Paulo y Jorge Rubén Isaguirre, los hermanos que se agredieron con un rastrillo en la calle y estuvieron a un paso de agarrarse a las piñas en los tribunales de Villa Mercedes, recuperaron la libertad. En la audiencia de este miércoles, el juez de Garantías, Alfredo Cuello, les preguntó si habían resuelto sus diferencias y si se iban a abstener de cometer otros ilícitos y los hombres respondieron que sí. Eso bastó, la promesa de palabra de ambos fue suficiente para convencer al magistrado de liberarlos. Eso sí, quedaron imputados por dañar una patrulla policial en medio del ataque que protagonizaron en el barrio Covimer II.
De esa manera, el juez no hizo lugar al planteo que había hecho minutos antes la fiscal instructora Daniela Torres, cuando requirió la prisión preventiva para los dos «Cola Verde», como llaman a varios miembros de la familia Isaguirre, conocidos por su pesado prontuario delictivo.
En el caso de Paulo, la representante del Ministerio Fiscal basó su pedido en el hecho de que ese Isaguirre tiene vigente una condena de tres años de prisión en suspenso, desde el 26 de diciembre, por una causa de robo.
Los hermanos, además de prometer que ya no ocasionarán problemas ni cometerán más delitos, fijaron domicilio en dos viviendas separadas, las de sus hijas.
La pelea que les valió unos días en los calabozos de las comisarías, sucedió en plena calle, en 1° de Mayo y Landaburu. En medio de la riña, uno de los imputados cayó sobre el capó de un móvil policial y, luego, dañó la zona del baúl de la patrulla.
Los efectivos que habían llegado, alertados por un llamado al 911, requirieron apoyo porque nada calmaba a los Isaguirre.
Cuando vieron arribar a los refuerzos policiales, los hombres de 38 y 45 años ingresaron a una vivienda cercana, la de su madre.
Con la autorización de la mujer, los uniformados entraron a la casa. Una vez dentro, arrestaron a los hermanos. Se habían lastimado el cuero cabelludo con el rastrillo, pero igualmente ninguno de los dos quiso denunciar al otro.
La audiencia de formulación de cargos, que hicieron al día siguiente en los tribunales, el juez, la defensora y la fiscal tuvieron que realizarla en apenas minutos porque Paulo y Jorge querían, al parecer, irse a las manos.