Lionel Messi transita su vida adentro y afuera de una cancha de fútbol con lo filosofía que reza la leyenda que está sobre el césped del «Monumental», a centímetros de la raya lateral de la platea Belgrano Baja: «Vivir y jugar con Grandeza».
Las luces de los drones que estrellaron el cielo de Núñez con su silueta, con la casaca y con el número 10, hipnotizaron a más de 85 mil almas tras el 3-0 a Benín, que tuvo su marca registrada en la red, en el gol que rubricó el resultado.
Las lágrimas de su compañero Enzo Fernández, estremecieron. Desconsolado como cuando niño le escribió una carta para que no dejara la Selección.
Las lágrimas de Thiago, enternecieron. El hijo mayor de Leo, de 14 años, apoyó su rostro y dejó caer las lágrimas sobre el hombro del papá.
Las gentes de las tribunas lloró emociones, lapidarias… por lo que nos hizo vivir jugando a la pelota y por lo que ya no veremos.
Messi siempre habló en el césped. Pero anoche, y como otras tantas veces, dejó un mensaje de liderazgo, de la talla de su talento.
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“Son muchas emociones, obviamente lo primero que pienso es en mi viejo”, fueron sus primeras palabras. Luego tomó aire, y como en los últimos 25 minutos antes Inglaterra paró la pelota y arrancó, contundente.
Dijo sobre la derrota frente a España en la final del Mundial: “La realidad es que no pasó nada raro como se dice, lo dimos todo. El partido contra Inglaterra fue un desgaste muy grande para nosotros a nivel de piernas, a nivel emocional. Llegamos con lo justo, lo peleamos como hacemos siempre pero lamentablemente no pudimos ser campeones. Pero no tengan duda de que cada compañero lo dejó todo por esta camiseta”.
Messi no menciona a nadie en particular, siempre «todo» y «todos» son lo más importante: “Solo me queda agradecer. Ha sido muy importante para mí vestir esta camiseta durante 20 años. Nunca dejé de luchar, de pelear, de querer estar siempre. Es un momento muy difícil para mí, pude recorrer todo el país jugando y soy un agradecido por todo lo que me tocó vivir”.
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“Gracias a mis compañeros que me hicieron ser campeón de todo lo que jugamos. Tenía a mi lado a unos guerreros que se dejaban la vida”.
Sabe que lo viene será bravo: “No venir más va a ser un dolor grande. Me gustaría venir siempre porque jugar en Argentina es lo más lindo que te puede pasar. Como dije, el último Mundial ya fue demasiado lo que me tocó vivir».
Observa el estadio de River, y cuenta: “Acá me tocó vivir uno de los mejores días de mi carrera, que fue jugar después de ganar el Mundial (vs. Panamá, post Qatar). Fue hermoso. Aún veo los vídeos y me emociono. Fue espectacular, muchas gracias”.
«Hoy nuevamente acá, seguramente el día más triste. Le digo adiós a la Selección y a todos ustedes. Los voy a extrañar, voy a extrañar defender los colores de la Selección. Ahora me toca estar del otro lado, con todos ustedes bancando a estos chicos y a los que vengan. Siempre unidos».
Y arrasa con un párrafo, con una frase, cuyo contenido debería quedar escrito en las paredes del predio de la AFA, que lleva su nombre: “Para conseguir grupos fuertes hay que conseguir grupos unidos, porque hay gente que quiere ver mal a la Selección y no hay que darles el gusto».
Messi es IA, es Industria Argentina, como titulamos hace algunas semanas atrás en Todo Un País.
Messinfinito, marcamos alguna otra vez.
Sobran los adjetivos calificativos, al fin de cuentas todos quedan resumidos en Messi: su apellido es el adjetivo que mejor califica todo lo bueno.
Prefiero decir que Messi toma distancia. No es que me resista a dejar de verlo con la amada casaca de la patria. Alimento la ilusión de que, mientras siga compitiendo en Inter Miami, a lo mejor pega la vuelta. ¿Por qué no?
Hasta pronto Leo.
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