Mucho antes del fenómeno mundial de “Barbie”, Greta Gerwig ya había demostrado que tenía una mirada única para contar historias sobre mujeres, vínculos familiares y el difícil proceso de crecer. En 2017 estrenó “Lady Bird”, una película que convirtió sus propias experiencias durante su adolescencia en Sacramento en uno de los retratos más sensibles y encantadores de los últimos años.
La protagonista es Christine McPherson, una adolescente que decidió llamarse a sí misma “Lady Bird” y que está convencida de que su verdadera vida comenzará cuando consiga abandonar Sacramento, ingresar a una universidad de la Costa Este y alejarse de todo aquello que conoce.
Su último año de instituto se transforma así en una carrera contra el tiempo. “Lady Bird” quiere enamorarse, hacer nuevos amigos, descubrir quién es y escapar de su familia antes de que alguien pueda convencerla de que todavía no está preparada.
Pero mientras intenta desesperadamente convertirse en alguien diferente, deberá atravesar las experiencias que inevitablemente acompañan a la adolescencia: amistades que cambian, primeros amores, fiestas, inseguridades, decisiones impulsivas y la sensación de que cada pequeño acontecimiento puede cambiarlo todo.
Una historia sobre crecer
“Lady Bird” es una protagonista contradictoria, impulsiva y profundamente humana. Sueña con una vida extraordinaria, pero todavía no sabe exactamente qué quiere hacer con ella.
Ahí aparece uno de los grandes aciertos de Gerwig: transformar situaciones aparentemente simples en momentos cargados de emoción. La película entiende perfectamente esa etapa de la vida en la que uno siente que el presente es demasiado pequeño y que todo lo importante está esperando en algún otro lugar.
“Lady Bird” habla de crecer, pero también de equivocarse. De querer escapar y, con el paso del tiempo, descubrir que aquello de lo que uno quería huir también forma parte de su identidad.
Una relación madre e hija imposible de olvidar
Además, el reparto es de esos que agradan volver a la película pasen los años que pasen. Junto a Ronan y Metcalf también participan Timothée Chalamet, Lucas Hedges, Beanie Feldstein, Tracy Letts y Stephen McKinley Henderson, entre otros. Y resulta especialmente divertido verla ahora sabiendo que varios de sus jóvenes protagonistas acabarían convirtiéndose en algunas de las grandes estrellas de Hollywood.
Con una mezcla de humor, ternura y melancolía, Gerwig construye una película que evita convertir la adolescencia en una sucesión de grandes acontecimientos. En cambio, encuentra emoción en las pequeñas cosas: una discusión familiar, una amistad que se rompe, un amor que no funciona o el simple deseo de sentirse parte de algún lugar.
Y hay un motivo para verla ahora: “Lady Bird” dejará de estar disponible en Netflix el próximo 17 de septiembre. Para quienes todavía no la vieron, es una de esas películas que pueden parecer una historia adolescente más hasta que, casi sin darse cuenta, terminan hablando de uno mismo.
