Matricidio: la mujer fue golpeada unas 12 veces con un puñal tipo machete, tenía dos costillas y una mano quebradas

El hombre de 45 años agredió a Marta Bossa de Rotte en la espalda, la cintura, el pecho y la cabeza. El arma no tenía filo, pero sí gran tamaño. Los más de cuatro golpes que le hundieron el cráneo le quitaron la vida, confirmó la autopsia.
19 de marzo de 2026
La víctima vivía con su hijo en el barrio Belgrano, en Ivanowsky 120. (Foto: FM Latina).

Fabricio Rotte sigue internado en la unidad de cuidados intensivos del policlínico regional de Villa Mercedes. Si pelea por su vida o no es difícil saber. Tiene la mente de un esquizofrénico paranoico, una persona acechada por miedos, alucinaciones, escenas, personas, seres que no están y solo viven en su cabeza. Su madre, Marta Bossa de Rotte, quien lo acompañaba y tenía que sufrir a su lado el martirio que solo alguien con un trastorno mental de esas características sabe cómo es, ya no está más. Él la mató. Fue violento y no tuvo freno. ¿Quién sabe qué se le representó enfrente cuando vio a la mujer que más lo amaba en este mundo? Debió ser horrible porque, según reveló la autopsia, atacó con un puñal, muy similar a un machete, al menos una docena de veces a su madre, en diferentes partes del cuerpo, le fracturó costillas y también los frágiles dedos de una mano. Pero fueron los golpes en la cabeza, esos que le hundieron el cráneo, uno de los huesos más gruesos y duros, los que apagaron su vida para siempre.

La mujer de 69 años tenía más de cuatro golpes en la cabeza, le confirmó una fuente a Todo Un País. La Real Academia Española (RAE) define a una estocada como un golpe efectuado por un arma blanca u otro elemento de naturaleza semejante. Sin embargo, en este crimen en particular las puñaladas que el hombre de 45 años asestó contra su madre parecieron más traumatismos que lesiones producidas por el filo y la hoja, en este caso, de un puñal; las cuales hubieran implicado un corte y una perforación con hundimiento.

El arma que usó era de grandes dimensiones, casi las de un machete, pero no tenía filo. El informante que habló con esta periodista explicó que con ese elemento la atacó en la espalda, la cintura, el pecho y la cabeza. Al carecer de filo no constituyeron, técnicamente estocadas, sino «golpes dados no con la parte superior del cuchillo, sino con el lomo del arma blanca». Esa descarga de fuerza sobre el cuerpo provocó cortes en la delgada piel de Marta, mas no perforaciones que traspasaran su superficie.

Otra fuente le reveló a esta cronista que la víctima también evidenciaba lesiones o, al menos, signos de defensa. Sin embargo, a la pregunta de si era posible que la herida con un cuchillo, por la que está internado Fabricio, la haya provocado su mamá en un intento por protegerse, otro informante lo descartó de plano. «Fue una lesión autoinfligida «, de unos seis centímetros, en la zona del ombligo.

No fue una herida cualquiera, esa última sí se trató de una puñalada. Fue tan profunda que alcanzó sus intestinos. Por eso debió ser trasladado al hospital y operado sin perder un minuto.

De acuerdo con lo que comentó esa fuente la de la noche del miércoles no fue la primera vez que el presunto asesino atacó a su madre. Aunque no hay constancia de esa anterior o anteriores agresiones, porque jamás quisieron denunciarlo.

Los investigadores mientras tanto tratan de establecer si el hombre seguía un tratamiento para ese maldito trastorno que escapa al control de quien lo padece y lo sufren también los que más lo quieren.

 

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