Hay una diferencia entre escuchar música y encontrarse con un disco para hacerlo. En el segundo caso aparecen una tapa, una edición, un lado A y un lado B, ese instante en que la púa toca el surco y el gesto de dar vuelta el álbum para su audición. También aparecen recuerdos, historias y conversaciones. Sobre esa experiencia se construyó «Pogo de Discos», una iniciativa que desde 2024 viene reuniendo en San Luis a coleccionistas, melómanos, músicos, DJs y curiosos alrededor del formato musical físico.
La cuarta edición será este sábado 19 de septiembre, desde las 20, en Casa Beta, Lavalle 1521, y marcará una nueva etapa para el proyecto. Además de la feria, habrá una musicalización inicial y luego pista con sets bailables realizados íntegramente con vinilos. Participarán Iván Pianciola, de San Luis; Jokerkilla, de Córdoba; y Tetrahedro, de Merlo.
La historia comenzó en un grupo de chat donde coincidían personas que compartían el gusto por la música y el coleccionismo. Allí estaban Alejandro Simionati, «Polaco» Altavilla y Gastón Velázquez, entre otros melómanos, que ya habían intercambiado discos y CD. La propuesta fue reunir a quienes tenían esa misma búsqueda. la de conseguir música diferente, encontrar ediciones, compartir, comprar, vender e intercambiar.
Y en ese proceso apareció el nombre: “Los discos están siempre haciendo pogo; saltan, van y vienen, se mezclan unos con otros”, explica con gracia Gastón Velázquez al recordar cómo nació la denominación «Pogo de Discos».
La primera edición tuvo el formato clásico de una feria, aunque desde el comienzo la propuesta fue bastante más amplia que una mesa de compra y venta. Hubo vinilos y CD, revistas, VHS, cómics y otros objetos vinculados con la cultura musical y popular, además de música en vivo con selektors y sets de DJs.
Con cada edición, la idea fue tomando otra dimensión. Lo que comenzó como una reunión entre personas que buscaban discos terminó construyendo una comunidad. Y también permitió recuperar objetos y prácticas que parecían haber quedado relegados frente a las nuevas formas de consumo musical.
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El ritual de escuchar
Para Velázquez, los «discos» no pueden reducirse a objetos de colección. “El vinilo es mucho más que un objeto que se compra y se vende”, afirma. Es escuchar un disco completo, recorrer el lado A y el lado B, detenerse en el arte de tapa, conocer qué edición se tiene entre las manos y disfrutar del sonido de la púa reproduciendo la música.
Esa dimensión física es precisamente una de las razones por las que «Pogo de Discos» busca diferenciarse de la experiencia inmediata de las plataformas digitales. Aquí la música requiere una elección, una búsqueda y un tiempo diferente.
También por eso la feria incluye CD, casetes, VHS, revistas, libros y cómics. Son objetos que forman parte de la memoria cultural de varias generaciones y que, para muchos de los participantes, están asociados con los años 80 y 90, con el crecimiento del pop y el rock internacional, el grunge, el metal, las revistas musicales y una época en la que acceder a determinada música implicaba buscarla físicamente.
Pero la nostalgia es solamente una parte de la historia. Hay también una voluntad de que esos objetos sigan circulando. Un disco que ya no tiene lugar en una colección puede ser justamente el que otra persona lleva años buscando. De ese modo, vender o intercambiar no significa necesariamente desprenderse de algo, sino permitir que continúe su recorrido.
La intención, explica Velázquez, es que “los discos giren” y que aquello que para alguien dejó de tener sentido pueda convertirse en una pieza valiosa para otra persona.
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De la feria a la pista
La cuarta edición lleva esa filosofía un paso más allá. Los discos no estarán solamente exhibidos, se van a utilizar para musicalizar y también para bailar.
Los tres DJs invitados realizarán sets 100% en vinilo, recuperando una forma de selección musical basada en elegir cada pieza en el momento y construir el recorrido a partir de lo que ocurre, primero en la feria y luego en la pista.
Para los organizadores, esa diferencia es importante. No se trata de utilizar el vinilo como una decoración o una etiqueta, sino de recuperar la experiencia de seleccionar música físicamente y dejar que una canción conduzca hacia la siguiente.
Velázquez relaciona esa práctica con una época en la que la música también funcionaba como una forma de comunicación personal, como elegir canciones para alguien, grabar una mixtape o armar una recopilación podía ser una manera de transmitir algo que no siempre se decía con palabras.
En ese sentido, «Pogo de Discos» no plantea solamente una defensa del vinilo. Propone recuperar la elección humana detrás de la música, frente a una época en la que buena parte de lo que escuchamos puede ser seleccionado automáticamente.
Después de tres ediciones y con esta cuarta experiencia en formato bar, la intención es que el proyecto continúe. Ya imaginan una nueva edición para noviembre y la posibilidad de seguir generando encuentros alrededor de la música y los formatos físicos.
Mientras la tecnología permite acceder en segundos a millones de canciones, Pogo propone otra velocidad: buscar un disco. mirar una tapa, sacarlo de su sobre, limpiarlo, colocarlo en la bandeja, bajar la púa y escuchar. Y esta vez, además, bailar. Quizá ahí esté la verdadera historia de «Pogo de Discos», que los discos sigan girando, que la música vuelva a encontrarnos y que, de paso, también nos invite al pogo.










