La vitivinicultura de San Luis atraviesa una etapa de expansión silenciosa pero sostenida, impulsada por profesionales que han logrado instalar el nombre de la provincia en ámbitos técnicos y académicos de relevancia nacional. Entre esas figuras se destaca la ingeniera agrónoma y doctora en vitivinicultura Mariela Quiroga, quien representa el desarrollo del conocimiento local en foros federales y espacios de formación estratégica vinculados al vino argentino.
Su historia comienza en Villa Mercedes, donde cursó sus estudios de grado como ingeniera agrónoma en la Facultad de Ingeniería y Ciencias Agropecuarias (FICA) de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL). Desde entonces, su vocación por el conocimiento la llevó a expandir horizontes académicos y a especializarse en una de las producciones con mayor valor agregado del país.
El salto cualitativo en su carrera llegó con una beca del CONICET que la trasladó a Mendoza, cuna de la vitivinicultura argentina. Allí realizó su doctorado y posteriormente un posdoctorado en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo, rodeada de referentes de excelencia en el ámbito enológico y vitícola.
Ese proceso formativo no solo consolidó su perfil científico, sino que la vinculó directamente con bodegas y equipos técnicos de alto nivel. Durante su etapa de investigación, trabajó junto a establecimientos de renombre y participó en proyectos que fortalecieron su experiencia aplicada.
“Ese período fue mi cuna profesional en la vitivinicultura”, recordó Quiroga entrevistada por Todo Un País al mencionar los vínculos generados con bodegas y especialistas del sector. Entre sus experiencias más significativas destacó haber sido formadora de jóvenes profesionales que hoy ocupan lugares destacados en la industria, como la enóloga Laura Principiano, actualmente reconocida dentro de una de las bodegas de prestigio nacional.

El regreso a San Luis en 2010 marcó un punto de inflexión tanto en su carrera como en el desarrollo del sector provincial. Tras ganar por concurso un cargo docente en la asignatura Fruticultura, inició un proceso de vinculación directa entre la universidad, el Estado y los productores, con un objetivo claro, formar recursos humanos y fortalecer la base técnica de la actividad.
En ese contexto, impulsó prácticas académicas y convenios que permitieron a estudiantes participar en experiencias reales de producción. Uno de los hitos de ese proceso fue la participación en la elaboración del primer vino producido en Sol Puntano, un hecho que simbolizó el inicio de una etapa de crecimiento institucional para la vitivinicultura provincial.
Pero el alcance de su labor trascendió el ámbito académico. Quiroga integró la mesa vitivinícola provincial y participó activamente en foros técnicos y espacios de planificación estratégica, siempre con la premisa de poner el conocimiento al servicio de la producción.
“Guardar el conocimiento no tiene sentido; hay que compartirlo con productores, alumnos y con toda la cadena productiva”, sostuvo, convencida de que el desarrollo del sector depende del trabajo conjunto entre instituciones y profesionales.
Ese compromiso la llevó a ser reconocida a nivel provincial y federal, convirtiéndose en representante técnica de San Luis en programas impulsados por organismos nacionales vinculados al desarrollo vitivinícola. Su participación en la segunda edición del programa federal de formación de técnicos especialistas en vid y vino significó un paso decisivo para posicionar a la provincia en escenarios estratégicos del país.
Como parte de esa formación, participó en encuentros de alto nivel técnico y en el tradicional desayuno del sector vitivinícola argentino, uno de los espacios más emblemáticos para el intercambio entre provincias productoras.
“Representar a San Luis fuera de la provincia es un orgullo enorme”, afirmó. Para ella, cada instancia federal representa una oportunidad para mostrar el potencial productivo puntano y posicionarlo en igualdad de condiciones con regiones de mayor trayectoria histórica.
El desafío no es menor. A diferencia de provincias con larga tradición vitivinícola, San Luis transita una etapa inicial en la que cada avance representa un aprendizaje colectivo. Sin embargo, esa condición también abre oportunidades únicas.

La provincia cuenta con condiciones climáticas y de suelo que ofrecen posibilidades interesantes para el desarrollo de varietales adaptados al territorio local. Lejos de competir con cepas emblemáticas de otras regiones, el objetivo es construir una identidad propia.
“Tenemos que encontrar nuestra cepa distintiva, aquella que refleje el carácter de nuestro terruño”, explicó Quiroga. En ese camino, mencionó resultados prometedores en variedades como Cabernet Franc, Syrah y Viognier, que han despertado interés en especialistas de otras provincias.
Esa búsqueda de identidad vitivinícola está acompañada por una visión integral que incluye no solo la producción, sino también el agregado de valor y el desarrollo del enoturismo. Según la especialista, el vino puede convertirse en una herramienta clave para diversificar la economía regional y generar nuevas oportunidades.
Su formación como sommelier y su diplomatura internacional en turismo vitivinícola refuerzan esa mirada multidisciplinaria. Desde distintos ámbitos académicos y productivos, impulsa degustaciones, capacitaciones y actividades destinadas a acercar el vino puntano a nuevos públicos.
Uno de los hitos recientes en esa línea fue la organización de la primera degustación de vinos puntanos en la Sociedad Rural Rio Quinto de Villa Mercedes, un evento que marcó un precedente histórico para la institución y visibilizó la producción local en un ámbito tradicionalmente vinculado a otras actividades agropecuarias.
“Era necesario abrir espacios para que el vino puntano tenga visibilidad en escenarios donde antes no estaba presente”, señaló.
La consolidación del sector también exige una base técnica sólida. La vitivinicultura, explicó, es una actividad intensiva que requiere decisiones precisas durante todo el ciclo productivo, desde la implantación del viñedo hasta la cosecha.
La calidad final del vino depende en gran medida de la materia prima. “No se puede elaborar un buen vino con una mala uva”, enfatizó, subrayando la importancia del manejo agronómico y la adaptación de técnicas a las condiciones locales.

En ese sentido, insistió en que el desarrollo del sector no puede basarse en copiar modelos de otras provincias. Las particularidades del clima, los suelos y las prácticas culturales hacen que cada región tenga características únicas que definen su identidad productiva.
Ese concepto, conocido como terroir, es clave para comprender las diferencias entre vinos elaborados en distintas zonas de la provincia, incluso en áreas cercanas entre sí.
Por ello, la formación de técnicos especializados constituye una prioridad estratégica. Desde su rol docente, Quiroga trabaja activamente para despertar vocaciones en estudiantes que, en el futuro, serán responsables de sostener el crecimiento del sector.
“Hay mucho entusiasmo en los jóvenes cuando descubren todo lo que hay detrás de una botella de vino”, afirmó. Para ellos, la vitivinicultura representa una combinación de ciencia, arte y tradición que se materializa en cada vendimia.
Además del aspecto productivo, destacó el valor cultural del vino como símbolo nacional y como producto emblemático de la Argentina en los mercados internacionales.
El reconocimiento de San Luis como provincia vitivinícola dentro de los programas federales abre nuevas oportunidades para fortalecer la investigación, mejorar la calidad de los productos y consolidar la presencia en mercados cada vez más exigentes.
En ese escenario, la presencia de profesionales puntanos en ámbitos de formación y debate nacional no solo posiciona a la provincia, sino que también demuestra que el desarrollo vitivinícola local ya dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad en crecimiento.
Hoy, la vitivinicultura puntana se proyecta hacia el futuro con bases científicas, formación técnica y una identidad en construcción. Y en ese proceso, la participación en escenarios de jerarquía nacional y federal marca un hito que confirma que San Luis ya forma parte del mapa vitivinícola argentino con voz propia y creciente reconocimiento.