Una Biblia y un himnario. Eso es todo lo que tenía el pastor pentecostal Agustín Pellegrino en 1941, cuando, en solitario, llegó a San Luis y empezó a pararse en las esquinas a predicar el culto evangélico. El pionero desembarcaba con su misión en una sociedad mayoritariamente católica y profundamente conservadora. No fue fácil. Ni siquiera una vez que había logrado unos pocos seguidores. Su hijo Elías -reconocido empresario del rubro de la imprenta en la capital puntana- recuerda que cuando Agustín y sus hermanos de fe caminaban por las calles de la capital puntana solían arrojarles agua y piedras. O la Policía se los llevaba detenidos. Pero la esperanza y la convicción dieron sus frutos. Tanto que una mujer de las que al principio los apedreaban terminó por escuchar su palabra y profesar su culto. Y ahora quienes practican esa religión se cuentan por cientos.
La reconstrucción de la obra del iniciador del evangelismo en San Luis está contenida en una investigación realizada por el profesor de Historia Emmanuel Calivar Chanampa, quien acaba de editar el libro, con el título “La labor misionera de Agustín Pellegrino en San Luis-El trabajo pionero de un pastor pentecostal en una sociedad católica”.
Es deliberada la mención, en el título de la obra, a la identidad religiosa de la sociedad a la que Pellegrino arribaba con su palabra. Ese contexto de mayoritaria pertenencia de los puntanos al culto católico representaba el mayor desafío para la labor que el pastor debía desarrollar.
Pellegrino, nacido en Jovita, Córdoba, había vivido durante su juventud en Cuatro Esquinas, San Luis, y luego en la capital puntana, pero después emigró a San Rafael, Mendoza. Allá, en un salón hecho de adobes y barro, sin piso, cuando tenía 25 años, se convirtió a la fe evangélica. Luego, su pastor, el chileno Gregorio Cortez, le encomendará la misión de traer el culto a San Luis, cuenta Calivar Chanampa, egresado del Instituto de Formación Docente Continua San Luis y, a la vez, pastor de la Iglesia Cristo Manantial de Vida (CMV).
El docente y religioso, diplomado en Diversidad Religiosa, Espacio Público e Interculturalidad por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), integró la Red Interreligiosa de Jóvenes de la Provincia de San Luis entre 2022 y 2023.
“Pellegrino fue el primer pastor pentecostal en la ciudad, pero el segundo evangélico”, explicó Calivar Chanampa a Todo un país. Su investigación sobre la labor de Pellegrino abarca el período de 1941 a 1954. “Ese año Pellegrino se va a Buenos Aires. Para toda la comunidad evangélica en Argentina, 1954 es un año clave, porque se da la primera manifestación pública de las iglesia evangélicas. Antes de eso, todo acontecía en el marco de lo privado”, cuenta.
Sociedad pobre y conservadora
Lo que más le llamó la atención mientras hacía su labor investigativa -le llevó alrededor de dos añosfue “cómo se presenta a la ciudad de San Luis como ‘tradicionalista’ y católica”. Los testimonios que tomó y las investigaciones históricas que consultó para este trabajo le aportaron los datos necesarios para caracterizar a la sociedad puntana de la época como “conservadora, signada por la pobreza, con escasas oportunidades laborales, limitada oferta cultural y con una impronta muy marcada de la Iglesia Católica”.
También constató que “a las iglesias evangélicas les costó crecer, crecieron de manera lenta y sobre todo en la periferia de la ciudad”. No obstante esas dificultades, en esos años la población de San Luis decreció, pero aumentó la cantidad de quienes se manifestaron como evangélicos o protestantes -como figuran en los censos de 1947 y 1960-. “Teniendo en cuenta que otros autores dicen que San Luis no recibió inmigrantes sino que, por el contrario, sufrió la emigración hacia otras provincias, ese podría ser un dato que signifique conversión, aunque lenta y poca”, señala Calivar Chanampa.
En la actualidad, ochenta años después del desafío iniciático que asumió el pastor Agustín Pellegrino, las iglesias evangélicas, como la que el autor del libro integra -aquellas que “tienen una raíz en la reforma protestante de Lutero y Calvino y se reconocen por esa vuelta al evangelio”-, ganan cada vez más adeptos en la provincia.
Si bien en el mundo son unas cuantas (bautistas, pentecostales, hermanos libres, nazarenos, metodistas) y “antes la denominación era cuestión de división o separación, hoy en día esas categorías no se usan. Mejor dicho, hay una idea de unión entre ellas, por encima de la denominación”, afirma.
La hegemonía y la resistencia católica
A Pellegrino y sus seguidores les tocó enfrentar la hegemonía católica en San Luis y su consecuente resistencia a todo lo que no fuese católico, que no se manifestaba solo en la propaganda en el ámbito confesional, sino que buscaba influir en las disposiciones estatales. “El espacio público era católico, y todo culto no católico quedaba relegado al ámbito de lo privado”, señala Calivar Chanampa.
Al anunciarse la visita a la provincia del evangelista estadounidense Tommy Hicks -responsable en gran medida del Avivamiento Argentino, de 1954, período de gran crecimiento del credo evangélico en el país-, el obispo de San Luis, Emilio Di Pasquo, denunció en una carta pastoral que “las autoridades complacientes que otorgan facilidades y permisos para que se instalen en el país personas o sociedades cuyo único fin es dedicarse a la propaganda de otras religiones –muchas veces en forma injuriosa y calumniosa contra la Iglesia, el Papa y los Sacerdotes– contradicen a la Constitución Argentina, [e] injurian al Evangelio sobre el que juraron cumplir con sus deberes de gobernantes”.
Di Pasquo proclamaba que el protestantismo, apelando al artículo 26 de la Constitución Nacional, que garantizaba la libertad de culto, trataba de infiltrarse en el hogar católico argentino y en la familia. Y, por lo tanto, el gobierno estaba obligado a oponerse a cualquier secta protestante que intentara hacer prosélitos, ya que eso iba contra la intención del artículo 26, que permitía solo la libre práctica, y no la proliferación de las religiones no católicas.