el reclinatorio, no podía hincarme bien. Y a los seis pude hacer la confirmación. El moño me quedaba inmenso. Mi mamá me hizo un trajecito, me pusieron el moño y todo. Siempre tuve una vida religiosa, muy activa, era como natural en mí. Y después sí, cuando estaba A fines de la secundaria, entré a un grupo de jóvenes, ahí en la iglesia Catedral, y bueno, ahí empecé a misionar a distintos pueblos y eso ahí realmente prendió muy fuerte en mí el llamado, la vocación a la vida sacerdotal.

¿Y como era la relación con las chicas?, ¿tenías novia?

Yo no tenía mucho levante en el boliche. Más bien el levante era quizás en los grupos de amigos, cosas así. Me encantaba bailar. En realidad tuve una amiga, novia, que pegó muy fuerte al momento que yo tuve que tomar una decisión. Apostaba fuerte al noviazgo o me iba al seminario.

¿La volviste a ver?

Sí, sí la he vuelto a ver, sí está felizmente casada. Creo que uno deja esto, que es muy bueno, por algo que es mucho mejor todavía, o al menos yo lo veía en ese momento así.

¿Y te fuiste a dónde?

Entré al seminario ahí en El Volcán, el 25 de febrero de 1991, me acuerdo, a las cinco de la tarde, pleno verano. Lo atesoré mucho en mi corazón ese día que entré, acompañado por mi familia, ahí empezaba una nueva vida, con diecinueve años, recién cumplidos. Somos cuatro hermanos, dos varones y dos mujeres, yo le anuncio a mi familia que iba a entrar al seminario el día de mi cumpleaños, el 30 de enero, mi mamá y yo cumplimos el mismo día, fue mi padre quien organizó una cena para festejar.

Les tiré un baldazo de agua fría porque, claro, nadie se esperaba. O sea, como que sí, pero no. Como que se podían dar cuenta que yo estaba muy metido con el tema del seminario, pero no sé si esperaban esa noche que lo dijera. Y mi hermana mayor, que fue una mujer que me ayudó.

¿Por qué después de tanto sacrificio deja el sacerdocio?

En el seminario, digamos, estás estudiando a full, estás compartiendo todo el día con compañeros, con sacerdotes, con otros seminaristas, éramos 50, 60 en ese momento, estás de plena actividad. Y después cuando ya venís a la parroquia, cuando salís ya a la vida sacerdotal, pastoral, en las parroquias, es donde ahí, digamos, entra otro tipo de vida y batallas, podríamos decir. En el seminario tenías quizás un tipo de batalla, a la salida tenías otro tipo de batallas.

¿Son más difíciles afuera?

Sí, totalmente. Porque cuando vos estás afuera es cuando estás en el contacto con la sociedad, las 24 horas, y es donde vos empezás a ver y hay cosas que te gustan y otras que no. Yo, en principio, siempre he sido una persona muy social, de compartir, de estar con amigos, compartir con familias, tenía que ir a un acto iba, en un acto de la escuela, si tenía que ir a un acto de lo que sea iba, aparte por el hecho de ser capellán de la brigada siempre estaba en actos, formaciones, siempre, siempre. Siempre estuve y participé, o sea, no era una persona así, aislada, pero también eso, digamos, el hecho de estar en el mundo me hizo ver algo que después de las 7, 8 de la tarde me dejaba un poco de tristeza. Después de los 10 años, digamos que son esos 10 años de gran trabajo, ímpetu, vida pastoral, parroquial, después de los 10 años empezás como a sentarte, a tranquilizarte y empiezas a ver otras cosas que al menos a mí, me hicieron un poco de ruido, las personas tenían sus compromisos y vos te quedas solo a veces enfermo sin que alguien te vaya a comprar un medicamento, se bajaba, el telón se cerraba y quedabas solo, quedabas solo y solo… hubo cosas que también se dieron un poco así providencialmente.

¿Y la política?

Mi papa fue quien me llevó, cuando tenía 11 años, al acto de Raúl Alfonsín en San Luis. Y yo pensaba en toda esa gente que llenaba una manzana, era la Plaza Pringles. Luego en la secundaria había profesores, había varios, que eran de la política. Me acuerdo que había un diputado radical, que nos daba clases. Y nos decía a dos o tres, muchachos, ustedes tienen que participar. Hablan mucho, dicen, tienen que participar. Y nosotros nos metíamos de a poco.

¿Cómo te ves en tu función de concejal?

En la calle, los barrios, pero no es una retórica, es algo que quiero hacer de verdad, conocer y poder ayudar, ya que tengo el croquis de las necesidades de la gente. El gobernador Claudio Poggi nos ha prometido trabajar todos juntos, y creo mucho en su labor.

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