Poco más de siete años esperó la familia de Aldana Aguilera y su hijita, Natasha, para escuchar la mañana de este miércoles lo que oyeron en una sala de juicios de Villa Mercedes. Juan Carlos Collado, el conductor de una camioneta que violó el paso que le marcaba un semáforo y al cruzar por una esquina, en plena avenida 25 de Mayo, atropelló y arrolló a la joven y a su criatura cuando circulaban en una moto, fue condenado. La jueza Cintia Martín consideró que tres años y ocho meses de cárcel, más ocho años de inhanabilitación para conducir rodados, será suficiente pena, por lo menos del lado de la Justicia, para que el hombre pague por terminar con esas dos vidas.
Pocos o muchos años. Para Edith, la madre de Aldana y abuela de Natasha, y el resto de sus familiares el encierro, de cumplimiento efectivo tras las rejas y no en su domicilio, era todo lo que esperaban a esta altura. Luego de siete años de lucha y de aprender a vivir sabiendo que nada les devolverá las vidas de la joven de 24 años y su criatura de tres, se emocionaron al oír el fallo. Lloraron.

La jueza Cinthia Martín, que conformó el tribubal unipersonal, que juzgó los últimos días al hombre de 72 años, lo halló culpable de «doble homicidio culposo por violar una señalización vial y por ser más de una víctima».
La magistrada ordenó que Collado fuera trasladado cuanto antes al Servicio Penitenciario de San Luis. Primero, al escuchar el veredicto, el ahora condenado se agarró la cabeza y, después cuando vio a su hija desatada, a los gritos, llantos e insultos contra los parientes de los parientes de las víctimas, se quedó de pie, con las manos en los bolsillos y mirando la escena con ojos de desolación, como si ya nada pudiera hacer. Iría al penal, lo que trató de evitar hasta la semana pasada, cuando le ofreció 15 millones de pesos a los padres de Aldana para ponerle punto final al proceso penal.

Pero nada. La familia de las víctimas no querían ni quieren nada de él, que ya les quitó algo que jamás recuperarán. Solo esperaban acción de parte de la Justicia. Algo que le permitió, de alguna manera, al acusado dilitar el proceso penal con constantes apelaciones. Si esa estrategia de su defensor continuaba, el año próximo la causa expiraría.
«¡Asesino, asesino!», le dijeron los familiares de las víctimas con los carteles y las remeras con los rostros estampados de la joven y su nena, al hombre. Él no reaccionó. Su hija sí.
Les devolvió las manifestaciones con insultos: «¡Ella (Aldana) la mató (a Natasha)! Negros de mie…!», les gritó, lloró e intentó seguir a la familia de las víctimas. Pero sus hermanos la sujetaron y le pidieron que se controlara.
Según los parientes de Andana y Natasha, en el último período, no dejaron de recibir amenazas, a través de las redes sociales, que creen fueron enviados por la hija de Collado.
El asesino al votante acabó de cuajo con las vidas de la joven y su nena la mañana del 16 de octubre de 2018. Cuando, a bordo de su Ford EcoSport no respetó la luz roja del semáforo y en la intersección de 25 de Mayo y Ayacucho y colisionó contra las víctimas, que iban en moto. Le pasó la camioneta por encima. No había forma de que sobrevivieran.