Pasaron ocho días del allanamiento al geriátrico de Justo Daract, denunciado por maltratos a sus residentes. En la requisa, los ancianos parecían que habían visto la luz cuando los policías entraron a sus dormitorios para rescatarlos. Estaban sedientos y hambrientos.
Según detalló el fiscal de Villa Mercedes José Olguín, los ocho abuelos estaban visiblemente desnutridos, deshidratados, enfermos y con signos de haber sido amarrados a sus camas.
De hecho, hace un par de días, “Pepe”, uno de esos entrañables residentes falleció. Él fue uno de los que tuvo que ser internado de inmediato tras ser retirado del geriátrico. Y mientras las dos principales sospechosas de los maltratos, la dueña del lugar y su hija, siguen en libertad, dieron a conocer lo que les cobraban a los familiares de los abuelos por su estadía en la residencia para adultos mayores. Los precios iban de 350 mil a 900 mil pesos, según “el trabajo” que conllevaran “los cuidados” de cada persona en particular.
De acuerdo a lo que detalló Olguín, las tarifas en el asilo, de avenida Hipólito Yrigoyen 839, eran de “350, 400, 800 y hasta 900 mil pesos”. Indicó, por otro lado, que el lugar no tenía ningún tipo de comodidad y dio a entender que las víctimas estaban allí hacinadas.
“Los espacios eran chicos, con techos bajos. Había apenas un ventilador y un aire acondicionado viejo”, precisó el fiscal instructor, quien recordó que hallaron a los ancianos durmiendo desnudos en sus camas por el sofocante calor de las habitaciones. Calculó que el geriátrico tenía un espacio total de 50 o 60 metros cuadrados. “Agua y pan nos pidieron apenas nos vieron”, contó.
Relató que, en todo el sitio, no hallaron nada de mercadería. Solo supieron, por el comentario de una mujer que debía alimentar a los abuelos, que ese día tenían previsto cocinar solo tres milanesas para los ocho abuelos. Esa sería la única comida que tendrían durante el día: el almuerzo.
Olguín también indicó que no encontraron evidencia de que los damnificados tuvieran un seguimiento médico y que de que cada uno recibiera su medicación. “Solo hallamos un táper con algunos remedios sueltos cuando, por lo general, un adulto mayor toma varios medicamentos”, comentó.
Sheila, la última empleada que tuvieron las sospechosas y quien las denunció por los maltratos que sufrían los ancianos, relató que a las víctimas, en su mayoría de más de 80 años, les daban apenas un mate cocido.”Encima no era el mate cocido en saquitos, sino que lo hacíamos con yerba y se lo dábamos solo con una rodaja de pan y una sola cuchara de azúcar”, reveló la joven sobre la manera en que sus ex patronas le ordenaban que atendiera a los residentes.
Alfredo Domínguez: “No miramos para otro lado”
Luego de una agitada semana en Justo Daract, con constantes reclamos de sus vecinos en las redes sociales y hasta en las calles, para que las dueñas del asilo sean encarceladas y cuestionando al Municipio daractense por no haber clausurado el lugar antes dado que supuestamente estaba inhabilitado, el intendente de la localidad, Alfredo Domínguez, rompió el silencio. Aseguró que colaborarán con la investigación judicial. “Este intendente y la Municipalidad se ponen a entera disposición de la justicia para que se investigue a fondo. No miramos para otro lado”, afirmó en el programa “Buenos días, mi gente”, conducido por Alejandro Bustos en FM Splendid Villa Mercedes (99.5 MHz).
También criticó a quienes buscan aprovechar políticamente lo que sucedió en el geriátrico. “Nos molesta el ‘caranchismo’ político de quienes quieren o pretenden sacar ventaja de esta situación espantosa”, expresó.