El canciller Carlos Saavedra Lamas fue honrado con el galardón de la Paz. Eligió recibir el diploma y la medalla en Buenos Aires, no en Noruega. Su hijo vendió la presea.
Era la primera vez que un latinoamericano recibía un premio Nobel, lo que debía ser motivo de orgullo generalizado, no solo para el galardonado. Pero la distinción de obtener el máximo galardón internacional, el de la Paz de 1936, que recayó en el canciller argentino Carlos Saavedra Lamas, resultó deslucida. Por las sospechas de parcialidad del gobierno argentino en la mediación ante la Guerra del Chaco, entre Paraguay y Bolivia, que motivó la premiación al diplomático; por las suspicacias sobre el propio galardonado; y por el desaire de su jefe político, el presidente de la Nación, Agustín Pedro Justo, que no fue a la ceremonia porque consideraba que el premio tendría que haber sido para él.
Hasta la actitud presuntuosa de Saavedra Lamas empañó el reconocimiento. Hoy se cumplen 87 años de la ceremonia en que, el 6 de junio de 1937, le entregaron el diploma y la medalla del Nobel. Pero no los recibió en Oslo, Noruega (donde se entrega el de la Paz; los otros son entregados en Estocolmo, Suecia), sino en una ceremonia privada en su casa, en Quintana y Callao, en el barrio porteño de Recoleta.
El 10 de diciembre de 1936 había estado en la ceremonia en Europa, pero dispuso recibir el diploma y la medalla en Buenos Aires. Quería que la prensa local reflejara el acontecimiento porque pensaba que era la mejor ocasión para lanzar su campaña como candidato a presidente de la República. Pero ni siquiera hubo un acto oficial. Los hombres de su propio partido menospreciaron el reconocimiento. Para empezar, Justo, presidente en ejercicio, estaba disgustado con la distinción a su canciller, porque él había impartido las instrucciones de mediar en la guerra entre los países vecinos. Y pensaba que, en todo caso, el galardonado debía ser él.
Saavedra Lamas (bisnieto del presidente de la Primera Junta, Cornelio Saavedra) fue distinguido por la Fundación Nobel por haber encabezado la comisión de mediación que puso fin a la guerra entre Paraguay y Bolivia por la soberanía en el Chaco Boreal. Y por haber desarrollado el Pacto Antibélico o Tratado de No Agresión y Conciliación, un instrumento jurídico internacional que contribuyó a las buenas relaciones entre las naciones, firmado por 21 países de América y Europa en 1933; hoy conocido como “Pacto Saavedra Lamas”.
Con la mediación argentina en la Guerra del Chaco (comenzada en 1932), el canciller logró un armisticio el 12 de junio de 1835, tras la Conferencia de Paz celebrada en Buenos Aires, con lo que evitó la intervención del ejército de Estados Unidos en la guerra: el país del norte tenía interés en lograr el control económico de la región ante la presunción que había petróleo en la zona.
Luego Saavedra Lamas, en representación de la Conferencia Panamericana, presentó la propuesta de tregua, aceptada por Bolivia y Paraguay, que firmaron el tratado de paz definitivo tres años después.
El “Pacto Saavedra Lamas” condena las guerras de agresión -aquellas iniciadas sin ninguna justificación- y promueve el arreglo pacífico de las controversias internacionales de cualquier clase que sean. Además, declara que, entre las partes contratantes, las cuestiones territoriales no deben ser solucionadas por medio de la violencia. Y postula que no se reconocerán los arreglos territoriales obtenidos por medios violentos ni la validez de la ocupación o adquisición de territorios por la fuerza de las armas.
Incluso en la posteridad, la premiación al primer Nobel de la Paz argentino y sudamericano tuvo ese sino azaroso del principio: tras morir Saavedra Lamas en 1959, su único hijo, Carlos Roque Saavedra Sáenz Peña, vendió la medalla debido a problemas que tenía con la Justicia.
Más tarde fue rescatada de una casa de empeños y vendida varias veces, hasta que en 2014 la Casa Stock Bowers se la vendió, en una subasta, a un coleccionista de Asia, por más de un millón de dólares.
