Recuperar nuestra memoria (o) al rescate de los silenciados

12 de marzo de 2024

11M. Europa en pleno rinde hoy sentido homenaje a las “inocentes víctimas” de aquel fatídico 11 de Marzo de 2004, en el que terroristas provocaron 192 muertos y más de 2000 heridos en España. Como argentinos no podemos menos que “solidarizarnos” y hacer “propia” aquella adolorida “memoria europea”.

Ahora bien, aquella conmemoración debiera interpelarnos y llevarnos a una revisión del balance final instaurado con ocasión del “accionar subversivo” por estas latitudes.

Resultaría suficiente el detenernos por unos instantes en -uno sólo- de los centenares de hechos terroristas padecidos por los argentinos; quizás el más grave. El próximo 2 de Julio, habrán transcurrido 48 años desde la ejecución de aquel devastador ataque a la Policía Federal Argentina, en pleno gobierno democrático ( 02/07/1976 ). Ese día un grupo de montoneros comandados -nada menos que por Rodolfo Walsh-, detonó una bomba “vietnamita” en el comedor de la Policía Federal en horas del mediodía. De tal suerte, los autoproclamados líderes de la “juventud maravillosa y diezmada”, asesinaron de manera brutal, sangrienta e impune a veintitrés compatriotas, dejando más de un centenar de heridos, en su mayoría de gravedad”; con secuelas incapacitantes… de por vida”.

Para dimensionar la gravedad de este atentado, vale remarcar que causó más muertes que la voladura de la Embajada de Israel producida el 17 de febrero de 1992. Ninguna de las víctimas del “terrorismo patrio”, recibió en estos casi cincuenta años transcurridos, una respuesta a derecho de la justicia argentina. Menos aún resultaron merecedores de compensación o “indemnización” alguna del Estado; como si la obtuvieron – de manera a todas luces injustificada- los autores o familiares de aquellos que llevaron a cabo tales atrocidades.

Para “vencer” en la guerra “ideológica”, los guerrilleros utilizaron la estrategia de “victimización” ideada por Rodolfo Walsh consistente en extremar los ataques y el caos no sólo sobre la población civil, sino especialmente, sobre las fuerzas armadas y policiales. Se persiguió en forma deliberada el lograr un “desborde represivo” a fin de presentarse luego como las “únicas e inocentes víctimas” de aquel aparato represor demoníaco.

No buscaron ser juzgados a derecho. No persiguieron ese destino estratégico. Por el contrario, aterrorizaron al poder judicial, amenazando y asesinado a funcionarios que los condenaron en legal forma. Todo ello aconteció, en los albores del nefasto gobierno de Héctor J. Cámpora, que demolió – en escasos minutos- todo el complejísimo esfuerzo de contención de este flagelo realizado por la Cámara Federal Penal de la Nación disuelta el mismísimo 25 de Mayo de 1973. Con ello tornarían “ilusoria” toda ulterior represión “legal”. Victimización “asegurada”. Así, de brutales asesinos, demudaron en “eternas víctimas”.

Para estos “terroristas” sobrevivientes, no medió una “condena” real y efectiva en el tiempo. Conocemos entonces como se erigieron en “paladines” destacados de los “derechos humanos” en todos los foros nacionales e internacionales. Y bajo esas banderas, manchadas de sangre inocente, muchos de ellos advinieron al poder por vías constitucionales.

Su proyecto de poder fue extremadamente claro. Y sus consecuencias devastadoras, las padecemos al presente. Imaginemos por un instante ¿qué acontecería si a los autores de la voladura de la Embajada de Israel o de la Amia, en lugar de condenarlos a derecho por sus atrocidades, termináramos indemnizándolos con sumas varias veces millonarias o “premiándolos” con el otorgamiento de cargos públicos, inclusive de la más alta jerarquía institucional? ¿Qué valoración merecería de la “conciencia humana universal” si tal proceder se hubiera llevado adelante con los autores de la masacre del 11M?. Mejor no ensayar respuestas.

Lo cierto es que de manera incomprensible, estos simples asesinos, terminaron honrados cual si fueran incorruptibles “próceres patrios”, imponiendo a diestra y siniestra un “relato” falaz de nuestra sangrante historia. Se valieron del “secuestro” de la “memoria histórica de los argentinos”. Y para consolidarlo, esculpieron sus infames “gestas” y “nombres” en escuelas, universidades, centros culturales, medios de comunicación y demás espacios públicos. Más aún en todo el sistema normativo institucional, a fin de garantizarse de por vida los beneficios tangibles de aquella “victimización”

Como otrora, el “silencio” o el “mirar para el otro costado” resultó un aliado funcionalmente estratégico, conduciéndonos -eso sí- a un presente que nos condena como nación cuasi fallida. Para alejarnos del filo del abismo, necesitamos liberar nuestra “memoria histórica largamente secuestrada”. Es tiempo de acompañar -sin temores- el reclamo de los “familiares y víctimas” del terrorismo, en aras de lograr una justicia por décadas postergada; una justicia que -aún resultando irremediablemente tardía-, ponga a resguardo los “derechos humanos” de todos los argentinos. Una justicia que rescate de una buena vez y para siempre, los “valores humanos universales”.

Esta es una de las grandes deudas en “default” que los argentinos debemos “reconocer” y “honrar en justicia”…en los tiempos por venir.

Dr. Miguel Rey Nores

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