Dos hombres de Villa Mercedes fueron el fiel ejemplo de que, aunque por sus venas corra la misma sangre, eso no los hace exactamente unidos y pueden llegar al punto límite de enfrentarse a muerte, como enemigos. Se pelearon con el medio que tuvieron a su alcance. Primero a mano limpia y después con los elementos que hallaron más próximos. Ladrillos y hasta un cuchillo. Tenían una espectadora, que ni siquiera les importó: su madre. La mujer se desmayó y tuvo que ser asistida por el personal de una ambulancia. Cuando volvió en sí se enteró de que sus hijos estaban en los calabozos de un par de comisarías.
La única buena noticia que recibió esa madre de 64 años es que ninguno de sus hijos, de 30 y 32 años, había logrado herirse. Los hombres hicieron a un lado la familia y dieron lugar a la violencia sin miramientos en un domicilio de Italia al 2100, en el barrio Villa Celestina.
Un llamado al 911 sobre «disturbios» con un arma blanca de por medio movilizó a un par de patrulleros de la División de Respuesta Inmediata Motorizada (DRIM). Cuando los policías arribaron al lugar referido una mujer rápidamente los puso al tanto. Les contó que sus hijos estaban fuera de control y se atacaban con lo que sea, con «ladrillos, un arma blanca y golpes de puño».
Desesperada, la dueña de casa les permitió a los patrulleros entrar para que controlaran a los hombres. Ninguno de los dos acató las órdenes de los oficiales. Uno intentó darse a la fuga y el otro lo logró. Pero ese segundo no llegó muy lejos. Lo ubicaron cerca de la casa, escondido entre unos arbustos. Hasta el final dio cuenta de que no era nada manso. Se mostró molesto y agredió verbalmente a los uniformados.