Messi mira su DNI y espía al espejo, que no le devuelve la misma imagen que ostenta el paso del tiempo.
Lionel Andrés tiene 39 años y viene de jugar otro Mundial de excepción. Da la sensación que es realidad virtual.
Es un ser humano que pisa las cuatro décadas y se ríe de la edad: supera a los rivales con soltura y sale de las dificultades del juego con la frescura de un juvenil.
Juega, se divierte y compite. Siempre jugó, siempre se divirtió y, sobre todo, siempre compitió.
Compitió para superar el problema de estatura, que lo atormentó de niño, con las hormonas de crecimiento que ningún club de Argentina pudo pagarle…
Compitió para quedarse en España, cuando su mamá y hermanos habían regresado a Rosario, y él le insistió a su papá para intentarlo un tiempo más en Barcelona…
Compitió ante el descreimiento feroz del país futbolero, cuando las cosas no se acomodaban con la camiseta celeste y blanca y pensó que lo mejor era renunciar.
Compitió para regresar, porque el amor siempre puede más.
Aún ganando todo, compitió con la Selección para intentarlo una y mil veces más, convencido que, si no llegaba el trofeo, lo que se valora es el camino recorrido.
Compitió y levantó la adorada, ponderada y merecida Copa del Mundo; también dos Copa América, y abrazó otros tantos títulos.
Y siguió compitiendo… para demostrar (sin querer hacerlo) que la responsabilidad, el compromiso y la entrega marcan la diferencia.
Su papá fallece y a los tres días ya está compitiendo con Inter Miami.
Dos días después de la final del reciente Mundial, y 18 jornadas antes de la partida de su padre, ya había escrito la carta de despedida de la Selección, que recién hizo pública este lunes. No fue una decisión apresurada.
Su vigencia es marca registrada. El sábado hizo 4 goles en el 7-1 a Montreal. No decide dejar la Selección porque se note lejos de la plenitud. Lo hace porque “la Selección requiere dar el 200 por ciento”, como sentenció. Y capaz que él se nota solamente al 199 por ciento… aunque todos sepamos que un Messi al 30 por ciento ya marcaría enormes diferencias con el resto de los mortales que juegan a la pelota.
Lo seguiremos viendo competir en Inter Miami. Llegarán partidos homenaje y despedida con la camiseta albiceleste.
Los que hemos sido contemporáneos, agradecemos haber visto y disfrutado de su “todo”.
En tiempos de tanta tecnología, de tanta IA, Messi es un héroe de carne y hueso. Nuestros niños y jóvenes tienen un referente descomunal.
Habla con los pies, siempre lo hace acompasado por el cuerpo, y transmite por lo que genera en el césped y por lo que dice y hace afuera de las canchas… y también por lo que no dice y por lo que no hace lejos del rectángulo de juego.
Lo fenomenal es saber que Messi es IA, formateado en Europa… pero IA.
Si hay alguien que en fútbol se ganó la potestad de decidir, ése es Messi. Y decidió parar la pelota en la Selección. Y está bien. Está bien aunque nuestro egoísmo de hinchas nos diga lo contrario.
Eternas Gracias Leo Messi. Dichosos los que tuvimos la suerte de ser contemporáneos a tu magia. Privilegiados aquellos que te vimos y seguimos de cerca (en 22 partidos de Mundiales, y en tus tres finales mundialistas).
Pude tocarte, abrazarte y escucharte…y por ese detalle confirmo que, aunque parezcas extraterrestre, sos IA: Industria Argentina.
