Pringles, el valiente que solo tuvo tiempo para luchar por su patria

16 de mayo de 2024

Juan Pascual nació el 17 de mayo de 1795. Combatió en Perú por la independencia americana, en el actual Uruguay por la soberanía, y en Argentina por la organización nacional.

Quién sabe qué habrá pensado Juan Pascual Pringles cuando se dio cuenta de que se moría, allá en la Pampa del Alto Grande, cuando volvía de Río Cuarto hacia El Lince, herido por soldados de Juan Facundo Quiroga, el 19 de marzo de 1831. Ojalá lo alcanzaran los versos que, mucho después, Jorge Luis Borges le dedicara a un tal Jacinto Chiclana: “Entre las cosas hay una de la que no se arrepiente nadie en la Tierra. Esa cosa es haber sido valiente”. Eso, un valiente que dedicó su vida a luchar por su país, había sido el soldado puntano nacido un 17 de mayo como hoy, en 1795.

Que un hombre alcance la estatura de héroe dificulta vislumbrar entre los laureles su dimensión humana, algo necesario atrás para comprender el tamaño de sus sacrificios. Con Pringles, por caso, hay que empezar por sacar la cuenta que cuando murió con 35 años había combatido en tres guerras: por la independencia americana, por la integridad del territorio argentino y por la organización nacional. Motivo suficiente para que hoy, su natalicio, se celebre el Día del Granadero Puntano.

No está claro dónde nació Juan Pascual, hijo de Gabriel Pringles, mendocino, y de Juana Sosa, una puntana descendiente de Juana Koslay. Unas fuentes sostienen que fue en la capital puntana; otras, en “Los Tapiales” (al norte de El Trapiche) o en Saladillo.

El niño Pringles cursó en la escuela de las Primeras Letras del Convento de Santo Domingo, a dos cuadras de su casa. Años después se fue a Mendoza y trabajó en una tienda, pero en 1814, con 19 años, volvió a San Luis y al año siguiente se incorporó como alférez al regimiento de milicias (cuerpos de vecinos que se armaban para defender las ciudades) de Caballería.

Un año después, tuvo su primer contacto con la causa de la independencia americana y con el trabajo del general San Martín, que preparaba el Ejército de los Andes en El Plumerillo, Mendoza: Pringles condujo hacia allá un contingente de esclavos para las tropas.

Sin tiempo para la vida familiar

En 1819 se casó con Valeriana Villegas y tuvo a su única hija, Fermina Nicasia. Y en noviembre de ese año, se incorporó al Ejército de los Andes. En noviembre de 1820, Pringles desembarcó en Perú, como soldado de San Martín. Y el 27 de ese mes fue comisionado a encontrarse con el jefe del regimiento “Numancia”, del ejército enemigo, compuesto por mayoría de criollos que querían pasarse al ejército patriota.

El puntano, a cargo de una brigada de diecinueve soldados, tenía la orden de no presentar batalla si se topaba con tropas enemigas. Pero desobedeció: al encontrarse con una partida de setenta soldados realistas, en Chancay, los enfrentó. Superado en número y derrotado, solo su decisión de arrojarse al mar para no entregar la Bandera lo salvó de morir. Cayó prisionero de los españoles, que por su valentía le perdonaron la vida y tiempo después lo canjearon por otros prisioneros. También “el ejemplo extraordinario que ha dado de su bravura lo salva de las leyes militares” por desobedecer, escribió San Martín, que le dio una medalla con la leyenda “Gloria a los vencidos en Chancay”.

Concluida la guerra de la independencia, Pringles volvió a San Luis, pero no tuvo tiempo de disfrutar de la vida familiar. Otro conflicto requería su esfuerzo: Brasil había invadido la provincia argentina de la Banda Oriental (hoy República del Uruguay) y en 1825 le declaró la guerra a las Provincias Unidas del Río de la Plata. Allá fue el héroe de Chancay, junto a otros 350 puntanos, a luchar por la integridad del territorio. Ganada la guerra en el campo de batalla, el gobierno argentino resignó su soberanía sobre el territorio en disputa. Eso originó dos cosas: el nacimiento de Uruguay como república y el comprensible enojo de los soldados argentinos, Pringles y Juan Esteban Pedernera entre ellos.

La rabia de las tropas fue el caldo de cultivo del primer golpe de Estado de la historia argentina, encabezado por Juan Lavalle, y el inicio, a partir de ese hecho, de la guerra civil entre unitarios y federales, a partir de diciembre de 1828.

En esa guerra encontró la muerte Pringles, después de ganar decisivas batallas para el bando unitario, en el que se había encolumnado junto a Pedernera. Dedicado a luchar por su país en tres guerras, no había tenido tiempo de descansar, solo de ser un valiente.

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