Lo acusan de abusar a un sobrino, aunque el nene después admitió que inventó todo; podría ir preso 4 años

El supuesto ultraje ocurrió el 1° de agosto de 2020, en Justo Daract. El menor de edad dijo que el hombre lo amenazó con matarlo a él y a su tía con un cuchillo si hablaba.
17 de diciembre de 2025
El acusado a la izquierda junto a su abogado, Javier Quiroga, y el fiscal Ernesto Lutens, a la derecha. (Foto: Marina Rubio).

Desde mediados de 2020 que la vida de M.V., un vecino de Justo Daract, cambió para siempre. L., el sobrino de quien era su pareja, a quien veía seguido, pronunció unas palabras que destruyeron todo lo que había construido. La familia se quebró, se separó de la madre de sus seis hijos y conoció la cárcel. Estuvo ocho meses en el Servicio Penitenciario de San Luis, hasta que, por intercepción de su abogado, la Justicia convirtió ese encierro en el penal en uno domiciliario, con la posibilidad de salir solo para concurrir a su trabajo, dado que era el único sostén de tan numerosa familia. L., que ahora tiene unos 19 años, lo acusó de que el sábado 1 de agosto de 2020, luego de discutir con su pareja, su tío lo manoseó y lo amenazó con un cuchillo, con el que recorrió distintas partes de su cuerpo, bajo la amenaza de que si hablaba lo mataría a él y a su tía tan querida.

La mañana de este miércoles el fiscal Ernesto Lutens solicitó que sea condenado a cuatro años de cárcel y su abogado, Javier Quiroga, requirió directamente su absolución. El mediodía de mañana (jueves) el tribunal que lo juzgó las últimas semanas, integrado por los jueces Daniela Estrada, Mauro D’Agata Henríquez y Cintia Martín, dará a conocer su fallo, es decir, si lo convence la existencia de un abuso sexual y que el autor haya sido M.V.

Pues este caso presenta una particularidad. Aunque no fue tenida en cuenta como prueba, tras el encarcelamiento preventivo del acusado, una de las hijas del hombre habló por teléfono con su primo, la supuesta víctima. En esa conversación, en la que la chica le pedía explicaciones al menor sobre por qué había dicho semejante cosa sobre su padre, L. le confesó que estaba arrepentido y que terminó inventando eso porque lo atormentaba ver cómo su él trataba a su tía cada vez que se emborrachaba.

Antes de los alegatos, el acusado declaró. Dijo que hasta hoy no logra entender por qué lo denunciaron. Desde ese momento, no volvió a mantener contacto con la familia de L. A preguntas de su defensor, respondió que siempre en su casa trataron bien a la supuesta víctima que, por entonces, tenía 14 años. «Siempre que venía se le brindaba todo. Era un chico que muchas veces se quedaba con nosotros, los fines de semanas. Se quedaba a dormir», detalló. Pero aclaró que jamás se quedó a solas con él. Era imposible, ya que su vivienda es chica y tiene seis hijos, de diferentes edades que todo el tiempo daban vueltas, jugaban o hacían otra actividad.

Quiroga le preguntó, sin rodeos, si alguna vez tocó al chico. «Jamás haría eso. No soy esa clase de persona», aseguró su cliente.

Después Lutens ratificó la acusación contra el hombre por “abuso sexual simple agravado por el uso de un arma” y solicitó que el tribunal lo sentencie a cuatro años de prisión efectiva. Señaló que el relato del menor de edad en la Cámara Gesell, el reporte de la psicóloga judicial que lo entrevistó y un examen médico de «un corte» cerca de los glúteos son suficientes para avalar que el ultraje sucedió, aunque exista la grabación de una llamada telefónica entre los primos. Refirió que lo que haya comentado L. en esa comunicación no sobresee a M.V.

Repasó que, como tantas otras veces, el chico fue hasta lo de su tía. Cuando estaba en la vivienda, el imputado y la mujer discutieron. Después, el adolescente quedó a solas con el  hombre. De acuerdo al testimonio en Cámara Gesell, el adulto lo llamó a su dormitorio. “L. contó que en la pieza su tío le dijo ‘vamos a hacer una cosa que nunca habíamos hecho. Vos no vas a decir nada’ y sacó un cuchillo que le colocó en la nuca”, consta en el informe de la psicóloga judicial, Analía Ávalos.

Lo manoseó por encima de su ropa y el chico le quitó la mano con la que lo tocaba. El imputado reaccionó peor. Dijo que lo sujetó de una muñeca, le advirtió que no permitiría que lo tratara de esa forma en su casa y le aseguró: “Ahora tengo ganas de matar a alguien”. Le colocó el cuchillo en la garganta. A pesar del  miedo, L. empujó a su tío, quien cayó en la cama y escapó del domicilio.

También criticó que el informe del psicólogo propuesto por Quiroga no tuvo en cuenta que el damnificado posee una discapacidad auditiva, un retraso madurativo, que estaba traumado y que la audiencia en Cámara Gesell fue tres meses después del denunciado manoseo.

A su tiempo, el defensor desacreditó por completo el testimonio de la presunta víctima. Destacó que su perito de parte, el reconocido psicólogo Mario Cardarelli advirtió cuatro versiones distintas en la audiencia de Cámara Gesell. “Dijo que le pasó el cuchillo por la nuca, cuando primero había dicho que lo hizo en los glúteos”, puntualizó. A continuación, afirmó que recorrió su garganta con el arma blanca.

En un principio relató que el cuchillo estaba en un mueble, pero luego narró que saco el elemento cortopunzante no sabe de dónde. Por otro lado, explicó que lo que el fiscal calificó de «corte», en realidad, era “un raspón de 0,5 centímetros”. A eso agregó otro punto de contradicción. Indicó que la herida estaba en un glúteo, pero en la Cámara Gesell el adolescente mencionó claramente que el hombre no lo tocó desnudo, pues tenía un pantalón de jean que jamás se bajó porque estaba con un cinturón.

Y ahondó más. “Acá no hay ningún pantalón que tenga una rasgadura”, remarcó, así como el hecho de que jamás secuestraron un arma blanca. Recordó que L. reconoció que no tenía idea de la existencia de ese «raspón». La médica que lo revisó fue quien lo advirtió.

Respecto a las conclusiones de Cardarelli, sintetizó que el profesional no observó en el menor de edad patrones propios de una persona que haya sufrido un ataque sexual.

Mencionó que, además de la grabación, antes del sábado 1 de agosto de 2020, L. le había anunciado a su tía que si no se ocupaba de desalojar al acusado con la Policía, él lo iba a hacer. «Sin duda alguna L. y su accionar respondió más a producirle un escarmiento a mi cliente por los supuestos maltratos hacia su tía», manifestó.

 

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