Algunos artistas pertenecen a un país, a una generación o a un género musical, hay otros que, por alguna razón difícil de explicar, terminan perteneciendo a todos y el “El Negro” Rada fue uno de esos.
Murió este miércoles 26 de agosto, en Montevideo, a los 83 años, después de permanecer internado durante varias semanas por una neumonía y sus complicaciones. Con él se va una de las personalidades más luminosas, inquietas y talentosas que dio la música rioplatense en las últimas seis décadas.
Rada era Uruguay, pero también era el Río de la Plata. Era candombe, pero también rock, jazz, soul, funk, tango, música brasileña y canción popular. Era percusionista, cantante, compositor, actor, humorista y, por encima de todo, un músico con una curiosidad inagotable.
Quizás ahí esté una de las claves de su grandeza, nunca pareció tenerle miedo a la música.
Del candombe a una nueva manera de entender la música
Nacido en Montevideo en 1943, Rada creció ligado a las comparsas y al carnaval. Desde muy joven absorbió una tradición que después transformaría para siempre.
En los años 60, junto a Eduardo Mateo y otros músicos extraordinarios, integró El Kinto, formación pionera que comenzó a llevar el candombe hacia el territorio de la música eléctrica, mezclándolo con rock, bossa nova y otras influencias. Había nacido el candombe beat.
Más tarde llegarían Tótem y OPA, proyectos fundamentales para comprender la renovación de la música popular uruguaya. Rada no estaba simplemente fusionando géneros: estaba demostrando que el candombe podía dialogar de igual a igual con el jazz, el rock y las músicas del mundo.
Y después vendría una extraordinaria carrera solista, con canciones que se convirtieron en parte de la memoria colectiva de Uruguay y del continente.
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Argentina, una segunda casa
Pero para nosotros hay una historia todavía más cercana. Rada tuvo con la Argentina una relación profunda que atravesó décadas. Vivió 12 años en nuestro país, donde nacieron sus tres hijos, y construyó amistades y sociedades artísticas que dejaron una huella enorme en nuestra música. Él mismo definía a la Argentina como su “segunda casa”.
Trabajó y compartió escenarios con figuras fundamentales de nuestra música. Litto Nebbia, Charly García, Fito Páez, David Lebón, Javier Malosetti, Dante Spinetta y muchos otros encontraron en Rada no solamente a un colega extraordinario, sino a un maestro y a un amigo.
Su influencia llegó incluso a las generaciones más jóvenes. Grabó con Trueno, compartió música con Nicki Nicole y hasta sus últimos meses continuó trabajando en nuevos proyectos con Los Auténticos Decadentes, por eso su muerte también duele profundamente de este lado del río.
“Los años nos volvieron hermanos”
Quizás ninguna historia explique mejor su relación con la música argentina que la que contó Fito Páez al despedirlo.
“La familia Rada es la familia Páez”, escribió Fito. Y recordó aquella noche en que, siendo muy joven, conoció a Rada en un boliche porteño. El músico uruguayo se acercó, habló con él y supo comprender inmediatamente lo que le estaba pasando a aquel muchacho que recién comenzaba su camino. “Los años nos volvieron hermanos”, recordó Páez.
También Andrés Ciro Martínez lo despidió con una definición enorme: “La mejor voz en español”. Para el líder de Los Piojos y Ciro y Los Persas, Rada fue además una de las cuatro patas de su inspiración inicial, junto con los Rolling Stones, León Gieco y The Beatles.
David Lebón habló de “un músico inmenso y un gran amigo”. Dante Spinetta escribió: “Se nos fue un Grande, gracias por tanta música y magia Rubén”. Y Valeria Lynch lo despidió como “uno de los músicos más grosos del Río de la Plata”.
Los Auténticos Decadentes, con quienes estaba trabajando en nuevas canciones, lo despidieron como “amigo, maestro y compañero”, agradeciéndole por su música, su magia y su alegría.
Del otro lado del río, Jaime Roos, otro gigante de la música uruguaya, encontró quizá la frase más conmovedora: “Se fue Rada, mi maestro y héroe, amigo querido. Se fue un pedazo del cielo del Uruguay”.
Natalia Oreiro, por su parte, escribió: “fuiste, sos y serás lo más grande del Uruguay”, destacando su inteligencia, calidez, generosidad y sentido del humor.
Un hombre que nunca dejó de hacer música
Hay algo especialmente hermoso en despedir a Rada sabiendo que hasta el final siguió proyectando, grabando y pensando en lo que vendría.
A los 83 años no parecía mirar su carrera desde la nostalgia. Seguía siendo un músico curioso, dispuesto a encontrarse con artistas de distintas generaciones y a descubrir nuevas posibilidades. Ese espíritu explica buena parte de su vigencia.
Rada nunca tuvo que elegir entre tradición y modernidad. Tomó los tambores y las raíces afro-uruguayas que habían formado parte de su vida y los llevó hacia el rock, el jazz, el funk, el tango, la canción y todos los lugares donde su imaginación quiso llevarlos.
Y en ese viaje cruzó una y otra vez el Río de la Plata, por eso su muerte deja un silencio que, paradójicamente, estará lleno de música.
Queda el legado de sus canciones, sus discos, El Kinto, Tótem, OPA, su extraordinaria obra solista y las innumerables colaboraciones que construyó a ambos lados del río. Queda su voz inconfundible. Queda su sentido del humor. Queda esa sonrisa enorme. Queda, sobre todo, una manera de entender la música como un territorio sin fronteras.
Montevideo perdió a uno de sus hijos más queridos. Uruguay despidió a uno de sus grandes embajadores culturales. Y la Argentina perdió también a un músico que, por talento, afecto y trayectoria, terminó siendo parte de su historia cultural.
Rubén “El Negro” Rada fue uruguayo, argentino, rioplatense y universal. Y quizás esa sea la mejor manera de despedirlo, entendiendo que algunos músicos terminan su vida, pero los verdaderamente grandes no dejan nunca de sonar. Siguen vivos en sus canciones, en nuestra memoria y, para siempre, en nuestros corazones.
